La izquierda populista no cuenta con un referente mundial

Venezuela, Cuba, el Foro de Sao Paulo y el Mnoal no son un referente mundial para liderar la izquierda populista de Latinoamérica. Chávez se apuntaló con la petrochequera y Nicolás Maduro es el símbolo del fracaso del socialismo del siglo XXI

Las manifestaciones violentas protagonizadas en Chile y Ecuador contra sus respectivos presidentes que han restablecido las democracias en sus países hablan de una nueva embestida del populismo de izquierda en el continente que busca a toda costa su regreso y consolidación en el poder.

Si bien se ha comprobado la influencia de estas corrientes en estos movimientos y manifestaciones violentas, no se podría hablar de una conducción directa desde un centro de poder o de un líder con una determinante influencia ideológica como ocurrió con Cuba en la década de 1970 y con Hugo Chávez durante los primeros años de la Revolución Bolivariana.

“El plan va perfecto, ustedes me entienden. Todas las metas que nos hemos puesto en el Foro de Sao Paulo se han realizado; así debemos seguir. Vamos mucho mejor de lo que pensábamos», expresó Nicolás Maduro en relación a las violentas manifestaciones ocurridas recientemente en Chile y Ecuador.

Maduro calificaba estas acciones como manifestaciones en contra del “paquete neoliberal” aplicado por los gobiernos de Lenín Moreno en Ecuador y Sebastián Piñera en Chile; dos mandatarios que no están alineados con el proyecto bolivariano como sus antecesores, Michelle Bachelet y Rafael Correa.

Con esas declaraciones Maduro trata de atribuirse el liderazgo de esas acciones; sustentadas por las declaraciones de diversos voceros de los gobiernos chileno y ecuatoriano, que aseguraban que grupos de venezolanos estaban infiltrados en esas acciones.

Al mismo tiempo que le atribuían al Foro de Sao Paulo, las responsabilidades de los planes de desestabilización desarrollados en esos países durante la conferencia ese organismo realizada en Caracas el pasado mes de julio.

Al día de hoy no se puede catalogar a estos movimientos que surgen en Latinoamérica como un renacer de la izquierda comunista que se conoció hasta la década de los años 70 bajo la dirección de los partidos comunistas agrupados en la Internacional manejada desde Moscú; y más tarde, tras el retiro de la Unión Soviética del apoyo a la lucha armada en Latinoamérica, la tutela de estos movimientos quedó manejada por Cuba, con escasos apoyos económicos, pero con la influencia de Fidel Castro.

En el mundo de hoy no hay un referente que cohesione una nueva ideología comunista o socialista. Tampoco existe un líder o una experiencia exitosa de una revolución influyente que inspire a las nuevas generaciones como ocurrió con Fidel Castro y el Che Guevara en la década de los años 60.

Venezuela no es ya un referente como modelo socialista para los latinoamericanos y el fracaso del régimen de Nicolás Maduro es reconocido hasta por antiguos aliados y en las filas del socialismo internacional.

Durante la Asamblea de los Países No Alineados (Mnoal) celebrada en julio de este año, en Caracas, con Maduro de anfitrión, algunos de los países y presidentes que han sido aliados del chavismo desistieron de asistir o enviaron a funcionarios de segundo nivel al encuentro.

Lejos de una unidad ideológica, el centro del debate fue el enfrentamiento contra Estados Unidos protagonizado por Irán, Cuba, Venezuela y Palestina; naciones con una gran diversidad de modelos políticos y económicos que en común solo tienen su particular “guerra fría” contra las democracias occidentales.

El pragmatismo y el interés económico han copado el campo político y estas nuevas alianzas, entre populistas de izquierda y regímenes autoritarios, se trazan en base a estrategias geopolíticas.

Dos de sus líderes mundiales enfrentados a Estados Unidos: China y Rusia, dejaron atrás la ideología y encaminaron sus países hacia el libre mercado pero bajo gobiernos autocráticos. Ese mismo signo pragmático está dominando en América Latina y la doctrina comunista ha quedado atomizada solo en Cuba y Venezuela.

