<iframe src="//www.googletagmanager.com/ns.html?id=GTM-K8BB9HX&l=dataLayer" height="0" width="0" style="display:none;visibility:hidden"></iframe>

Las historias no contadas del Poliedro de Caracas

El mayor recinto para espectáculos en la ciudad, habilitado hoy como hospital de campaña para atender a pacientes con covid-19, tiene una historia de 46 años de actividad. Antes de ser dedicado principalmente a eventos políticos, fue caja de resonancia de la evolución musical de Venezuela y del mundo

Las historias no contadas del Poliedro de Caracas

Cuando fue inaugurado el Poliedro de Caracas, el 26 de marzo de 1974, su primer director, el músico Aldemaro Romero, gran aficionado al deporte, y muy especialmente al boxeo, quiso hacerlo con una pelea del mejor nivel, la del título mundial de los pesos pesados.

En ella, el titular de esa categoría, George Foreman, defendería su corona frente al también estadounidense Ken Norton, poderoso aspirante a desplazarlo de esa categoría. Como para remarcar la importancia del encuentro pugilístico que marcaría el inicio de actividades del mayor templo del espectáculo que, desde entonces y hasta ahora, ha tenido Venezuela, se trajo como invitado especial nada más y nada menos que a Muhammad Alí, admirado icono planetario del boxeo y de la lucha antibélica.

La atención de los aficionados de todo el orbe estaba centrada en ese combate que, paradójicamente, duró apenas cinco minutos, al ser noqueado el aspirante, para sorpresa de todos, en el segundo round. De esta atípica manera inicia el Poliedro sus 46 años de actividades, en los cuales, hay que decirlo, no han sido los eventos deportivos su mayor baza, sino los espectáculos musicales, que han copado su programación en un porcentaje abrumadoramente más alto.

En todo este tiempo solo ha tenido dos paréntesis: cuando lo habilitaron para alojar damnificados del deslave de Vargas en 1999 y actualmente, convertido en un hospital de campaña para atender pacientes asintomáticos y con síntomas leves de Covid 19.

En casi medio siglo han pasado por su escenario las más relevantes luminarias de la música, tanto nacional como internacional, configurando una historia notable, llena de sucesos, retos, buenos momentos y otros que no lo fueron tanto, que hoy les contamos a través de los testimonios de siete testigos de este devenir: el periodista deportivo Jesús Cova, el cronista musical Félix Allueva, la cantante Mirla Castellanos, el gerente cultural William López, presidente del Poliedro en una de sus épocas más estelares, la actriz Carolina Perpetuo y los representantes artísticos María Gómez y Luis Capecchi,

Jesús Cova: Inauguración con nocaut fulminante

Jesús Cova: “Apenas cinco minutos duró la pelea inaugural”. Foto: Alirio Vargas

El 26 de marzo de 1974 fue inaugurado el Poliedro de Caracas con la pelea entre los pesos pesados Ken Norton y George Foreman, este último campeón invicto en esa categoría.

Después de un primer round bastante parejo, Foreman golpeó a su oponente en el siguiente campanazo, enviándolo al lienzo tres veces, en una demostración convincente de poder de nocaut.

Muhammad Alí vino como invitado especial de VideoTechnics, empresa norteamericana que organizó el encuentro a través de Don King. Bob Aron asistió como abogado de la empresa organizadora. Estos dos últimos, King y Aron, se convertirían a la larga en los dos mejores y más conocidos promotores de boxeo.

La Norton-Foreman resultó un combate muy breve. Terminó en el segundo round. Cinco minutos duró la pelea en acción sobre el ring (fuera del minuto de receso): 3 el primero y 2 el segundo.

Poco después de haber terminado la pelea, Alí comentaría que si él hubiera visto a Norton en el hotel, pues llegó tarde a buscarlo y ya Norton se había ido, le hubiera enseñado la táctica correcta para ganarle a un hombre con la capacidad ofensiva de Foreman, que era mantenerse resistiendo contra las cuerdas.

