"La vera veritá”

Lo ocurrido en Vera Pizza es el punto de partida de Carolina Jaimes Branger para algunas consideraciones sobre la homofobia, los "malos ejemplos" y hasta el "qué dirán"

"La vera veritá”

La semana pasada, las redes estallaron con la denuncia de una pareja homosexual que fue sacada de un restaurante de pizzas en Caracas por haber bailado juntos. La excusa para su expulsión fue que estaban en un “ambiente familiar”.

Sin que me quede duda alguna, puedo aseverar que la homosexualidad es tan vieja como la humanidad misma y en cada familia hay uno, o más homosexuales. Unos son abiertos y otros, enclosetados. Muchos incluso se han casado con parejas del otro sexo, y sus vidas -y las de sus familias- se han convertido en verdaderos infiernos. Eso de ser lo que los demás quieren que uno sea es estúpido, anacrónico y, sobre todo, dañino. Porque lo que no se saca para afuera, se queda adentro y se manifiesta de la peor manera.

Pero ahí salió la tropa de homófobos militantes a enarbolar sus banderas de “valores” y “moral”. ¿Y es que acaso la condición de ser una persona de valores y moral es exclusiva de los heterosexuales? ¡No me extrañaría que entre esa tropa de moralistas haya pedófilos, zoófilos, necrófilos y otras desviaciones!

Es así como, a los heterosexuales, solo por serlo, les perdonan todo, mientras que a los homosexuales, solo por serlo, los acusan de todo. ¡Cuánto me gustaría ver a ese ejército de moralistas señalando y protestando por los corruptos, los asesinos, la crisis humanitaria, las torturas, el narcotráfico y tantos otros males que sí son males de verdad!

En el reino animal hay homosexualidad. Recuerdo una amiga que tenía un gato que sólo le gustaban los gatos machos. A ese gato nadie “lo volvió homosexual”. Los homosexuales nacen así. Y a quienes arguyen que sus hijos pequeños “pueden volverse así” les digo que, si es por eso, no se preocupen: la homosexualidad no se pega.

Una persona que tiene un hijo homosexual y que le parece que no debe serlo, ¿qué piensa hacer? ¿Matarlo?… A muchos los han botado de sus casas y execrado de sus familias, por ser “malos ejemplos”. De malos ejemplos puedo hacer una lista y les aseguro que la mayoría de sus protagonistas son heterosexuales, simplemente porque son la mayoría. Aprovecho esto para decir también que la humanidad no se va a acabar, como argumentaron unos cuantos. Si se acaba, no será porque todos nos vamos a volver homosexuales. ¡Increíble que haya que explicar algo tan básico!

También resulta increíble que en el siglo XXI se estén discutiendo todavía en muchas partes, los derechos de los homosexuales. Los países que han reconocido el matrimonio -o la unión civil, para no insultar a quienes defienden que el término “matrimonio” se refiere solamente a la unión entre un hombre y una mujer- han dado un paso adelante en la igualdad de derechos humanos. En una pareja homosexual estable, si no hay una unión civil, no pueden heredarse y tampoco pueden decidir sobre el futuro de su pareja en caso de una enfermedad terminal, para mencionar solo un par de aspectos que la ceremonia legaliza y con toda razón.

Los prejuicios están a la orden del día. Gente que se confiesa cristiana es la primera que está dispuesta a lanzar la primera, la segunda, la tercera y todas las piedras que hagan falta. Les recuerdo que, en el evangelio según San Juan, 8, 2-10, se narra la siguiente escena:

8:2 Y por la mañana volvió al templo, y todo el pueblo vino a él; y sentado él, les enseñaba.
8:3 Entonces los escribas y los fariseos le trajeron una mujer sorprendida en adulterio; y poniéndola en medio,
8:4 le dijeron: maestro, esta mujer ha sido sorprendida en el acto mismo de adulterio.
8:5 Y en la ley nos mandó Moisés apedrear a tales mujeres. Tú, pues, ¿qué dices?
8:6 Mas esto decían tentándole, para poder acusarle. Pero Jesús, inclinado hacia el suelo, escribía en tierra con el dedo.
8:7 Y como insistieran en preguntarle, se enderezó y les dijo: el que de ustedes esté sin pecado sea el primero en arrojar la piedra contra ella.
8:8 E inclinándose de nuevo hacia el suelo, siguió escribiendo en tierra.
8:9 Pero ellos, al oír esto, acusados por su conciencia, salían uno a uno, comenzando por ancianos; y quedó solo Jesús, y la mujer que estaba en medio.
8:10 Enderezándose Jesús, y no viendo a nadie sino a la mujer, le dijo: mujer, ¿dónde están los que te acusaban? ¿Ninguno te condenó?…

¡El mismo Cristo pidió que el que estuviera libre de culpa lanzara la primera piedra! Y hoy hay tantos lanzando piedras, que pareciera que la perfección se adueñó de ellos.

Hay una película, “American Beauty”, que describe magistralmente el prejuicio contra los homosexuales. Si no la han visto, les recomiendo que la busquen y la vean. Solo les adelanto que el homófobo más homófobo, para más señas militar, “macho man” en toda la extensión de la palabra, resultó ser un gay enclosetado.

Los sicólogos dicen que lo que nos molesta en otros es lo que tenemos dentro de nosotros mismos, pero que nos negamos a ver. Preferimos enterrar esas molestias -a costa de lo que sea- para ser como la sociedad supuestamente espera que seamos. ¡“El qué diran” ha hecho tanto daño! ¿Qué dirán quiénes? ¿Una masa anónima? A mí me importa lo que piensen y digan mis seres queridos más cercanos. La masa, me importa un comino.

Y a quienes se han hecho cruces con los hechos recientes por la toma del poder de los talibanes en Afganistán, les recuerdo que la homosexualidad está considerada un delito en la mayoría de los países que profesan el Islam y el castigo va desde la pena de muerte hacia abajo. ¿Es entonces selectiva la crítica? ¿Solo critican lo que no les gusta?… Aunque esta tendencia homofóbica en el Islam nació en el siglo XX. Antes de eso, era abiertamente aceptada.

En fin, en el mundo de hoy hay demasiados problemas para quedarse pegados en el tema de la homosexualidad, tan viejo como la humanidad misma e incluso considerado como algo inherente a la raza humana en sociedades anteriores al siglo XX. Y hay tantas cosas terribles de qué preocuparse en Venezuela, que rasgarse las vestiduras cual fariseos es una hipocresía más que agregar a la larga lista de hipocresías que tanto daño le han hecho a nuestras sociedades. Es la “vera veritá”…