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La Liga agustiniana de José Hernández

El fútbol venezolano está plagado del legado de José Hernández. Todos y cada uno de ellos le admiran, le pegan una llamada telefónica para un consejo o para celebrar sus logros

No existe nada más gratificante en la vida profesional de cualquier trabajador, que dejar un legado, que ser ejemplo, que los demás le reconozcan por haber sido parte importante de su desarrollo laboral. Partiendo siempre de un valor, de un principio para ser persona: sencillamente dar a los demás el conocimiento de lo que mejor sabes hacer.

José Hernández, actual seleccionador Sub 20 de Venezuela, creció en el Colegio San Agustín de El Paraíso. Como estudiante, como futbolista y como técnico, su vida la ha dedicado al balompié y a atender a su amada institución educativa, a dónde lo llevó su padre, el también muy conocido DT Baudelio “Nerio” Hernández. Su paso por el profesional nunca ha afectado su vínculo agustiniano.

El viernes pasado recibió un merecido homenaje por parte de las autoridades del Colegio San Agustín y me impresionó ver cómo todos los niños saludaban a José con mucho cariño y él casi sabía el nombre de todos y cada uno de los niños que formaban las distintas categorías que le hicieron un “pasillo” para homenajearlo. Tan admirado como cercano: se acercaban todos a bromear con él, a hablar cualquier cosa, a preguntarle algo.

Hay algo que habla por sí solo de la importancia del trabajo de José Hernández en el fútbol de esa institución educativa. Hoy 14 de aquellos que alguna vez estuvieron con él trabajando en los distintos cuerpos técnicos del San Agustín de El Paraíso, hoy forman parte de clubes del fútbol profesional venezolano, algunos siendo incluso ya campeones de Primera División.

Y los detallo: Jhonny Ferreira y Keblin Ochoa (técnico y preparador de arqueros de Carabobo FC), Enrique “Kike” García y Erwin Hernández (técnico y asistente de Aragua FC), Martín Carrillo y Atzen Rojas (técnico y asistente de Trujillanos FC), Francesco Stifano y Rafael Martínez (ex técnico y asistente en Zulia FC), Daniel Izzo (asistente técnico en Los Barrios, España), Daniel Sasso y Jair Díaz (asistentes técnicos de la Selección Nacional Sub 20), Enrique Maggiolo (técnico del Petare FC), Jonathan Rosas (técnico de fútbol en academia de EEUU) y Joel Vásquez (preparador físico de Atlético Venezuela). Y estoy seguro que algún otro nombre se me está escapando.

El fútbol venezolano está plagado del legado de José Hernández. Todos y cada uno de ellos le admiran, le pegan una llamada telefónica para un consejo o para celebrar sus logros. Todos comenzaron desde la humildad del fútbol de colegio bajo su manto y con la máxima que se pregona siempre en el San Agustín: se puede llegar a la excelencia atendiendo a la exigencia.

El fútbol quizá no ha retribuido a José tanto de lo que le ha dado. Quizá por ser tan buena persona, contrariamente a lo que uno pueda pensar, José Hernández no ha sido más exitoso en esta profesión. Porque él siempre piensa en los demás, porque privilegia la honestidad, el trabajo y lo humano por encima de cualquier otro factor. Porque es un tipo que se prepara, que estudia, que cuestiona todo y encuentra las razones del porqué de las cosas en su filosofía de vida y trabajo. Un día me dijo: “la gente habla de los códigos en el fútbol, y no son otros que los mismos códigos de la vida. Son los mismos”, aseveró.

El éxito profesional de sus pupilos ya es palpable, pero lo que mejor puede presumir José es que todos y cada uno de esos catorce que se mencionaron en la lista, son buenas personas, gente honesta, trabajadora, que privilegian los valores.

Ésta es la liga de José Hernández. Es la liga de la gente buena.

"Los refugios para los venezolanos que retornan son como un campo nazi"

El migrante Carlos Pérez decidió regresar a Venezuela. Admite haber vivido cosas duras pero nada como lo que está sufriendo en el refugio tachirense donde debe pasar la cuarentena. "La comida es como para animales. No hay camas, solo colchonetas sucias en el piso. El baño se puede usar 3 minutos al día", describe. Ya cumplió el tiempo de confinamiento pero no lo dejan salir porque no hay pruebas PCR para el despistaje de coronavirus