La paradoja de "Sweet Tooth", el bien ante el pesimismo de la pandemia

La nueva serie de Netflix tiene tanto de utopía como de distopía. Y aunque parezca una contradicción, se trata del centro de este extraño experimento argumental. El guion intenta mostrar una nueva dimensión sobre el apocalipsis, pero a la vez, lograr ser adorable y esperanzador en el subtexto. Todo bajo un paquete visualmente atractivo. ¿Lo logra? Con algunas dificultades

La paradoja de "Sweet Tooth", el bien ante el pesimismo de la pandemia

La serie «Sweet Tooth» de Netflix es quizás uno de los experimentos más arriesgados de la plataforma durante los últimos meses. A diferencia de otras tantas series que meditan, reflexionan y muestran el apocalipsis, su intención no es aterrorizar. La historia, emparentada con diversas corrientes de la ciencia ficción, se sostiene sobre esta premisa: a pesar de la tragedia y el dolor, el mundo es en esencia bueno.

Por supuesto, se trata de una premisa popular en la fantasía, en la percepción contemporánea sobre el bien y el mal. Ya por 1980, Ursula K. LeGuin, decana el género de ciencia ficción, insistió en que la literatura fantástica es una manera de construir el futuro y construir el bien de la identidad del hombre. Para la escritora, la noción sobre lo que puede ocurrir y ocurrirá muestra la capacidad colectiva para comprender las transformaciones del mundo y su historia como un hecho esencialmente benéfico.

También el escritor Walter M. Miller pareció obsesionarse con la interpretación del espíritu humano a través del tiempo, las transformaciones culturales y sociales y, sobre todo, esa percepción de la mente humana como una consecuencia inmediata del mundo que construye. Lo hizo, a través de la cuestión de la bondad, la posibilidad de la esperanza y la connotación de lo efímero. Un ciclo interminable que elabora y delimita esa identidad que trasciende e incluso, sobrepasa la mera existencia del hombre. Miller contempló la existencia humana como una serie de pequeñas escenas interconectadas que asumen la perspectiva del futuro como una serie de consecuencias inevitables.

«Sweet Tooth» está construida para profundizar en una especie de milagro accidental, que ocurre y se desarrolla en mitad de un escenario dramático. De la misma manera que postulan Le Guin y Miller, la serie intenta encontrar un punto medio para meditar sobre la naturaleza humana, sin demonizar o idealizar lo esencial. Con un registro tan amplio y con tantas versiones de un hecho único,»Sweet Tooth» podría haberse desplomado en la incoherencia. Pero en realidad funciona como una estructura brillante, que abarca desde la inocencia, el miedo e incluso, una mirada atípica sobre la crueldad.

Basada en el cómic del mismo nombre de Jeff Lemire publicada por Vertigo desde 2009 al 2013, la historia sigue a Gus, un niño sobreviviente a una pandemia apocalíptica. Por supuesto, las comparaciones podrían resultar inevitables —y poco favorecedoras para el argumento— a no ser por un detalle: Gus, interpretado por un adorable Christian Convery, es parte de lo que parece ser la consecuencia inmediata del desastre.

Se trata de un híbrido entre un ser humano y un ciervo, que, además, es un sobreviviente a toda regla, aunque no sepa que lo es. ¿Parece una combinación extraña? Se hace aun más curiosa a medida que la serie avanza y deja claro que la colosal devastación sanitaria dejó atrás enfermos y criaturas depredadoras. El resultado es que las criaturas como Gus, niños nacidos de padres humanos pero con características de animales, todavía son temidas. Y de hecho, para la mayoría de los sobrevivientes, son una amenaza.

Pero Gus, con sus enormes astas de ciervo que le brotan directamente de la cabeza, es en realidad un personaje optimista. Y lo es a un extremo en ocasiones desconcertantes, en contraste con el hecho de que habita un mundo que le teme y que podría resultar potencialmente peligroso.

«Sweet Tooth» y el apocalipsis inexplicable

El argumento «Sweet Tooth» se desarrolla diez años después del llamado “Great Crumble”. Un virus de consecuencias imprevisibles, que además llevó al mundo a la debacle.

