La grave crisis de creatividad vinotinto

Podemos hablar de Jeffren Suárez y sus buenos movimientos. Podemos hablar de Gabriel Cichero y la seguridad que presentó en su costado izquierdo. Podemos hablar de Franklin Lucena y su correcto partido como central.  Podemos hablar de las 36 mil personas que asistieron a apoyar a la Vinotinto. Podemos hablar de muchas cosas, pero no de lo más importante: la victoria.

La grave crisis de creatividad vinotinto

Es cierto. Se pierde por un error con el que soñarán Oswaldo Vizcarrondo y Alaín Baroja. Aún así, sin ese blooper, el saldo tampoco es positivo. Venezuela pasa por una crisis de creatividad alarmante. Es imposible ver un pase filtrado, es imposible ver a un jugador que encare en el uno contra uno, es imposible ver a Salomón Rondón con el balón y no en una constante pelea entre dos defensas.

¿Realmente dominó?

Dominar a un equipo no se trata de poseer más el balón. Y eso todos lo saben. Vale la pena recordarlo entonces porque Paraguay se desentendió de la esférica, como ya lo hizo en la Copa América. No fue que se lo robaron. Y ahí estaba el reto de Noel Sanvicente: traducir en peligro tal posesión. El técnico nunca lo logró. Ni con Suárez ni con Falcón ni con Rondón ni con Martínez ni con Murillo. Visto este resultado, se reabre el debate entorno a la utilidad de Christian Santos. En todo caso, Venezuela nunca remató entre los tres palos. Antony Silva tuvo una noche tan tranquila como un vigilante en el desierto. Y de hecho, podía hasta invitar a Baroja.

No obstante, lo de Baroja era previsible. Que el plan de Ramón Díaz era simple (esperar el error), lo podía adivinar hasta Adriana Azzi. Sin rubor, el estratega de la albirroja dio el punto por bueno. Mucho más cuando el clima de Puerto Ordaz por fin incidía en la respiración de los volantes y de los defensas centrales (magistral el trabajo de Pablo Aguilar y Paulo Da Silva). Fue entonces cuando Venezuela mostró sus mayores carencias. No hubo respuestas tácticas ni individuales. Los movimientos fueron repetitivos: descargos a los costados y centros que buscaron inútilmente un milagroso cabezazo; un remate en segunda jugada o una pierna mal ubicada.

Y fue en el transcurso de ese aburrido ballet que Vizcarrondo regaló el kino ganador. Una lástima, porque había prevalecido en todos los duelos. A tal punto que el delantero Federico Santander fue un ánima en pena. No así Derlis González, quien sólo tuvo que soplar, como el Lobo Feroz ante la choza de paja, para convertir en pesadilla el inicio de Venezuela en las eliminatorias.