La prueba de que esa táctica hubiera funcionado, la puso de manifiesto el mismo Alí cuando, el 30 de octubre de ese mismo año 1974, enfrentó a Foreman por el campeonato mundial en Zaire, hoy República Democrática del Congo, y le ganó en ocho rounds, convirtiéndose así en el primer perdedor del peso completo que recuperó el título en esa categoría, que había perdido cuando se negó a ir a la guerra de Vietnam como soldado estadounidense en 1971.

Otros combates boxísticos realizados en el Poliedro, dignos de mención, fueron los tres que enfrentó el púgil venezolano Leonel Hernández: con el nicaragüense Alexis Argüello, el 15 de marzo de marzo de 1975, donde ganó el visitante por nockaut técnico; con el boricua Alfredo Escalera “El Salsero”, el 20 de septiembre del mismo año, por el título mundial súper pluma de la Asociación Mundial de Boxeo (A.M.B.) que Hernández perdió por decisión; y finalmente, el 29 de mayo de 1981, cuando el venezolano se enfrentó a otro puertorriqueño, Samuel Serrano y perdió por decisión dividida.

Fuera del deporte recuerdo en el Poliedro los espectáculos de Hopalong Cassidy y El Chavo.

María Gómez: No me gustaba mucho trabajar allí

María Gómez: “Era muy costoso montar un espectáculo allí”. Foto: Producciones María Gómez

En 1974, yo trabajaba para Televisa de México. Me habían contratado para monitorear lo que pasaba aquí con el material de ellos en televisión. Miraba los canales, les hacía seguimiento y les mandaba reportes.

Cuando vino la inauguración del Poliedro, me dijeron que mandarían un equipo de Televisa para cubrir la pelea inaugural entre George Foreman y Ken Norton y que debía acompañarlo. Nos ubicamos en el lugar destinado a los corresponsales, alrededor del ring.

Estábamos tan cerca que escuchamos lo duro que sonó el golpe que mandó a Norton a la lona empezando apenas el segundo round. El problema que tenían los de Televisa era cómo continuaban la retransmisión de algo que había terminado tan abruptamente. Estaban decidiendo qué hacer con el resto del tiempo. Todo el mundo se llevó las manos a la cabeza. Así fue la inauguración del Poliedro de Caracas. De paso, muchos de nosotros pensamos que esa no debería ser la inauguración de un sitio tan importante como ese.

Ya como productora y empresaria artística hice allí varios espectáculos. De los internacionales recuerdo como muy exitosos los de Mecano, que llenaron tres veces y rompieron todos los récords de ese recinto; Alejandro Sanz, una gran sorpresa desde la primera vez que vino con su Corazón partío y Serrat, Ana Belén, Víctor Manuel y Miguel Ríos, con El gusto es nuestro, estelarizaron un suceso artístico en toda regla. Todo el mundo todavía se acuerda de ese notable espectáculo.

Tumultuoso Chavo

El Chavo del 8 literalmente arrasó en una sola función, donde hubo tanto tumulto que la gente, pujando por entrar, rompió las puertas. Los policías y los bomberos se fueron y nos dejaron solos. Roberto Gómez Bolaños calmó a la gente y el show se hizo con los que finalmente entraron y atiborraron las gradas.

poliedro

Foto: Producciones María Gomez

De artistas nacionales, recuerdo el show de Karina y Melissa, con Miguel Bosé como artista invitado, cuando aquí todavía no estaba tan pegado. Rocío Dúrcal actuó varias veces, pero la que más recuerdo es la de un Día de los Enamorados, cuando colocamos sillas y mesas en la pista, algo que no se había hecho hasta entonces y dio muy buenos resultados, al extremo que se agotó el whisky.

A mí no me gustaba mucho trabajar en el Poliedro, por su forma, por la acústica. Donde trabajé más fue en el Teresa Carreño, que sí era ideal para mis espectáculos. Solo llevaba al Poliedro los artistas que estaba segura que iban a llenar.