La gran preocupación de Cuba y la Venezuela de Maduro es la pérdida de influencia en el continente con la salida de varios países de la Alianza Bolivariana para los Pueblos de América (ALBA), fundada en La Habana en 2004, en la que sólo quedan Bolivia, Nicaragua, Cuba, Dominicana, Granada, San Vicente, San Cristóbal y Venezuela. No hay ningún país influyente.

Es de destacar que ninguno de los países, que en algún momento fueron aliados del chavismo venezolano, aplicaron políticas similares a las de Chávez y Maduro. Por ejemplo, en Bolivia, en donde Evo Morales aspira a su cuarto período, no se expropiaron tierras ni se persiguió a la empresa privada.

Se produjeron algunas estatizaciones en el área minera; pero se estimuló a la pequeña empresa y se respetó la producción agrícola, que después de la minería es el renglón más importante de su economía. El salario mínimo en Bolivia es de 296 dólares, frente a los 7 dólares en Venezuela.

El fantasma del comunismo

Sin embargo, el fantasma de la influencia de una izquierda populista vuelve a aparecer con cierta fuerza en el continente y el cuestionamiento a las democracias liberales renace en las nuevas generaciones de algunos de estos países en conflicto.

Al caso de Chile se le ha buscado toda suerte de explicación de cómo el país más próspero del continente sufre una explosión social, cuyo descontento ha sido capitalizado por la izquierda populista, que no sólo pide la salida de Sebastián Piñera, sino que llama a una Asamblea Constituyente, cuando al menos la mitad de la población gana por encima del salario mínimo que es de 562 dólares al mes; el segundo más grande después de Costa Rica.

Después de la caída de Salvador Allende, Chile adoptó políticas de libre mercado durante la dictadura de Augusto Pinochet para recuperar su deteriorada economía; y esta se mantuvo a partir de 1960, con la alianza entre demócratas y socialistas, bajo el acuerdo de gobernabilidad.

Las entrevistas realizadas por diversos medios informativos a jóvenes durante las manifestaciones en Chile reflejan una juventud descontenta, que no ve opciones claras para mejorar su calidad de vida y de ascenso social. De allí que le atribuye al liberalismo las causas de su malestar las cuales desahoga al invocar al “fantasma del comunismo”.

En las entrevistas, algunos expresaban que eran los “nietos de los comunistas de Salvador Allende” y otros exaltaban figuras del Che Guevara y Fidel Castro. Sin embargo, al preguntárseles sobre qué parte del pensamiento de estas figuras podían ser aplicadas en la situación actual, luego de divagar, reconocían no conocer a fondo las ideas de estos “héroes” a quienes exaltaban.

Otros que invocaban la realización de Una Asamblea Constituyente para refundar la República, concepto inspirado en la revolución bolivariana, no tenían claridad acerca de cuál sería el canino de esa nueva República.

Sin embargo, en esa reacción colectiva se ha observado a una población de distinto signo que no sigue a un liderazgo determinado o a una causa o ideología definida. En ese espectro de movimientos Cuba, Venezuela o el Foro de Sao Paulo no son sus referentes como reclama Maduro y Miguel Díaz-Canel.

Encuentro Antiimperialista

Cuba organizó el pasado fin de semana el Tercer Encuentro Mundial Antiimperialista de Solidaridad, por la Democracia y contra el Neoliberalismo. Llama la atención que los tres anfitriones del encuentro hayan sido Raúl Castro, Díaz-Canel y Maduro.

Vale destacar que el centro de los discursos, de los últimos tres exponentes del comunismo en el continente, haya sido la queja o el temor de lo que llamaron “el retorno del hegemonismo estadounidense en Latinoamérica, que ataca ferozmente al socialismo”.

Díaz-Canel señaló que América Latina y el Caribe sufren el retorno de la Doctrina Monroe y el Macartismo, agregando que el presidente de Estados Unidos arremete contra la revolución cubana, las revolución bolivariana y sandinista, el Foro de Sao Paulo y los liderazgos de izquierda. Es decir, los reductos de la izquierda mundial.

También defendió a los ex presidentes socialistas, procesados por corrupción, que según su versión “han sido objeto de persecución, acusaciones y hasta encarcelamiento injusto” destacando el caso de Lula Da Silva, de Brasil, quien, surgido del mundo sindical, ahora goza de una gran fortuna personal.

