La enfermedad de la MUD

No es la diversidad ideológica, la división interna, la falta de estrategia, el colaboracionismo o la corrupción de algunos de sus integrantes lo que enfermó a la MUD, sino que, con todo ello, y más, pasó a ser uno de los instrumentos centrales de la revolución para su proyecto de dominación.

La enfermedad de la MUD

Cuando el presidente de la República, Nicolás Maduro, asegura que “sectores de la Mesa de la Unidad Democrática (MUD) desean regularizar la situación del desacato constitucional y cumplir y acatar absolutamente las sentencias del TSJ” no sólo repite lo que ya ha hecho en anteriores ocasiones, adelantar conversaciones secretas y hablar en nombre de la oposición, sino que indica que el universo de los intercambios entre la MUD y el gobierno ya han sido secuestrados y subsumidos dentro de la red de significados y la retórica del poder.

La MUD se enfrenta, por demás, a la trampa de su propia razón de ser. La Mesa de la Unidad Democrática nace como una coalición de partidos políticos para presentarse de manera unitaria en los procesos electorales, pero una vez que el gobierno comió del polvo de la derrota en las elecciones parlamentarias del 2015 y, curado en salud, ha perfeccionado su dominio sobre el sistema nacional electoral, el uso y manipulación del mecanismo electoral ha pasado a ser una de las principales armas de control del proyecto revolucionario. La característica principal, el rasgo patognomónico, de las neo dictaduras del finales del siglo XX y el siglo XXI es el uso de las apariencias y los mecanismos democráticos, principalmente las elecciones, para preservar, prolongar y extender el afán de mando.

La promesa del referendo revocatorio fue el apaciguador, la válvula de escape de la tensión y desesperación popular, durante todo el año 2016. Las elecciones regionales serán la zanahoria y el garrote del 2017, el método para mantener a la oposición ocupada y distraída mientras el gobierno cocina nuevas acciones para mantenerse por varias décadas más en el poder. El carnet de la patria es uno de los hilos para el manejo del títere electoral con el que, por definición esencial deberá interactuar la MUD. No es por azar que en el registro para la obtención del carnet se le pregunte a las personas en qué partido político militan. El censo chavista, el juego del hambre, no es sólo un mecanismo de control social generalizado sino que tiene consecuencias directas sobre la decisión sesgada del momento en el que convocar a elecciones o no y sobre la manipulación o el reconocimiento de los resultados.

La MUD ya forma parte del orden establecido, es una organización más del estatus quo. Cualquier opción política que pretenda surgir como alternativa para el cambio y la transformación de Venezuela tendrá que recorrer el difícil y espinoso camino de la soledad y la novedad, como siempre ocurre cuando las poblaciones se sienten hastiadas, sofocados por el aire viciado de los sistemas envilecidos.