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Jubilados de Pdvsa: "nunca pensamos que nuestra vejez sería tan cruel"

30.000 jubilados de la empresa estatal Petróleos de Venezuela Pdvsa reclamaron su fondo de prestaciones ante la sede de la compañía. Muchos de los ex trabajadores tienen hambre, están solos sin sus familias que han emigrado por la grave crisis venezolana.

Jubilados de Pdvsa: "nunca pensamos que nuestra vejez sería tan cruel"

La compañía estatal Petróleos de Venezuela (Pdvsa), a través de los tiempos, era un fiel reflejo del país, fue un emblema de la pujanza del país, un símbolo internacional, una compañía reconocida en el concierto global de naciones. Hoy es solo un cascarón vacío, una empresa derruida, carcomida por la corrupción, la inoperancia e ineficiencia del Ejecutivo.

Son 30.000 jubilados los que señalan a la directiva de la compañía de haber tomado el dinero de los trabajadores y ahora evitan responder donde están los fondos. En respuesta los ex trabajadores han hecho varias protestas callejeras, para exigir la cancelación del fondo de pensiones, que ellos crearon cuando eran personal activo de la empresa estatal. Denuncian que las autoridades tomaron su dinero y ahora no quieren responder al personal.

Zulay Rincón, es una mujer venezolana de 68 años de edad. Durante su carrera de 20 años sirvió a la joya de la corona del Estado venezolano. Hoy está en las calles en la llamada “protesta de los bastones” exigiendo se le den los fondos de pensiones y jubilaciones por los que trabajaron y por los que exigen al Estado que les entregue su dinero.

“80% de los jubilados de Pdvsa, están muriendo de hambre, nunca pensamos que nuestra vejez sería tan cruel, de jóvenes nos preparamos, creamos ese fondo de pensiones como una prevención social y ahora muchos están casi a nivel de la indigencia”, manifestó afectada.

Zulay Rincón Foto: Olga Navas

La falta de comida, y de dinero para comprar medicinas es un tema común a todos los trabajadores jubilados de la compañía.

Rincón es parte del grupo de mujeres que protestaron en el día del adulto mayor, en un país donde los jubilados y pensionados son vejados constantemente, maltratados, que deben esperar horas de madrugada, con frío, y mediodías con calor extremo a las afuera de entidades bancarias para recibir su pensión, que es solo sueldo mínimo, unos 40.000 bs -aproximadamente 6 dólares-.

En muchos casos los adultos mayores son abuelos que han perdido a su familia pues sus hijos y nietos han decidido emigrar por la grave crisis de Venezuela.

Rincón estaba flanqueada por Carmen Hurtado, de 83 años de edad, y trabajadora de la empresa por más de 30 años.

Hurtado es también un ejemplo de la necesidad de los trabajadores: “Yo vivo en Caracas y tengo que obligatoriamente que venir todos los días a desayunar y almorzar en el comedor de Pdvsa La Campiña. No me cobran por ser jubilada, no tengo dinero para hacer un mercado y tampoco comida en mi casa”.

 

Otra jubilada, María Teresa Rincón, que dedicó más de la mitad de su vida a la empresa -43 de sus 82 años de edad- protesta porque los 40.000 bolívares que devenga solo le sirven para pagar el condominio en mi edificio. “Puedo comer por qué mis hijos me mantienen, desde otros países, en algunas protestas se me han acercado funcionarios policiales y me dice que me vaya a mi casa a descansar y les digo que no, que voy a luchar hasta lo último, pues no me voy a dejar robar lo que tanto trabajé”.

Maria Teresa Rincón Foto: Olga Navas

La compleja situación no solo atañe a los trabajadores sino a sus familias. Berta de Cuna llegó desde Maracaibo para reclamar la pensión y el fondo de jubilaciones que le dejó su esposo fallecido hace 20 años. “Estoy enferma, aquí mismo en la protesta frente a Pdvsa La Campiña, me han dado los ataques de epilepsia, en mi casa he tenido que pasar días sin comer, por no tener comida. En el patio tengo una mata de mango y cuando hay frutos, mango es lo que como como desayuno, almuerzo y cena, mi hija dice para irnos del país, pero me niego irme de Venezuela, aquí tengo mis derechos y pienso defenderlos”.

Todas son parte de la Pdvsa azul, un grupo de mujeres jubiladas que defienden a la Pdvsa previa al chavismo, pues aseguran que el gobierno previo, y el actual, llevaron a la empresa de todos los venezolanos a la ruina. Lamentaron la situación de la compañía, que pasó de ser la generadora del sustento y riqueza y emblema del país ante el mundo y una de las petroleras más importantes del planeta a no pagarle a sus trabajadores y no producir casi nada.

