La negra y la dorada

Ya los venezolanos llevamos varios años tratando de definir el nuevo rumbo que tomará nuestra nación, luego de haber logrado la proeza histórica de haberle puesto la tapa al infierno del militarismo en 1958

Ya los venezolanos llevamos varios años tratando de definir el nuevo rumbo que tomará nuestra nación, luego de haber logrado la proeza histórica de haberle puesto la tapa al infierno del militarismo en 1958, y de entregarle a las viejas y nuevas generaciones el goce de las libertades civiles y políticas, que permitió a Venezuela convertirse en una sociedad de crecimiento social y económico.

Hoy en esta encrucijada, en la que parecieran haber regresado los peores demonios de una nación, es interesante seguir reflexionando sobre nuestro devenir social y político.

Nuestros historiadores modernos debatían sobre los enfoques que a nuestra historia colonial se le daba en función de la conquista española. A la tesis que señalaba la presencia española como la fuente de nuestros males, se le llama la leyenda negra, y naturalmente a la que la defendía se le llamaba la leyenda dorada. Ambos enfoques basados en lo que los psicólogos llaman el locus de control externo, es decir, que lo bueno o malo que nos pase es la culpa o la responsabilidad de otro. Un pensamiento subliminal que muchos han investigado y desarrollado para explicar mucho de nuestro comportamiento como sociedad.

Si bien ese enfoque seguramente en alguna medida puede explicar algunas cosas, también vemos muchas cosas que los venezolanos hemos podido hacer por nuestra cuenta, unas muy buenas e impresionantes y otras realmente lamentables que pesan sobre nuestra historia y seguramente en la forma en la que podamos resolver nuestros propios problemas y en cómo definamos nuestros futuro.

También es lugar común decir que no tenemos memoria histórica y que no aprendemos de nuestras equivocaciones; el tema es que los procesos sociales y políticos son largos y complejos, solo la perspectiva histórica, adentrarnos en el pensamiento de otras épocas para entenderlos mejor, y haciendo el mejor de los esfuerzos por zafarnos de camisas de fuerza o sectarios esquemas mentales, podemos sacar conclusiones.

Vale la pena hacer el ejercicio de crear un lista, que nos puede ayudar a identificar nuestra leyenda dorada propia, consecuencia de nuestras decisiones que como colectivo y en medio de circunstancias de cada momento, pudimos lograr. Seguramente los historiadores, politólogos, economistas, abogados, sociólogos y los cultores del arte podrán agregar muchos más. Un primer intento de esa lista de decisiones, manifestaciones sociales y obras que hemos logrado los venezolanos, nos pueden identificar como sociedad; seguramente algunas de ellas muy controvertidas, pero que en el tiempo marcaron nuevas etapas. Sin entrar a calificarlas o caracterizarlas, una lista tentativa podría ser: – las manifestaciones de independencia del 19 de abril de 1810 y el 5 de julio de 1811; la constitución de 1811; la unificación de los héroes de la guerra de independencia en torno a un objetivo y mando común; la creación de Colombia en 1819; llevar el ideal de la independencia a Nueva Granada, Quito y Perú; las grandes batallas ganadas.

El reto de la creación de la República de Venezuela en 1830; la liberación de los esclavos en 1854; la constitución federal de 1858, con el voto universal, directo y secreto; el primer código civil 1861; las obras urbanísticas de Guzmán Blanco; la educación primaria obligatoria y gratuita en 1870; el matrimonio civil 1873; la creación del ejercito nacional 1910; la política de desarme nacional de Juan Vicente Gómez; la creación de la hacienda pública nacional con Román Cárdenas en 1918; la ley del trabajo, 1928; la generación del 28; las instituciones públicas creadas por los gobiernos de López Contreras e Isaías Medina entre 1936 y 1945; la lucha contra el paludismo; las elecciones libres para elegir la constituyente de 1946; las primeras elecciones libres de 1947; la creación de la Corporación Venezolana de Fomento en 1945.

El pacto de Puntofijo en 1958 y lo que significó en la transformación de nuestra ciudadanía; la constitución de 1961; el gran plan de obras públicas iniciado y concebido por diferentes gobiernos desde Isaías Medina en 1941, hasta Rafael Caldera en 1998, todas obras transformadoras de la sociedad y la visión de futuro, como El Silencio, la red de carreteras y autopistas, los sistemas de riesgo, la electrificación del país.

La ciudad universitaria, el teleférico de Mérida, el teatro Teresa Carreño, el complejo industrial de Ciudad Guayana y cientos más; los sistema de riego; la nacionalización de la industria petrolera 1975; las elecciones libres para escoger al Presidente de la República, Diputados, Senadores, Concejales, Alcaldes y Gobernadores partir de 1958; haber tenido durante 40 años un organismo electoral independiente; instituciones como Fedecámaras, Conindutria y la Asociación Pro-Venezuela; el plan de becas Gran Mariscal de Ayacucho entre 1974 y 1998; los proyectos de la COPRE entre 1.984 y 1994; la ley elección de gobernadores y alcaldes en1989; la vacuna contra la lepra; la Biblioteca Nacional; universidades como la UCAB, la Metropolitana, la USB y el IESA; el Metro de Caracas; las empresas ejemplo como la Polar, Chocolates El Rey y tantas más; las empresas de telecomunicación; nuestros deportistas, escritores, poetas, artistas y científicos; los gerentes y emprendedores venezolanos y extranjeros, que aun están en el país haciendo magia para mantener vivos sus negocios, sostener a sus trabajadores y hacer una gran labor social; los políticos de todas las tendencias, regiones y generaciones, que en medio de todos los riesgos luchan por rescatar la democracia y la libertad. Lo anterior es tan solo una pequeña muestra de lo que los venezolanos somos capaces de crear y de luchar por hacer de Venezuela el mejor país del mundo.