A nivel de producción existían muchos problemas, tenías que pagar para todo: para que pusieran la tarima, las luces y el sonido. Los camerinos eran un desastre y aparte había que pagar mucha seguridad para que no se colearan. Era muy costoso montar un espectáculo allí.

Félix Allueva: Grandes momentos del pop rock

poliedro

Félix Allueva: “Su construcción reflejó la evolución musical de Venezuela”. Foto: Andrea Allueva

El Poliedro vino a resolver muchos problemas de producción para la música, el teatro y el deporte. Porque en los años 60 los grandes artistas musicales se presentaban en el Coney Island de los Palos Grandes y luego en los teatros, los cines y las salas de fiestas de los hoteles, entre ellos el Tamanaco, por donde pasaron los grandes artistas de esa década.

Cuando buscabas un espacio con un aforo de 5 mil a 8 mil personas optabas por el Nuevo Circo, pero tenía muchas limitantes, pues era un recinto para la fiesta brava, con camerinos inadecuados y piso de arena. Por ello, en materia de grandes recintos para espectáculos, el Poliedro vino a llenar un vacío.

Estaba también la Concha Acústica en Colinas de Bello Monte, pero por mi experiencia su problema era el entorno. Porque allí se hizo la Concha, pero luego comenzó un desarrollo urbanístico alrededor, que ocasionó que, siendo un espacio ideal, tenía el problema de la contaminación sónica que afectaba a los vecinos. Era ideal para pequeñas orquestas y espectáculos teatrales, pero cuando metes amplificación, como en el caso de los conciertos de rock, venían las protestas.

El Poliedro me parece un buen sitio para la producción de eventos. Su construcción e inauguración en 1974 reflejaba, de una u otra manera, la evolución musical en Venezuela y el mundo. Era un espejo de lo que estaba sucediendo musicalmente. Fue el templo de la salsa en los 70, el sitio donde se presentaba lo más importante, tanto de ese género como de otras expresiones musicales, nacional e internacionalmente.

Evolución musical en acción

En pop rock hay varios momentos. Desde su nacimiento hasta finales de los 70, fue la referencia del rock vinculado al sonido negro afroamericano.

El primero que presencié allí en 1976 fue Deodato, luego Mandrill, una banda importante, muy al estilo de War. Pasaron también Joe Cocker, Billy Preston y, por supuesto, todo el disco, desde Gladys Knight, hasta Barry White, Gloria Gaynor y Donna Summer.

El concierto de Vytas Brenner y los Balzehaguaos de Frank Quintero, en 1978, resultó el mejor momento de las dos bandas. Reunirlas en el Poliedro fue algo histórico. Lleno total, porque todos esperaban ver juntas a las dos formaciones más importantes del rock de la época.

Después viene una fase distinta, que se caracterizó por una bipolaridad musical, porque al comienzo de los 80, los primeros cuatro años, habían dos tendencias que no se podían ver: las guerras de minitecas y uno que otro DJ que venía de Estados Unidos, como Bil Keart, de Studio 54. Eso por un lado. Del otro lado, el naciente y poderoso heavy metal, el rock pesado venezolano, que en el momento era capaz de llenar el Poliedro con Arkángel de Paul Gillman, Resistencia y La Misma Gente, la banda de Petete. Eran muchas bandas, pero esas son las tres de mayor referencia.

Esa bipolaridad subrayaría la presencia del metal, porque además del rock venezolano, pasaron por allí Peter Frampton, Queen, Harlequin, una banda canadiense; Joe Perry, guitarrista de Aerosmith, al que le abre Arkángel. Perry, según la leyenda urbana, le propuso a Paul Gillman acompañarlo en la gira.

En esa onda del metal estuvo Edgar Winter y una banda vital del rock en español, Barón Rojo, de España. Esto empezó a cambiar y luego vinieron Saga, del rock progresivo, y un concierto loco que se llamaba Poésica, donde Alfredo Escalante, ataviado con una capa negra, recitaba sus poemas. Era poesía con psicodelia, acompañada de una serie de bandas del rock sinfónico nacional.