Pero, además instó a “construir plataformas emancipadoras” y calificó las protestas en Chile y Ecuador como “protestas anticoloniales que le han puesto un freno a las recetas del mercado. No pueden desmovilizarnos otra vez”.

Por eso alertó que “la izquierda” tiene que aprender y asumir la dura lección de estos años de lucha en que la fractura y la desunión debilitaron nuestras fuerzas y la derecha se lanzó a la reconquista y a la destrucción de lo hecho”. Afirmó que ver a la juventud rebelándose y combatiendo por sus derechos y por un mejor destino para sus países, es algo estimulante y desafiante a la vez.

Por su parte, Maduro señaló que es una vergüenza que en Chile todavía esté vigente la Constitución de Pinochet; asegurando que “ahora es el pueblo de Chile en las calles el que va a cambiar la Constitución.

Advirtió que hay un resurgir del capitalismo salvaje y del modelo de exclusión del Fondo Monetario Internacional, y “desde aquí” (Chile y Ecuador) hay un renacer de las luchas contra ese modelo de exclusión.

Recordó cómo mucha gente de izquierda, en los años 90, pensaron que habían llegado al fin de estos movimientos. “Pero en esos momentos de unipolaridad, Cuba se convirtió en ejemplo, aún en medio de un duro Período Especial y luego en nuestra América se levantó un movimiento fuerte, de izquierda, con un gran líder al frente, nuestro Comandante Hugo Chávez”, destacó.

Un mal ejemplo

Las experiencias populistas de izquierda de las dos últimas décadas se han caracterizado por el endeudamiento interno de los países y una alta corrupción auspiciada por los líderes populistas como Cristina Fernández de Kirchner, Lula Da Silva, Dilma Rousseff, Daniel Ortega, Rafael Correa, Hugo Chávez o Nicolás Maduro.

Aún bajo los regímenes de Lula y Rousseff, Brasil se mantuvo como la segunda economía del continente y la octava del mundo. No hubo expropiaciones y por el contrario, sus más importantes empresas como Petrobras, Odebrecht, Camargo Correa y la industria militar, obtuvieron grandes ganancias con los negocios que lograron con Venezuela.

Mientras Chávez y Maduro intentaron exportar ideología socialista basada en los ingresos petroleros, Lula Da Silva viajaba a Venezuela acompañado de sus más importantes empresarios a firmar beneficiosos contratos. Lo mismo hicieron China, Rusia e Irán, desplazando así a los industriales venezolanos.

China y Rusia, de una manera pragmática, han auspiciado una alianza con estos modelos de gobiernos autoritarios y populistas en función de intereses económicos y geopolíticos para competir con Estados Unidos en sus zonas de influencia.

Los fracasados modelos económicos y políticos de Cuba y Venezuela, no ofrecen al mundo de hoy una opción a seguir: el socialismo del siglo XXI o el comunismo cubano. Hasta el propio Fidel Castro ha reconocido el fracaso del modelo económico cuando señaló: “El modelo cubano ya no funciona, incluso, ni para nosotros”. Lo que ratificó Raúl Castro reiteradamente cuando intentó introducir reformas estructurales.

De manera que más allá de un número de activistas indeterminado ha ingresado a esos países como refugiados, bandas delincuenciales han sido enviadas a Chile, Argentina y Ecuador, o la ayuda financiera que se le ha dado a algunos de estos ex presidentes; no es factible que esos movimientos conduzcan a sus países hacia los modelos socialistas que promueven Cuba y Venezuela.

Mientras China desarrolla una economía liberal, compite en alta tecnología, desarrolla su industria militar, igual que Rusia; solo utilizan a sus países aliados del tercer mundo como fuente de materias primas, energía y como espacio en su guerra geoestratégica, sin ningún interés en sus asuntos internos, el bienestar de la población o el desarrollo de sus economías.

Por eso, Cuba y Venezuela, son los dos países del continente en donde el salario de un trabajador no llega a 20 dólares mensuales y su población empobrecida vive cada vez más aislada del mundo en desarrollo y tecnología.

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