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Jugar es algo serio

Una insólita y nostálgica exposición de juguetes antiguos en Roma nos traslada a otros tiempos, enseñándonos cómo esos pequeños objetos, con los que se divirtieron tantas generaciones de niños durante siglos, pueden convertirse en un patrimonio cultural y artístico/artesanal que no hay que descuidar

Jugar es algo serio

Después del largo periodo de clausura nacional por precaución ante la pandemia del covid-19, en Roma se inauguró una de las pocas exposiciones que aprovecharon la nueva etapa de libertad, una original colección de juguetes antiguos permite acercarse a los aspectos culturales, sociológicos y artísticos de esos pequeños objetos que entretuvieron la niñez de tantos antepasados nuestros.

Con el título de «Per gioco» -literalmente «por juego», expresión italiana que significa que algo se hace jugando, bromeando, con poca seriedad-, esta exposición del Museo de Roma, situado en el céntrico Palacio Braschi, demuestra todo lo contrario: al juego de los niños hay que tomarlo muy en serio.

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¿De qué se trata la colección?

Se trata de una selección de unas 700 piezas de las más de 10.000 que posee la colección iniciada en 1970 por el sueco Peter Plunsky, antes de ser comprada por la Superintendencia Capitolina de Roma con la idea de mostrarlas en un Museo para los Niños, aún no realizado. En esta oportunidad se pueden ver juguetes que van desde 1860 a 1950, la mayoría de fabricación alemana, seguida por la sueca y, en menor medida, inglesa, francesa, italiana y norteamericana.

El predominio de objetos nórdicos se debe, posiblemente, a que en esos países el clima frío en la mayor parte del año obligaba a los pequeños a estar encerrados en casa y, para asegurarles el entretenimiento, la industria se esmeraba en la producción, cuando no eran los mismos niños quienes, con la imaginación que los caracteriza, creaban sus propios juguetes reciclando cualquier cosa que encontraran en desuso. En cambio, en los piases cálidos eran más frecuentes los juegos en la calle.

La variedad de juguetes va desde la casa de muñecas que, en 1686, la reina de Suecia, Ulrika Eleonora, esposa de Karl XI, encargó para su hija Hedvig Sophia, hasta un par de muñecas de trapo peruanas de la época pre-colombina, una de ellas con su bebé en los brazos. A través de las diferentes casitas -sueño de toda niña-, vamos viendo los estilos arquitectónicos de los diferentes países en cada época, así como los cambios de la moda en el mobiliario, los artefactos de confort y la vestimenta.

Un ascensor y un arca de Noé

Sigue una serie de pequeños castillos, puentes y casas, entre las que llama la atención un edificio, conocido como «la casa de Elisa», de 1912, con un ascensor exterior que aún funciona. Se dice que su realizador, John Carlsson, quiso hacer un regalo para su hermanita, pero como tardó muchísimo en lograr esta innovación tecnológica, no logró mantener el interés de Elisa que ya era casi adulta.

También está el «Arca de Noé» con 176 animalitos. Igualmente, la representación del comercio: farmacia, carnicería y panadería con las primeras cajas registradoras y talleres de alta moda.

La exposición incluye objetos para trabajar, como máquinas de coser, herramientas de carpintería, aparatos de fábricas o utensilios para la agricultura, reflejando las revoluciones industriales y el posterior frecuente drama de la miseria que obligaba al trabajo infantil en la Europa de finales del siglo XIX y primera mitad del XX. En ese contexto, los niños pobres se conformaban con cualquier cosa que pudieran elaborar para convertirla en su propio juguete.

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Después de las salas de muñecas de varias partes del mundo y la variedad en miniatura de vestiditos, cochecitos, casitas y utensilios para el hogar, se pasa a los juguetes que, tradicionalmente, hacen las delicias de los varones, como los soldaditos de plomo que, también en este caso, van cambiando de uniforme según la época, pequeños barcos de todo tipo, trenes, tranvías, aviones, automóviles y un zepelín, así como papagayos, elementos de circo, linternas mágicas, los primeros «futbolitos» y los antepasados de las máquinas «flipper», que también nos transportan a otros tiempos, cuando nuestros abuelos y padres eran sencillos, pero felices.

Un viaje mágico

Así, en un viaje mágico al pasado, «Per gioco», como jugando, lleva a los adultos a recordar a lo que nos contaban nuestros abuelos y nos llena de nostalgia viendo los que nosotros mismos adorábamos usar para nuestro sano entretenimiento, mientras que a los niños, indirectamente, explica la evolución de la sociedad, a través de los juguetes y les enseña una manera de divertirse que muchos de ellos corren el riego de perder.

Hoy en día, los niños están sustituyendo los juegos en la calle con la «play station», las imágenes de los libros por las de los vídeos, seguramente son expertos en computación desde muy temprana edad y que nos hacen sentir inútiles y limitados adultos (por no decir ancianos) del milenio pasado frente a la rapidez con la que digitan y solucionan cualquier obstáculo en el manejo de las nuevas tecnologías. Sin embargo, luego de ese viaje mágico entre juguetes del pasado tendrán que reconocerlo: ¡no saben lo que se pierden!

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