Invasión rockera iberoamericana

Luego viene otra fase, un cambio significativo en 1984, que es la aparición del punk. En 1983 ya se asomaban algunas bandas, como Seguridad Nacional y Sentimiento Muerto. Hubo un primer intento de darle espacio en el Poliedro y el recinto empieza a cambiar en cuanto a la su fisonomía musical. Ahí aparece El Rock en tu idioma, ciclo motorizado por las disqueras latinoamericanas, que empezaron a grabar grupos de rock en español. De Argentina estaban Charly García, Fito Páez, Soda Stereo y Andrés Calamaro, una movida oferta que se proyectó hacia toda América Latina. En España destacaban Mecano y Hombres G.

Era una invasión iberoamericana que llegó poco a poco poco. Primero en Mata de Coco, pero ese local era solo para mil personas, por lo que luego se extendió al Poliedro. Por allí pasaron Charly, Soda, Fito y entre los grupos nacionales, la nueva camada que les servía de teloneros, donde figuraban Sentimiento Muerto y Zapato 3, las dos referencias más importantes, y Desorden Público, que le abrían a toda esta oleada de música de rock latinoamericana. Inclusive hubo un concierto de Sentimiento Muerto en solitario en el Poliedro y le fue muy bien.

En los 90 estaba pasando un poquito de todo, pero sigue mandando el rock latino: vino La Unión, de España; volvió Santana y en 1993 se presenta Peter Gabriel, la vanguardia de la vanguardia. Creo que fue uno de los primeros en actuar en el estacionamiento, porque el Poliedro, que solo recibía de 13 mil a 15 mil personas, empezó a quedarle pequeño a muchas bandas, por eso las cosas se van transformando con ese espacio alterno exterior. Así fue que el Poliedro comenzó a usar el estacionamiento para ampliar su espacio.

En el pop rock se mantiene la línea. Se hace el Festival de Música Latinoamericana en 1993, que coordinaba el Ateneo de Caracas. Dos años antes, en 1991, hubo un gran festival de rock en español muy importante, celebrado durante dos fines de semana en el cineauto de El Cafetal, donde estuvieron, entre otros, Los Prisioneros, de Chile; Paralamas, de Brasil, algunos de los argentinos y una buena camada de los venezolanos del momento. Ese mismo año actuó en el Poliedro Luis Alberto Spinetta, alternando con Desorden Público.

Y cerrando la década, en 1999 la presentación de Metallica reventó el Poliedro. No estábamos acostumbrados a un sonido tan poderoso como el de esa banda. En 1997, el último concierto de Soda Stereo, la despedida, se hizo en el estacionamiento con una asistencia impresionante. Un acontecimiento.

Decadente nuevo siglo

En el nuevo siglo, el Poliedro empezó a mostrar su decadencia, como un reflejo de lo que pasaba en el país a nivel político. Pero aun así, ocurrieron cosas interesantes, como Juanes, que viene varias veces; Phil Collins, The Wailer, la banda de Bob Mailer; Manu Chao, un personaje importante comenzando la década, que se identificó con el régimen, por lo que hace dos conciertos gratis: abre con uno full y otro que fue un barranco. Era muy arriesgado meter 20 mil personas en dos días.

Destacan también Motorhead y Aerosmith, que vino dos veces: en 2009, para un concierto adentro, y en 2013, cuando se presentó en el estacionamiento.

Guns and Roses fue al revés: en 1992 actuó en el estacionamiento, con el Conde del Guácharo como telonero, una locura. Y la segunda vez, en 2010, dio su concierto dentro del recinto.

En 2013 el régimen le mete plata al Poliedro y fue una buena renovación, lo reconozco. Mejoró baños y camerinos, que estaban muy deteriorados.

Hice algunas cosas allí. La que más recuerdo fue un concierto de Paralamas do Sucesso y por Venezuela Los Gusanos, en 1994. Se montó como primer evento oficial de la Fundación Nuevas Bandas.