Sin embargo, también hemos cometido muchos errores que han sido costosos para el país, para nuestra sociedad, para el ambiente y para la gente en todos los niveles. Dentro de lo negro de nuestra historia, están actitudes egoístas que han dado al traste con importantes procesos de cambio, como nos sucedió con la primera república nacida de la constitución de 1811, donde los egos y los intereses particulares, dieron al traste con nuestro primer intento de nacer como república, no pudimos aceptar un proyecto donde hubiera igualdad de derechos, para que ese nuevo mundo que con claridad veía Simón Rodríguez, hubiera nacido con la fuerza necesaria para marcar pauta de innovación social y política en la América del siglo xix.

Muy dañino ha sido el ego de nuestros líderes, defecto que por cierto no es exclusivo de los venezolanos, pero otros pueblos han logrado dominar mejor que nosotros; hay quienes dicen que en ocasiones Venezuela se compara con el Olimpo de los dioses griegos, a veces superándolo con creces. Muchos de nuestros héroes de la independencia, vieron a Venezuela como la conquista por el botín por haberla liberado de los españoles, pero para hacerla ahora su coto personal y supeditar cualquier ideal de libertad, democracia o integración de pueblos americanos solo a sus intereses. Si bien unos fueron presa de sus egos, otros fueron débiles en sus valores y principios, creando complicidades de poder e intereses, haciendo a las grandes mayorías y al desarrollo ciudadano del país víctimas del caudillismo, la autocracia, la corrupción el abuso de poder. Sus principales manifestaciones las vemos en los parlamentos y jueces que todo aceptaban, y en cada autócrata del siglo xix, xx y xxi, desde Páez, pasando los Monagas, Guzmán Blanco, Castro, Gómez y el andinismo que impedía que nadie que no fuera andino o militar llegara al poder.

El pleito y sectarismo entre los líderes políticos que en 1948 y en 1998, luego de haber conquistado la democracia, le abrieron puerta franca al militarismo y permitimos la llegada de Marcos Pérez Jiménez y la desgracia histórica que representó para el país y la región el socialismo; la subestimación de los enemigos de la democracia; la pretensión de que nada cambia y la creencia de que nuestros problemas son la culpa de otro. La irresponsabilidad de la élites políticas y económicas que se negaron a asumir las reformas que reclamaba el país; los dueños de medios de comunicación y aquellos comunicadores sociales que se convirtieron en políticos militantes, dedicados a denigrar de la democracia y a aupar la figura del gendarme necesario, que junto a la lenidad de los jueces que se prestaron a liberar golpistas y derrocar presidentes y abrirle el camino franco a constituyentes fraudulentas.

Las reelecciones presidenciales en cualquier época, incluyendo las de Carlos Andrés Pérez y Rafael Caldera; la avaricia de aquellos banqueros que se apropiaron del dinero de los depositantes y utilizaron los auxilios financieros del estado en provecho propio, generando una de las más graves crisis económicas; el abandono del pensamiento político, los valores y los principios de los partidos; abandonar el debate sistemático sobre el futuro de la nación; y ahora el nuevoriquismo exuberante de los enchufados que se manifiesta con descaro ante la peor de las crisis sociales que haya sufrido el país.

De ambas cosas, de lo positivo y de lo negativo somos responsables los venezolanos; de las etapas de crecimiento y progreso, gracias al esfuerzo, la entrega, el sentido ciudadano, la responsabilidad y especialmente a la capacidad de acuerdo de los dirigentes sociales y políticos, pensando más en lo colectivo y la grandeza de la nación que en lo personal. También somos nosotros los únicos responsables y más nadie, de nuestras eras de autocracia, de latrocinio, de retroceso y debilidad institucional, como producto del ego, de la falta de tolerancia entre nosotros mismos, de pensar en lo pequeño y en lo particular, de subestimar al otro y mirarse el ombligo.

La crisis que hoy vivimos tiene su origen en nosotros mismos, en esos errores repetidos que recurrentemente cometemos, pero también tiene la clave de su solución en nosotros mismos, en hacer como lo hicimos en otras épocas, en sobreponernos a la dificultades mediante esas actitudes y valores que en otras épocas utilizamos para construir lo positivo venezolano, sobre los hombros y los pensamientos de tantos venezolanos que con desprendimiento dieron lo mejor de ellos, para lograr esos acuerdos de voluntades por seguir construyendo ese proyecto nacional de construir la primera nación libre y democrática de América, una sociedad consciente y dispuesta a defender su propia ciudadanía.