La fatiga emocional y sus señales de alerta

Se presenta de manera callada y nos explota en la cara porque siempre buscamos una solución para cumplir con nuestras responsabilidades. No paramos, no cuestionamos, no reflexionamos. Ricardo Adrianza reflexiona sobre esta fórmula muy peligrosa, que debemos entender para conocer la forma de enfrentarla

La fatiga emocional y sus señales de alerta

La fatiga emocional y los imponderables de la actividad diaria siempre nos traen angustias, desordenes emocionales que, lógicamente, afectan nuestro trabajo y concentración.

A veces se originan por eventos inesperados, otras por excesos de trabajo y de responsabilidades que, en su momento, desbordan las ganas y se transforman en ansiedades. Estoy seguro de que muchos han sentido los rigores de esta condena silenciosa que actúa y nos va menguando sin darnos cuenta para hundirnos en el cansancio.

Cuando menciono cansancio, no me refiero especialmente al cansancio físico, sí al llamado cansancio mental, o en términos más formales, lo que denominamos fatiga emocional.

fatiga emocional

Foto Andrea Piacquadio / Pexels

Muchos se preguntarán si esto realmente existe y sí, existe, con más frecuencia de la que podemos imaginar. Somos seres emocionales e indudablemente absorbemos todas las consecuencias del camino de la vida.

¿Qué es fatiga emocional?

La fatiga emocional, en su concepto más aterrizado, es un estado al que se llega por sobrecarga de esfuerzo psíquico. En este caso, no hablamos sólo de excesos laborales, sino de la carga que implica asumir conflictos, responsabilidades o estímulos adversos de tipo emocional o cognitivo.

Como dije, se presenta de manera callada y nos explota en la cara porque siempre buscamos una solución para cumplir con nuestras responsabilidades. No paramos, no cuestionamos, no reflexionamos. Y esa caravana de NO, constituyen una fórmula muy peligrosa, que debemos entender para conocer la forma de enfrentarla.

fatiga emocional

Hoy regreso después de poco mas de un mes sin escribir y, por ende, sin publicar mi acostumbrado artículo de la semana. Me tomé un descanso, obligado, pero en definitiva aceptado pues las responsabilidades y el devenir diario me desbordaban. La sabia reflexión de la Editoría de este portal me motivó a que lo hiciera. Así lo hice. Estaba seco de ideas y concentración.

Les comento esto pues creo firmemente que lo anterior es una fórmula inequívoca para responder a la fatiga emocional. Obvio que el descanso regenera tus energías, pero creo firmemente que el descanso acompañado de la reflexión es el ingrediente mágico para regresar a tus labores con fuerza.

Siempre menciono a mis colaboradores que ante una situación inesperada que les genere alguna emoción negativa, esquiven pronunciarse en el momento. En cambio, les recomiendo tomarse el mayor tiempo de reflexión posible, ya que desde esa perspectiva se toman mejores decisiones, decisiones racionales.

Señales de alerta

Lo expuesto, reitera la necesidad de una reflexión consciente y deliberada que apoye nuestros esfuerzos de volver al ruedo.

A lo anterior debemos agregarle conocer las señales de alerta que miden tu nivel de fatiga emocional, y que podrían resumirse en: irritarte con facilidad, problemas para conciliar el sueño, agobio constante por las múltiples responsabilidades, ansiedad, y la nostalgia que, por situaciones particulares, se presenta con fuerza.

fatiga emocional

Foto Ivan Samkov / Pexels

Si experimentas alguna de estas señales de manera conjunta, te aconsejo que pares. Es el momento de reflexionar para analizar las causas y encarar tu recuperación.

Eso sí, en esa reflexión evita quejarte por el agobio que sientes. Cuando nos sentimos abrumados, generalmente apuntamos a quejarnos, lo que nos aleja de poder identificar las cosas que debemos corregir. Así que, en definitiva, no quejarte debe ser parte del antídoto antifatiga. Lo contrario te reportará mas desazón.

Otro efectivo antídoto, y muy poderoso, es dedicarle tiempo al no pensamiento, como ejercicio imprescindible. Con la práctica de la meditación, te separas –al menos por unos minutos– de las sensaciones perturbadoras y te impulsa las ganas de reiniciar.

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Foto Kelvin Valerio / Pexels

Por último, cuestiona tus hábitos y evalúa lo que debes cambiar. No te dejes llevar por lo que les pasa a muchos y endilgar la responsabilidad a una causa externa. Razona pacientemente lo que te pasa, pide consejos y sigue adelante.

Poner en curso todas estas iniciativas no solo te permite regresar a tus actividades, sino que cuando logras reunirlas todas, constituye un ejercicio que incorpora un abecedario de aprendizajes validos como experiencia de vida.

Dar el primer paso también es un acto clave. En mi caso, comencé a escribir sin expectativas y el artículo de hoy es el resultado de un proceso de reflexión consciente, como respuesta a una emboscada emocional.

Como colofón, hoy puedo expresar –con firmeza– que ¡estoy de regreso con las mismas ganas de siempre!

 

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