La decadencia del Poliedro fue progresiva. Empezaron a gerenciar desde una perspectiva política e ideológica. La programación cambió y el entorno se tornó muy agresivo e inseguro. Si salías de madrugada, tenías la posibilidad de ser atracado. Se convirtió en zona roja. El matraqueo también alejó a los empresarios. Es un buen reflejo de cómo se deterioró todo en el país. Y ahora, con la pandemia, llegó al non plus ultra.

William López: Mi gestión fue exitosa y honesta

William López: “Mi gestión supera a las de estos últimos 20 años”. Foto: Fundación Rajatabla

Cuando llegué al Poliedro como gerente general, en junio de 1994, era una dirección adscrita al Instituto Nacional de Hipódromos. Todo lo que allí se recaudaba se le daba al INH, que pagaba la nómina pero no mantenía el edificio, que tenía muchos problemas de infraestructura. Hablé con Andrés Caldera, ministro de la Secretaría de la Presidencia, de quien dependíamos, y le propuse convertirlo en una Fundación que administrara sus propios recursos. El Poliedro era la niña mimada de su padre, Rafael Caldera, el mandatario de turno, pues se había inaugurado en 1974, bajo su primera administración.

En el ministerio de la Secretaría me pidieron hacer las gestiones pertinentes para convertirlo en Fundación. Empecé a mover los documentos ante la consultoría jurídica y le llevé el proyecto al ministro, quien lo revisó, le hizo los ajustes necesarios y se lo llevó a su papá, el Presidente, quien lo aprobó.

Así nació la Fundación Poliedro de Caracas en 1995. Se nombró una junta directiva con delegados de diferentes organismos y yo como presidente, propuesto por el ministerio de la Secretaría. A partir de entonces, todo el dinero que entraba iba a una cuenta a nombre del Poliedro y así comienzo una gestión exitosa.

Hice un balance de los daños que tenía la estructura: goteras en los pasillos y en la cancha principal, entre otros. Desde que lo dirigí, que fue hasta el año 2000, nunca le pedí dinero al gobierno, pues con el que generábamos se autofinanciaba. Llegó un día en que no había fechas para nada, todo estaba programado con los empresarios, 40 por ciento para el Poliedro y 60 por ciento para ellos. Con ese dinero fui haciendo una caja grande e hicimos una licitación para repararlo. Tres o cuatro compañías concursaron y la que ganó arregló la iluminación, el techo, los baños, dos años duró ese proceso. Hice un convenio con los concesionarios de los bares para sustituir el régimen de alquiler por un porcentaje en las ventas para la Fundación, lo cual terminó dándonos más dinero.

El escenario de las misses

Ya para 1998 todo estaba marchando bien. Laura Pausini fue la primera artista que se presentó bajo mi administración y luego pasaron por allí, entre muchos otros, Maná, Miguel Bosé, Metallica, Shakira, Luis Miguel, el mago David Coppperfield, Juan Gabriel, varios espectáculos de las ediciones sucesivas del Festival Internacional de Teatro que se hicieron durante mi gestión, el Disney On Ice, Eros Ramazzotti, Whitney Housten, Carlos Vives, Luis Enrique, los Meridiano de Oro todos los años desde que llegué, así como la elección de Miss Venezuela, que hicimos a través de un convenio con Venevisión por un precio especial, a cambio de promoción, pues me convenía publicitar el Poliedro.

Cuando la vaguada de La Guaira, el presidente Chávez tomó la decisión de que los damnificados fueran al Poliedro. Allí alojamos 1.200 familias. Les dábamos las tres comidas y dormían en los pasillos. Pasó el tiempo y como teníamos compromisos contraídos, hice el planteamiento de posibles demandas legales por incumplimiento, por lo que empezamos a buscar la salida de los damnificados, a los que finalmente reubicaron en Ciudad Caribia.

Al quedar el Poliedro libre, empezamos a montar espectáculos otra vez. Allí seguí los dos primeros años del gobierno de Chávez, hasta enero de 2001, mientras Alfredo Peña fue ministro de la Secretaría. Cuando él dejó el despacho, me despidieron a través de una escueta carta, para ser sustituido por un amigo de Nicolás Maduro, al que después le descubrieron algunas cosas y le pidieron la renuncia para no destituirlo.

