<iframe src="//www.googletagmanager.com/ns.html?id=GTM-K8BB9HX&l=dataLayer" height="0" width="0" style="display:none;visibility:hidden"></iframe>

La SúperLiga: el golpe que puede conmocionar al fútbol

Hay fuerzas moviéndose en el mundo del fútbol y la FIFA ha dejado bien claro que no va a tolerar disidencias. Carlos Domingues explica aquí el panorama que se abre -o se cierra- para los equipos y las estrellas del deporte

La SúperLiga: el golpe que puede conmocionar al fútbol

Desde su fundación hace más de 100 años, la FIFA se ha convertido en un organismo con un poder majestuoso, capaz de estar incluso por encima de estamentos y leyes de algunos países. Es común que en el derecho internacional se considere a la FIFA como una de las instituciones supranacionales de mayor poder en su rango de influencia en el mundo.

Es tal la magnitud de la importancia del fútbol, que la afiliación a la FIFA de territorios que no son considerados o reconocidos en la Organización de las Naciones Unidas les permite ser parte de competencias deportivas a las que política y territorialmente no pudieran tener acceso. No es en vano que algunos mitos rodeen el poder económico de la entidad, que junto al Vaticano, se consideran en los mentideros de la exageración como las dos entidades más ricas y poderosas del planeta.

Sin embargo, desde que los derechos de televisión se convirtieron en el generador de riqueza para los clubes, la idea de unir fuerzas y organizar una súper competición entre los equipos más poderosos de Europa ha venido dando vueltas en las lujosas oficinas de los directivos y magnates. Una SúperLiga, al margen de todo lo que tenga que ver con FIFA y que atraiga a los más importantes patrocinadores. Los ojos del mundo puestos sobre lo más granado del fútbol.

Nos hemos acostumbrado a decir que la verdadera Liga de Campeones de Europa es la que comienza a partir de los Cuartos de Final de la propia competición y que de ahí en adelante está presente la crema y nata del balompié de aquel continente. Pues con esta Liga, no habrá espacio para la mediocridad y solo estará presente la alcurnia europea, en un torneo donde los ingresos económicos lucen ingentes y equitativamente repartidos. Ya no habría más un Manchester United–Midtjylland; ahora en un mismo grupo podríamos emparejar al Real Madrid, al Manchester City, al Inter de Milán y el Bayern de Múnich. ¿Le atraería ver eso?

Florentino Pérez, presidente del Real Madrid, ha sido el mayor promotor de la SúperLiga, a tal punto de haber logrado un visto bueno en 2020 por parte de la UEFA de ejecutar la idea a partir de 2022. La situación financiera generada por la pandemia de 2020 obligaba a los clubes a buscar recuperar las pérdidas económicas y la SúperLiga era parte de la salvación. Incluso, la mismísima UEFA, con la llamada Liga de las Naciones (nueva competición de selecciones europeas) promovía con ese ensayo el sistema de lo que pudiera ser un torneo similar, pero de clubes.

La inminencia de la creación de esta competencia y el poder de quienes la promueven han recibido un frenazo tremendo con el comunicado de FIFA del pasado jueves 21 de enero, en el que la presidencia del organismo y todas las dependencias regionales, lanzan una advertencia de sanción a jugadores y equipos que participen de cualquier competición que no sea avalada por la FIFA y dichas dependencias. Y hace mención directa, sin medias tintas, a la SúperLiga de Europa, y amenaza con desconocerla y sancionar a quienes participen en ella.

A la FIFA no la pueden dejar fuera de la coronación de los reyes.

¿Qué viene ahora? La FIFA supera un siglo de existencia sin que ningún país, club o ente pueda torcerle el brazo en sus mandatos y decisiones. Quien a FIFA se enfrenta o incumple en sus estatutos, es defenestrado al ostracismo de la sanción o desafiliación. No importa que el ejecutante pueda tener alguna razón moral, legal o lógica: si la FIFA no lo establece o no está de acuerdo, no procede y es sancionado.

En muchas oportunidades se ha puesto en entredicho la supranacionalidad del ente. Ahora, se suma esta bota al cuello a los grandes clubes del mundo con dicha advertencia, que no solo afecta a las entidades y organizaciones sino que también amenaza al futbolista, o mejor dicho, a los mejores futbolistas del mundo. Sabe la FIFA que si sanciona solo a los clubes, el futbolista fácilmente podría disputar cualquier partido de sus selecciones. Al fin y al cabo, el jugador trabaja para el club, independientemente de su afiliación o no a la FIFA. Con amenazar al futbolista extiende también la responsabilidad al jugador y se lo pensarán dos veces un Neymar o un Messi en jugar una SúperLiga si no van a poder estar en la eliminatoria mundialista con Brasil y Argentina.

Permanece latente el coletazo del FIFAGate. Desde hace rato hay un descontento generalizado con FIFA y esta sigue tocando a los más poderosos donde más le duele. La amenaza de formar un organismo paralelo luce casi improbable pero no sería descabellado que las grandes potencias privadas del fútbol se unan para darle un golpe letal. Ojo que ya existe una tímida organización, la NF Board, que acoge a todos aquellos que por distintos motivos no pueden ser parte de la FIFA, pero de una forma muy modesta.

¿Qué haría la UEFA si los clubes más poderosos de sus países parte deciden escindirse y armar una competición entre ellos? ¿Qué le quedaría a la UEFA? ¿Cuáles futbolistas podrían representar a sus países en competiciones FIFA? ¿Se imagina usted un Mundial sin las más rutilantes estrellas mundiales? ¿Hacia dónde va todo esto?

De momento, se espera una respuesta de los organizadores de la SúperLiga que podría bien acatar el regaño de la FIFA o enfrentarle e ir adelante con el torneo y derrumbar lo que hasta el momento había sido una barrera inexpugnable en cuanto a fútbol se refiera.

No nos extrañemos si éste es el comienzo de una avalancha que termine por debilitar a la FIFA. Un cisma está en ciernes y las trompetas del juicio final están sonando. Otro fútbol, casualmente post pandemia, se asoma en el horizonte.