La tarjeta electoral de una MUD que ya no existe

A partir de diciembre de 2015, el chavismo se encargó de dinamitar, boicotear, romper cualquier ruta que lo confrontara de nuevo con el pueblo. Aquellas elecciones, las últimas democráticas sin duda alguna, le dijeron al chavismo que para seguir conservando el poder debían hacer todo, todo, lo que estuviese a su alcance. Y eso incluyó, entre otras cosas, dinamitar a la MUD

La tarjeta electoral de una MUD que ya no existe

La Mesa de la Unidad Democrática (MUD) dejó de existir, pero tal vez no tuvo cristiana sepultura. La iniciativa político-electoral que logró articular durante varios años a un variopinto conjunto de partidos políticos y personalidades de oposición, y que alcanzó relevantes victorias electorales y políticas ante el chavismo, murió y no existen ni indicios, ni hay señales, de que pueda revivirse una instancia genuinamente unitaria en este 2021.

Si pudiéramos ponerle una fecha al Q.E.P.D de la MUD, la ubicaría en 2016. En ese momento, un grupo de partidos y diputados en la borrachera tras el triunfo electoral en las parlamentarias de diciembre de 2015, comenzaron a pifiar seriamente. Acá tengo una lista incompleta, pero significativa.

No defendieron a los diputados indígenas de Amazonas. No echaron para atrás las designaciones del Tribunal Supremo de Justicia, que hizo una ya ilegitima Asamblea Nacional en las navidades de 2015. Y lo que es más grave, un exultante Henry Ramos Allup rompió los acuerdos de la unidad para hacerse con la presidencia de la Asamblea Nacional, y además dijo que sacar a Nicolás Maduro era cosa de meses.

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Políticamente se pensó que, con este triunfo, que fue sin duda simbólico e impactante, ya el trabajo estaba hecho. De forma lamentable, no entendieron que habían recibido un mandato constitucional, democrático, pacífico y por vía electoral. En diciembre de 2015 el pueblo habló, y el chavismo lo entendió perfectamente.

A partir de diciembre de 2015, el chavismo se encargó de dinamitar, boicotear, romper cualquier ruta que lo confrontara de nuevo con el pueblo. Aquellas elecciones, las últimas democráticas sin duda alguna, le dijeron al chavismo que para seguir conservando el poder debían hacer todo, todo, lo que estuviese a su alcance. Y eso incluyó, entre otras cosas, dinamitar a la MUD.

No tengo ninguna información privilegiada, solo conservo en mi memoria lo que leí en los dos momentos decisivos de la unidad, y cuál fue el rol de nuestro liderazgo opositor. En conclusión, no solo el chavismo quería dinamitar a la MUD.

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La salida de Jesús “Chúo” Torrealba de la MUD, tras un breve período como secretario ejecutivo, ya que apenas había sido designado en 2014, se debió a la presión de Acción Democrática. Aquello fue el Q.E.P.D. Sin embargo, ya la MUD, a mi juicio, había entrado en terapia intensiva con las presiones a las que jugó Voluntad Popular para sacar a Ramón Guillermo Aveledo, primer secretario de la MUD y artífice de aquella experiencia unitaria.

Estos dos partidos, su dirigencia de entonces y muchos otros actores, asumieron que la unidad no era necesaria. Algunos hasta sacaban cuentas de que llegarían a la presidencia de la nación en una transición que veían a la vuelta de la esquina.

No obstante, Maduro, lamentablemente, sigue gobernando. La ausencia de una plataforma unitaria, se conozca como MUD o con cualquier otro nombre, es un factor que ha contribuido a atornillar al chavismo en el poder.

El ascenso de Juan Guaidó como figura relevante en el campo opositor, y el amplio reconocimiento internacional que obtuvo entre 2019-2020, tampoco se usó para reconstruir seriamente un espacio orgánico y estratégico de unidad opositora. Ha sido una oportunidad perdida, y eso es también muy lamentable.

Entonces, llegamos a un 2021 en el que parece existir las mejores condiciones electorales en más de una década. Nicolás Maduro sabe que puede abrir juego porque sus adversarios están más enfocados en atacarse entre ellos que en unir esfuerzos en contra del chavismo. El tema de la unidad ha quedado soslayado para muchos actores políticos de oposición.

He leído un voluminoso volumen sobre las transiciones democráticas en diversos lugares del mundo, y de hecho he escrito varios artículos acá en El Estímulo que pueden verse en este link. Y un punto en común que tienen las experiencias europeas, latinoamericanas, africanas y asiáticas es justamente algún grado de unidad y de estrategia entre actores políticos distintos. Es esto lo que ha sido sinónimo de éxito.

Los movimientos pro-democracia en esas experiencias no están formados por todos los opositores, pero algún nivel de organización unitaria se alcanza para poder enfrentarse con éxito a una dictadura.

Ojalá que pronto, muy pronto en verdad, la dirigencia pro-democracia de Venezuela lo llegue a entender. Por lo pronto, tal como lo ha señalado el propio Chúo Torrealba, en las elecciones de noviembre habrá una tarjeta de la MUD, pero ya una MUD sin unidad.