El estacionamiento como escenario

Luego fui director de Cultura y Turismo de la Alcaldía Metropolitana, con Alfredo Peña cuando todavía era chavista. Desde mi salida el Poliedro decayó. Yo trabajaba allí desde las 8 de la mañana hasta las 11 de la noche, cuidando todos los detalles, hasta en el control de las colas en los espectáculos.

Fuera del ámbito artístico, en mi gestión hubo otros eventos grandes, como los salones del automóvil, de la construcción, del mueble y de la vivienda, todos promovidos por mí. También motoricé la primera corrida de toros que se hizo allí, que resultó un poco atípica, así como varios encuentros boxísticos.

Frente a mi gestión, las de estos últimos 20 años no tienen nada que buscar. Los empresarios se quejaban permanentemente y me contaban cosas que no puedo repetir. Como empezaron a martillarlos, progresivamente se fueron yendo a otros sitios, como el CCCT, Mata de Coco y los hoteles, pues la situación se les hizo muy difícil. Allí se montó el show de la salsa, la fiesta llanera y unos pocos más, pero el año pasado y el antepasado no hubo nada.

El Poliedro tiene un aforo de 13 mil 500 personas sentadas y con la “olla” habilitada para público alcanzaba las 15 mil. Para aumentar esa capacidad, en mi gestión se empezó a utilizar el estacionamiento. Recuperé un terreno baldío y lo usé para espectáculos como el de Guns and Roses. A veces se hacían eventos simultáneos, dentro y fuera del Poliedro. La demanda era muy alta, las fechas disponibles se ocupaban rápidamente.

Fui un tipo honesto y de ello me siento orgulloso. Cuando entregué el Poliedro era una tacita de plata, todo arreglado, incluyendo baños y camerinos.

Mirla Castellanos: Escenario de lujo

Mirla Castellanos: “Un lugar a tono con la magnitud del Miss Venezuela”

He tenido buenas y maravillosas experiencias en el Poliedro. He pisado varias veces ese escenario tan espectacular. Hice muchísimos shows del Miss Venezuela, con las grandes producciones de Joaquín Riviera. He tenido también presentaciones con Sábado Sensacional y eventos privados.

Mi esposo (el empresario artístico Miguel Ángel Martínez) organizó un evento con Raphael y conmigo. Me acuerdo que ese mismo día me presentaba en Sábado Sensacional, donde me iban a entregar un Disco de Oro, y tenía que terminar e irme corriendo al Poliedro. Cuando llegué no tenía sitio donde estacionar, porque eso estaba full, pues dos días antes se había agotado la taquilla. Una experiencia muy linda. A mí me fue de maravilla y a Raphael espectacular.

El del Poliedro es un escenario fabuloso, por sus dimensiones en tarima, lo que facilita la realización de producciones a lo grande. Estoy orgullosa de haber participado en algunas realmente fastuosas, de lujo, como las del Miss Venezuela, de un nivel supremo.

Asombrados corresponsales

Los periodistas e invitados especiales que venían de afuera quedaban maravillados con lo que allí veían.

Me acuerdo que le hice un comentario a alguien de la producción del certamen, en un ensayo, preguntándole las razones por las que todos los años los invitados extranjeros venían a ver el concurso y se afanaban por ello. Y él me respondió: “Vienen por dos curiosidades: porque dicen que sabemos elegir a quien va a ser Miss Universo o Miss Mundo, o se lucirá destacadamente en ambos certámenes. Eso es un punto muy importante. Y segundo, por la gran magnitud del local, que realmente los impresionaba, y de lo que Joaquín Riviera era capaz de lograr con su afiebrada imaginación, con carros en escena, animales, gimnastas, grupos folklóricos, aquel derroche de bailarines, figurantes y efectos de todo tipo para hacer lucir estupendas a las misses participantes”.

