La hora más negra de las Fuerzas Armadas venezolanas

La crisis de Venezuela es la crisis de sus Fuerzas Armadas. Es esta la única pieza que la falta a la causa de la democracia. Si el mundo castrense nacional conservara las cualidades institucionales y el temple civilizado de sus pares uruguayos, por ejemplo, hace tiempo que este país se habría encaminado a salir de este infierno.

La hora más negra de las Fuerzas Armadas venezolanas

Uno de los pilares angulares en la estructuración del estado, el garante natural de la seguridad y la integridad territorial, presenta hoy un severo trastorno programático y conceptual. Sus funciones naturales han sido adulteradas, y sus verdaderos objetivos, trajinados por los intereses creados, las menudencias políticas, la conjura sórdida. Todo lo anterior disfrazado bajo una reprobable retórica, de muy pobre fundamento, en la cual sólo se invoca la lealtad unipersonal.
El mundo militar es, además, un universo encriptado, en el cual es inexistente la contraloría. Es en ese ámbito que queda expresada, con toda crudeza, la dimensión fallida de nuestra sociedad.
Al se extraídas, por la dirigencia política, de sus dominios naturales, y trajinar en torno a sus necesidades e intereses, las Fuerzas Armadas sufrieron un enorme deterioro cualitativo. El mundo civil ha sido «militarizado», esto es, trajinado con armas. Los militares se acostumbraron a administrar recursos y no explicar nada. Llevan años formados en el odio a la disidencia y la intolerancia a la oposición política. La politización de las FFAA, llevada adelante con increíble hipocresía y falta de escrúpulos, le ha costado carísimo al pueblo venezolano.
El mundo militar ya no es visto como una férula profesional e independiente, equidistante del debate civil, con un llamado constitucional muy específico; sino un actor interesado, que usa su fuerza para imponerse; un ente que administra dinero y se ha acostumbrado a recostarse de las penurias de la población para extraer prebendas. Una especie de cuadra de caballos que usa Nicolás Maduro para imponerle su voluntad a personas desarmadas.
Para muchos venezolanos, durante muchas décadas, el mundo “de uniforme” emanaba prestigio: apresto profesional, rectitud, amor a Venezuela, disciplina. Los ciudadanos estaban seguros de su ejército; cualquier tentativa irregular en una jornada electiva sería resguardada por el Plan República. Nadie en este país sería capaz de imponer un fraude apoyándose en el sector castrense.
En este momento el liderazgo militar nacional es visto únicamente ofreciendo explicaciones institucionales amañadas; complicidad con los excesos del alto gobierno; un grotesco proceso represivo, y un total irrespeto a lo que en este momento, es una clara voluntad por parte del pueblo venezolano.
Las Fuerzas Armadas Venezolanas se han extralimitado en sus funciones, asumiendo, con pésimos resultados, delicadas misiones administrativas y políticas. Tal circunstancia ha desencadenado devastadoras consecuencias en materia de inflación y escasez. Gracias a las barbaridades del chavismo, tristemente, de acuerdo a lo que reportan todas las encuestas, el prestigio de las FFAA se ha venido al suelo entre la población.
El deber de las Fuerzas Armadas es atender el clamor de la sociedad. Trabajar para depurar su imagen. Reconectarse con el criterio del bien común y la voluntad general. Interpretar de forma noble la letra de la Constitución. Ese es el elemento que le coloca contenido al concepto de soberanía nacional. Un criterio que rebasa con mucho las banderas, los escudos y los himnos nacionales, que sin país donde existir, y poblaciones a las cuales honrar, no fueran más que trapos de colores, dibujos y canciones de guerra.
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