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La TV hace magia, no milagros

El acuerdo con GolTV ha sido justo lo que se prometió y el fútbol venezolano por fin encontró la exposición internacional que no se consiguió con Sport Plus ni DirecTV. Pero aún falta aceptar que este es un juego que no se concibe sin el hincha, y si quienes lo manejan desean que sea negocio, más les vale proteger a aquellos que muestran interés en asistir a los estadios.

La TV hace magia, no milagros

En un artículo publicado hace un año, con motivo de la firma del acuerdo entre la Asociación de Clubes del Fútbol Venezolano y la empresa GolTV, expresé lo siguiente:

“La aparición de GolTV tiene que ser el primer paso y no el único en pos de la profesionalización… porque de lo contrario, esta oportunidad que se presenta con la aparición de dinero fresco será un nuevo capítulo en esta rara historia que es el fútbol venezolano de primera división”.

Un año después de la firma poco ha cambiado en el día a día de los equipos, por lo que el aporte uruguayo y el esfuerzo de TELETTV, Meridiano TV y Telearagua sigue siendo la mejor noticia. Es imposible señalar los efectos que la entrada de ese dinero supuso en categorías inferiores cuando apenas han transcurrido 365 días, por ello, lo más recomendable es repasar algunas actuaciones e intenciones de la parte gerencial, ya sabe, mi estimado lector, por aquello de que la mona, aunque se vista de seda, mona se queda.

Pongamos como ejemplo lo sucedido el pasado fin de semana cuando Trujillanos FC anunció que su encuentro ante el Caracas FC se jugaría sin público visitante. El aviso se conoció el día viernes, alimentando las sospechas de que la tardanza en la notificación buscaba evitar males mayores, cosa que no fue tal, ya que se suspendió la transmisión del compromiso a jugarse en Valera. Aunado a eso, ¿sirvió de algo evitar la presencia de la barra visitante? Los hechos establecen que no: la hinchada local se las arregló para generar alteraciones en el orden público, invadiendo el campo para hacer reclamos a los futbolistas del conjunto dueño de casa.

Aquel no fue un caso aislado. El Zamora vs. Deportivo Táchira, jugado también sin seguidores del equipo atigrado, tuvo importantes brotes de violencia.

Para algunos expertos en humo y mentiras, el impacto de estas reacciones fue menor debido a la ausencia de simpatizantes rivales, un razonamiento muy acorde a los tiempos que corren, en los que cualquiera gana adhesiones a partir de la intolerancia y la identificación de enemigos.

Ah, perdone usted mi miopía, esa conducta es tan vieja como la humanidad misma, lo único que cambia con el paso del tiempo es el nombre del agente multiplicador. A aquellos que defienden el derecho de admisión se les van acabando las excusas para defender semejante aberración, y es que el fútbol es un deporte que nació de la gente. Esta afirmación no es demagógica sino respetuosa de la histria de este deporte. Sin la presencia del hincha no habría juego ni ídolos, y tampoco existiría el hecho noticioso. Aquellos que creen que prohibiendo la asistencia del público foráneo a los estadios evitará la aparición de episodios de violencia son cuando menos ingenuos, o quien sabe si nos ven cara de tontos. La cara puede que la tengamos, pero tan tontos no somos…

Esto no termina acá. Los hay quienes apoyados por el amiguismo y el oportunismo venden como mentol chino una hermosa versión cinematográfica: la promulgación y aprobación de una ley contra la violencia en los estadios borrará de un plumazo las malas costumbres que aquí señalo. A esos comerciantes de la ilusión habría que llevarlos a dar un paseo por las calles de cualquier ciudad o pueblo venezolano para que de una buena vez por todas comprendan que el problema no es de leyes sino de educación.

Lo invito, estimado lector, a revisar los siguientes artículos del Código Penal Venezolano. El recorrido ayuda a aceptar que lo nuestro no se arregla a través de la ayuda divina o la inventiva del legislador de turno:

Artículo 216.- El que use la violencia o amenaza contra la persona de algún miembro de la Asamblea Nacional, o contra un funcionario público, con el objeto de constreñirlo a hacer u omitir algún acto de sus funciones, será castigado con prisión de cuarenta y cinco días a quince meses.

Artículo 255.- Serán castigados con prisión de uno a cinco años los que después de cometido un delito penado con presidio o prisión, sin concierto anterior al delito mismo y sin contribuir a llevarlo a ulteriores efectos, ayuden sin embargo a asegurar su provecho, a eludir las averiguaciones de la autoridad o a que los reos se sustraigan a la persecución de esta o al cumplimiento de la condena y los que de cualquier modo destruyan o alteren las huellas o indicios de un delito que merezca las antedichas penas.

Artículo 287.- Cuando dos o más personas se asocien con el fin de cometer delitos, cada una de ellas será penada, por el solo hecho de la asociación, con prisión de dos a cinco años.

Artículo 407.- El que intencionalmente haya dado muerte a alguna persona será penado con presidio de doce a dieciocho años.

Artículo 415.- El que sin intención de matar, pero si de causarle dañó, haya ocasionado a alguna persona un sufrimiento físico, un perjuicio a la salud o una perturbación en las facultades intelectuales, será castigado con prisión de tres a doce meses.

Artículo 453.- Todo el que se apodere de algún objeto mueble, perteneciente a otro para aprovecharse de él, quitándolo, sin el consentimiento de su dueño, del lugar donde se hallaba, será penado con prisión de seis meses a tres años.

Artículo 475.- El que de cualquiera manera haya destruido, aniquilado, dañado o deteriorado las cosas, muebles o inmuebles, que pertenezcan a otro, será castigado, a instancia de parte agraviada, con prisión de uno a tres meses.

Cómo se observa en esta pequeña reseña, no hay tan solo una razón para creer que con la promulgación de otro cuerpo de leyes los hinchas violentos dejarán de lado su costumbres. En el Código Penal Venezolano, así como en el Código Orgánico Procesal Penal, están todas las sanciones y los procesos aplicables a quienes cometan delitos en contra de las personas y de los bienes muebles o inmuebles. De hecho, si usted se atiene exclusivamente a los siete artículos que elegí para esta columna, encontrará innumerables situaciones y motivaciones para que los jueces, fiscales y abogados de este país se den un festín castigando a todos los que destruyen este fútbol. Un delito es delito sin importar que se cometa en la calle o en un estadio deportivo.

Este ejercicio es más importante de lo que parece. La historia republicana de nuestro país se ha caracterizado por la constante modificación de los instrumentos legales y otras normativas. Tan es así que desde 1811 hasta nuestros días, según la web http://historiaconstitucionalvenezuela.blogspot.com/, los ciudadanos de esta tierra han promulgado 25 Constituciones Nacionales, sin que semejante ejercicio de creatividad haya supuesto el progreso y bienestar de los habitantes de estos predios.

Sirva todo esto para insisitr en que no se trata de leyes o del espíritu de las mismas. Hay que cumplirlas y respetarlas, una sana costumbre que se origina en la educación y el castigo. No le crean a quienes hablan de los episodios de violencia en el deporte como algo aislado. No hay nada aislado, el deporte es parte de la sociedad y no existe manera alguna que su desarrollo sea distinto a lo que sucede en el resto de las actividades de la comunidad.

De nada vale molestarse con el periodismo ni escribir jeroglíficos en redes sociales. Exijan a los responsables medidas en pro de la educación y sanciones contundentes contra los violentos; abandonen la comodidad del derecho de admisión y la crítica a la TV, que ya de por sí hace milagros en este golpeado fútbol venezolano. En sus manos está la posibilidad de cambiar o dejar que se pudra todo.