No salían de su asombro cuando se daban cuenta de la espectacularidad del techo y la disposición de las gradas alrededor, con aquel sonido, aquella escenografía, aquellas luces, aquel desplazamiento artístico tanto de bailarines, cantantes, músicos y de todo aquello que Joaquín inventaba. Para ellos era como un gran hallazgo noticioso todo lo que servía de marco a la elección de Miss Venezuela.

Yo diría que cualquier artista que se precie de serlo nunca podrá olvidar haberse presentado en el Poliedro. Yo he participado allí en muchos espectáculos a lo grande, conmigo, con otros artistas, con artistas nacionales y extranjeros.

Estoy orgullosísima de todo lo que he hecho en ese escenario tan emblemático de nuestra ciudad, un lugar donde han pasado muchas cosas importantes y muy buenas. Ojalá perdure para siempre el Poliedro de Caracas.

Carolina Perpetuo: Trifulca con Peter Frampton

Poliedro

Carolina Perpetuo: “Lo vi nacer y crecer desde que lo construían”

Tengo grandes memorias del Poliedro. Primero, porque fue construido cerca del hipódromo, y yo crecí allí. Mi papá era entrenador de caballos y a diario íbamos a los traqueos. De manera que yo presencié incluso cómo se fue construyendo y lo que iba a ser, que es ese imponente coloso de techo poliédrico que con aquellas dimensiones se erigía como una cosa futurista para el momento. Luego, cuando se inauguró y empezaron a traer eventos, llegué a ver allí, con mi papá, al ballet Moiseiev, que era de la Unión Soviética, y al Berioshka, porque a mi papá le gustaban mucho esas cosas.

La primera vez que asistí a un gran espectáculo de rock fue al de Peter Frampton, donde se formó un zafarrancho horroroso, que nunca olvidaré, porque me fui escapada, metí una mentira en mi casa y me marché en mi carrito hasta La Rinconada..

Yo tenía 16 años y me metí coleada porque ni siquiera era mayor de edad. Pero bueno, me la jugué y me vacilé a mi Peter Frampton, hasta que él se puso furioso y batió el micrófono contra el suelo y abandonó el escenario, porque se armó una trifulca entre la policía, que custodiaba el borde del escenario, y la gente que quería estar en la olla, lo que ocasionó que los agentes empezaran a tirar rolazos.

Se armó una pelea, la eterna animadversión entre la policía y los “peludos”, porque todos los que fueron a ver ese espectáculo en aquella época eran unos peludos rockeros. Cuando el cantante dejó el escenario se terminó de desatar la molestia de todo el mundo y hasta ahí duró el concierto.

Pero debo decir que en aquel momento en el Poliedro estaba todo muy bien organizado. A pesar de que eran espectáculos mutitudinarios, había muy buen control, como tiene que ser. Cuando te daban tu ticket te indicaban la puerta por donde ibas a entrar, por donde ibas a bajar, habían guías que te orientaban. Así fue en otro de mis grandes espectáculos como espectadora, el de Tina Turner, que vino con una banda que se llamaba Love & Kisses, que tenía un sonido muy setentero, muy disco.

También vi a Police en los dos conciertos que ofrecieron. Tocaron sábado y domingo. Más adelante fui al de Peter Gabriel, ya en el estacionamiento, igual que Soda Stereo. Recuerdo otro concierto memorable con Víctor Manuel y Ana Belén, el matrimonio de cantantes españoles, junto a Miguel Ríos y Joan Manuel Serrat. El espectáculo se llamaba El gusto es nuestro. Habían dispuesto abajo unas mesas, tipo salón de fiesta.

Asistí a bastantes juegos de basketball de la liga nacional, porque yo era fanática de Bruno D’Adezzio, el piloto de los Cocodrilos de Caracas. Me encantaba verlo. Yo me lanzaba los domingos en la mañana para el Poliedro a ver mi partido, más de una vez lo hice.