Pdvsa Azul Foto: Olga Navas

«No hay control de calidad, no se respetan las normas para evitar accidentes, muchas instalaciones se encuentran abandonadas por falta de personal y la corrupción ha llegado a niveles inimaginables», dijeron a una sola voz.

Es nuestro dinero

Hernán Ortega también reclamó sus derechos ante la sede principal de la empresa petrolera. Trabajó por 35 años en Pdvsa, en el área de explotación y producción.

Afirmó que cuando en 1993 cuando trabajaban en Pdvsa, los trabajadores decidieron crear un fondo de jubilaciones para, salir jubilados, tener una asignación mayor a la dispuesta por la empresa y asegurarse una vejez tranquila y placentera.

“Para la creación de este fondo mensualmente depositábamos un porcentaje de nuestro salario y al salir jubilado entregamos 25% de nuestras prestaciones para ese fondo, ese dinero era manejado por una asociación civil, conformada por representantes de todas las filiales y que debía ser auditada por las autoridades de Pdvsa, esperábamos que cada año nos aumentaran nuestras asignaciones mensuales, pero desde el año 2005, nos comenzaron a pagar menos del monto estipulado”, señaló Ortega.

Para el año 2014, estos 30 mil jubilados, comenzaron a devengar el salario mínimo urbano decretada por el gobierno y en la actualidad solo reciben 40.000 bolívares.

“No nos quieren pagar los intereses de todo el monto total que existe en el fondo de pensiones, teníamos  ese dinero colocados en dólares y las autoridades de Pdvsa en 2014, dispusieron de esos recursos  y lo transformaron en bonos y pagares, sabemos que hasta que no se liquiden esos papeles, nos corresponde 9,5% de los intereses que generen y ese porcentaje es el que exigimos nos entreguen, pero nadie quiere hacerse responsable y darnos la cara” explicó.

Me quedaré sin familia

La tragedia no discrimina a ningún extrabajador de la estatal. José Pirela, tiene 62 años de edad, de los cuales dedico 35 a trabajar en el área de seguridad en PDVSA.

“Yo vivo en la Costa Oriental del Lago de Maracaibo, en los últimos años mi situación como jubilado ha sido terrible, con solo 40.000 bolívares para poder mantener los gastos de la casa, me ha tocado vender prendas, los electrodomésticos de mi casa, he tenido que trabajar como buhonero, vendiendo yuca, frutas”, relató.

 

“Una de mis grandes tristezas es ver como toda mi familia, compuesta por mi esposa y cuatro hijos, han perdido peso aceleradamente. Estamos comiendo muy mal, en nuestra casa ya no podemos comprar carne, pescado o pollo, de nuestra dieta diaria fueron eliminadas todas las proteínas”, señaló frustrado.

Pirela ha venido en varias oportunidades desde Maracaibo, a protestar a las afueras de Pdvsa, a reclamar el  fondo de jubilaciones, pero solo ha gastado el poco dinero obtenido por las ventas de sus enseres domésticos. “Estoy desesperado, mi familia me dijo que se quieren ir del país, mi esposa y mis cuatro hijos ya no aguantan esta situación se quieren ir y me voy a quedar solo, me perece una injusticia, que después de tanto trabajar, en mi vejez, tenga que pasar por esto”.

Orlando Monteverde, de 70 años de edad, ya vivió esa realidad de tener que desprenderse de su familia. Casado, con cuatro hijos y dos nietos ya vivió el dolor que le quita el sueño Pirela.

“Hace 8 meses mi hija se fue del país, con mis dos nietos, Maximiliano de 11 años de edad y Aron de 18 años de edad, ellos eran mi vida. Se fueron a España, por la mala situación económica que hay en Venezuela, la verdad no sé si algún día volveré a verlos, espero que sí”, manifestó.

 

Orlando Monteverde Foto: Olga Navas

“Cuando se marcharon sentí un dolor inmenso, mi casa se llenó de un silencio incomodo, mi nieto menor, que era mi compañero de aventuras, dejo sus juguetes entre ellos su bicicleta y sus patines, que para mí eran un tesoro. Tuve que comenzar a vender todas las pertenencias de mis nietos, para poder comprar comida y atender las necesidades de mi casa”, lamentó Monteverde.

De poco le sirvió ofrecer 38 años de su vida a Pdvsa durante los últimos años desmejoró su calidad de vida, y los 40.000 Bs que le pagan cada 30 de mes, no le alcanza para poder hacer un buen mercado.