Habrá comparaciones con lo que ocurre en la actualidad, pero la serie evita todo paralelismo con cuidado. En realidad, está más interesada en plantear el escenario del día después. Pero en lugar de plantear la idea de un mundo peligroso, mira lo que acaece desde lo desconocido. Y ese pequeño matiz es lo que otorga a la serie su considerable sentido de la originalidad.

«Sweet Tooth» presta especial atención a cada símbolo que utiliza, hasta profundizar en una idea más antigua, más poderosa, pero en especial, más inocente. Pura esperanza. La serie insiste en mostrarla con ternura, sin caer jamás en el cliché o mucho menos, ponderar sobre lo que es en realidad la bondad.

Juega con audacia con el hecho de la ingenuidad, pero a la vez, sin dejar de mostrar que, al otro lado de la línea, también hay cierta oscuridad. Todo en medio de una percepción poderosa y consistente sobre la búsqueda del bien. Una novedad sorprendente en medio de la gran colección de series sobre un futuro aterrador en la que la oscuridad lo es todo.

La búsqueda de la belleza en las pequeñas historias

«Sweet Tooth» tiene cuidado en que esa dulzura subyacente en su historia no llegue a desvirtuarse. La historia no es una versión romantizada de una situación violenta, sino en realidad, una dimensión nueva sobre la tragedia.

Y aunque jamás deja de mostrar que hay un mundo peligroso más allá de Gus, el centro del argumento es el personaje. Lo es, en la medida que él analiza el tiempo, la tragedia, el dolor y el amor desde una perspectiva curiosa. Gus debe sobrevivir a no solo la pandemia y sus inmediatas consecuencias, sino al acecho de quienes le rodean.

De modo que su padre trata de enseñarle como puede a sobrevivir en medio de una serie de reglas. Por supuesto y como todas las historias semejantes, la idea del otro como acecho es parte la visión general de las cosas. El miedo y las precauciones del padre de Gus dejan claro que hay mucho más allá del idílico mundo que narra para su hijo.

Además, el límite es claro: para Gus, todo lo que se encuentra fuera de la valla de la propiedad está quemado e inhabitable. Por supuesto, no es así y de inmediato la serie traza la frontera entre lo idílico y la cruda realidad que habita más afuera.

El guion toma entonces varias decisiones inteligentes para sostener la noción de la utopía en mitad de la desesperanza. Gus comienza a redescubrir el mundo, pero sin dejar atrás su radiante ternura o el sentido del bien que sostiene a la historia.

«Sweet Tooth» es un recorrido intuitivo a través del motivo por el cual el bien es necesario incluso en los momentos más trágicos. El mensaje se construye a través de una alegoría cuidadosa, sin llegar a ridiculizar el sentido de la bondad omnipresente o del mal inevitable.

Un mundo amable

Quizás para sostener ese sentido de la fantasía, «Sweet Tooth» comienza desde la introspección. Durante los primeros capítulos no hay explicaciones sobre la pandemia, sus consecuencias o el mero hecho que Gus es híbrido. Solo hay una mirada al hecho que puede existir un lugar seguro en medio de una situación violenta y peligrosa.

Se trata de una percepción por completo nueva para una serie en la que se ahonda en el tema del apocalipsis. En especial, a medida que la historia se adentra a través de las verdaderas explicaciones de la reclusión de Gus o su aspecto. Pero incluso cuando la realidad impacta contra el cálido mundo del personaje, la serie se las arregla para sostener su sólido núcleo de ternura.

Por supuesto, el principal atractivo del programa es Gus, con su cornamenta y su cualidad para expresar fe en la humanidad en mitad del desastre. Además, es un personaje creado para sostener la sensación ambivalente entre un mundo destruido y lo bueno que subsiste. Con sus reacciones casi instintivas y su inocencia, el personaje es la confluencia de varias líneas narrativas.

«Sweet Tooth» es sin duda una distopía —una con sus momentos oscuros que no tardan en llegar— pero también es una celebración al bien. Y quizás la combinación de ambas cosas, sea lo que le permite sostener una identidad curiosa que sorprende por su solidez.

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