Vi muchos conciertos de salsa y noches gaiteras, era un lugar que siempre te impactaba, en cada espectáculo disfrutabas una experiencia distinta, porque su acústica y los efectos de iluminación impresionaban También sufrí decepciones. Tenía mi ticket para ver uno de los dos últimos conciertos de Queen en Caracas, de los cinco que tenía programados, pero a ambos los suspendieron a raíz de la muerte de ex Presidente Rómulo Betancourt, por lo que solo hizo los tres primeros. Frustración total.

Ataviada a lo Marilyn

Luego, como artista, y después de haber sido tantas veces público, poder conocer las instalaciones tras bastidores y trabajar allí fue un lujo, una delicia.

Primero lo hice en el Miss Venezuela, en un homenaje que nos tributaron a las misses de 1986, junto a Raquel Lares, Mayte Delgado y, en la distancia desde Buenos Aires, Catherine Fulop. Y en otra ocasión, en 1995, participé en un segmento musical con varias actrices ataviadas a lo Marilyn Monroe.

Trabajar allí bajo la batuta de Joaquín Riviera era una garantía de éxito, porque él era un hombre muy organizado con su trabajo, muy disciplinado, muy estricto, al que no se le escapaba ningún detalle. Sus producciones eran impecables. Todo estaba muy bien articulado y pautado, desde la hora de llegada hasta los ensayos, que eran arduos.

Para cualquier artista actuar en ese escenario es todo un lujo. Y ni hablar de cuando lo vives en vivo, con ese público tan entusiasta. La adrenalina es intensísima, a millón, máxima. Salir ante toda esa cantidad de público es una indescriptible e intensa experiencia. Otra vez fui como jurado, en el Miss Venezuela 2005. El Poliedro, sin duda, guarda grandiosas memorias de Caracas y del acontecer artístico venezolano.

Luis Capecchi: Un recinto con mágica energía

Luis Capecchi: “Un espectáculo en el Poliedro es una gran experiencia”. Foto: Alirio Vargas

Asistir al Poliedro como público es una gran experiencia, pues siempre se cumplen las expectativas de haber visto un buen espectáculo, ya sea un artista nacional o internacional. Estar en la olla es así como tener más estatus, conseguirte tanta gente conocida, saber que te vieron y que estabas allí.

Eso siempre fue muy mágico y en la parte profesional lo es más aún, ya que había una responsabilidad personal. He vivido varias experiencias inolvidables, como acompañar a artistas míos nacionales a presentarse en ese gran recinto, como Mirla Castellanos en los espectáculos de Miss Venezuela. A ella misma el año pasado, en la elección de la Reina del Cacao, que fue maravillosa. Y a Francisco León en otro Miss Venezuela.

Con los artistas internacionales que acompañé como estrellas en el máximo certamen de la belleza nacional, siempre resultó espectacular, como los casos de los mexicanos Pablo Montero y Patricia Manterola, de los que recuerdo en este momento.

También me viene a la mente una rueda de prensa que hice en el Poliedro con Eros Ramazzotti, con motivo de un concierto de él allí, Y luego con Maluma y Romeo Santos.

Con Juan Gabriel la experiencia solo puedo calificarla de inolvidable, porque él ordenó poner el escenario en el centro de la olla y todo el Poliedro podía ver el espectáculo claramente desde su perspectiva visual. Eso lo hizo en las dos oportunidades que tuve de trabajar con él allí. La primera vez había pedido que la gente de Sony Music, sello para el que yo trabajaba en ese entonces, estuviera en una mesa y en un momento de su show repentinamente comenzó a mirarnos y a picarnos el ojo, haciéndonos sus típicas señas y mohines, en un segmento muy divertido.

Otros conciertos para el recuerdo fueron el de Whitney Houston y el de Ricardo Arjona. Y cómo pasar por alto el que organicé para Julieta Venegas.

Para mí el Poliedro es un recinto que tiene una magia y una energía desbordante.

Lecciones bolivianas

Sencillo y simplista es ver el resultado de las elecciones en Bolivia desde la óptica polarizante. Ramón Guillermo Aveledo propone otra mirada que permite, incluso, extraer un aprendizaje. O varios: para cada bando hay