La Vinotinto aburre en Boca Ratón

Mientras la selección Sub-20 da lecciones de planificación y coherencia en su paso por el Mundial de Corea, su hermana mayor, la Vinotinto, no se conmueve ante el ejemplo de los juveniles. Lo paradójico es que, visiones aparentemente antagonistas, son hijas del mismo padre: la Federación Venezolana de Fútbol.

La Vinotinto aburre en Boca Ratón

Primero lo primero. La selección se enfrentó a Ecuador en un estadio universitario. Con todo el respeto por la Florida Atlantic University, el equipo criollo no debería regalar prestigio jugando en cualquier lugar, aun cuando la recompensa económica sea muy grande. Esta gira por territorio norteamericano ha servido para recordarnos que en la FVF nada cambia, y que la improvisación sigue siendo un valor que cotiza muy alto. No olvidemos que el primer encuentro, ante Estados Unidos, no fue televisado para nuestro país.
En ese mismo sentido, cabría preguntarse si la pequeña placa entregada a Juan Arango se ajusta a lo que debe ser un homenaje. El ex capitán vinotinto ha dicho, por activa y pasiva, que su partido de despedida será en Venezuela, sin embargo, cualquier homenaje debería respetar ciertas formas, y evitar así el ridículo de entregarle una insípida e insignificante condecoración al más importante futbolista de nuestra historia. Nuevamente queda demostrado que los grandes rivales del fútbol criollo viven dentro de su propio ecosistema.
El partido fue poco atractivo. Marcos Mathías, encargado de dirigir al equipo ante la ausencia de Rafael Dudamel, planteó una defensa cuando menos llamativa: tres futbolistas lentos (Jhon Chancellor, Mikel Villanueva y Rolf Feltscher) y uno que nunca se ha sentido cómodo en esa posición (Alexander González) conformaron la retaguardia. Esta elección condicionó de sobremanera el accionar vinotinto; cada pérdida del balón por parte de los criollos, o cualquier recuperación ecuatoriana, se transformó en un calvario para los venezolanos, que no reaccionaron con el timing necesario, perdiendo todas las batallas frente a los atacantes rivales.
El autogol de Villanueva es consecuencia de esa inseguridad que transmitían los venezolanos. Más pendiente de que no le ganaran el espacio, el defensor reaccionó tarde y no despejó correctamente uno de los tantos centros que llegaron desde los costados. Y es que a la falta de coordinación de la línea defensiva hay que agregarle que los volantes centrales, Arquímedes Figuera y Junior Moreno, no ordenaban al equipo.
Muchos exigen a los mediocampistas centrales que “metan pierna”. Creo que la idea debe ser otra, ya que son ellos quienes gozan de una mejor visión de juego y, gracias a ello, hacen de vasos comunicantes entre las distintas líneas del equipo. La falta de rodaje de la pareja elegida por Mathías fue aprovechada por los ecuatorianos, quienes dispusieron del tiempo necesario para recibir el balón en el centro del campo y darle continuidad a sus avances por los costados criollos.
Aun así, Ecuador no supo capitalizar su superioridad, lo que permitió que Venezuela creciera, poco a poco, hasta construir una muy buena maniobra que nació por el costado izquierdo, continuó hasta la banda derecha y luego fue definida, en el centro, con un gran disparo de Moreno.
Venezuela no fue mucho más que eso. En la segunda etapa generó un par de ocasiones que no supo aprovechar Salomón Rondón. El delantero criollo debe hacer una profunda reflexión sobre su rendimiento y su actualidad. La temporada que acaba de finalizar fue la menos regular desde que está en Europa, y con la selección todavía no cuaja una actuación acorde a sus condiciones. Quizá sea rehén de la mediocridad futbolística del West Brohmwich, un equipo que se dedica a defender muy cerca de su área, sacrificando cualquier intento de construcción de juego. Rondón lo sufre y su mal momento se prolonga en el tiempo y en la selección.
El partido también dejó algunas noticias positivas. Jhon Murillo sigue su proceso de consolidación, del mismo modo que Rómulo Otero se confirma como el jugador con mayores recursos en la construcción de juego. El segundo tiempo, flojo y pobre para ambos conjuntos, evitó que las conclusiones fuesen mayores. Quedará en el cuerpo técnico revisar el duelo nuevamente para determinar quienes, como Moreno, se ganaron una nueva oportunidad, y quienes deben ir bajándose del tren vinotinto.
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