Llegó (otra vez) el Oktoberfest

El 181º Oktoberfest, la fiesta de la cerveza y las tradiciones bávaras, comenzó este sábado en Múnich cuando el alcalde de la capital bávara, Dieter Reiter, abrió el primer barril al grito de "O'Zapft is" ("Ya está abierto").

Llegó (otra vez) el Oktoberfest

Reiter necesitó cuatro mazazos para abrir este barril de 200 litros en su estreno en semejante tarea, para lo que durante la semana recibió entrenamiento de un «abridor» de una de las braserías de Múnich.

Pocas ciudades verían con buenos ojos que su alcalde se entrene para abrir barriles de cerveza, pero en Múnich, la capital de «la mayor fiesta popular del mundo», eso es diferente.

En el Oktoberfest, todo es una cuestión de tradición: el «O’Zapft is» se grita en el dialecto bávaro, justo a mediodía, y desde 1950 da inicio a 16 días de celebraciones.

Por la mañana, los carruajes de las seis cervecerías muniquesas (Augustiner, Hacker Pschorr, Hofbräu, Löwenbräu, Spaten y Paulaner), fundadas entre los siglos XIV y XVI y las únicas autorizadas a servir esta bebida fermentada, desfilan por las calles al ritmo de la fanfarria.

Para Johanna Kriessl, de 53 años, «el programa del día es una ‘mass’, un ‘hendl’ (medio pollo) y vuelta a casa». Esta mujer, originaria de Fráncfort pero residente desde hace ocho años en Múnich, adora sobre todo «el buen ambiente» y la «tradición del tracht» (prendas tradicionales bávaras).

Por toda la ciudad, y especialmente en la «Theresienwiese» (la pradera de Teresa), el espacio de 34,5 hectáreas en el que se celebra la fiesta, se puede ver a hombres con «Lederhose» (pantalones de cuero) y mujeres con «dirndl» (vestido de corsé que realza el pecho).

«No creíamos que hubiera tanta gente» y tantas mujeres «con el traje tradicional», reconocía Hermine Bressot, una francesa de 30 años que se había sumado a la moda local.

La jornada continúa intentando deslizarse en una de las catorce carpas gigantes (la más grande puede dar cobijo a 10.000 personas) para compartir con los amigos una de las cervezas especialmente elaboradas para la ocasión y un poco más fuerte de lo habitual.

Pero durante los fines de semana, los bávaros suelen permanecer alejados, según Barbara Huber, una muniquesa de 50 años que asistió al desfile en familia.

«Los bávaros no van casi nunca a la pradera el primer día, vamos más durante la semana», explicó. Entonces hay menos gente y los locales puede saborear realmente la cerveza entre amigos, un momento que «para nosotros, tiene un gran valor».

El origen del Oktoberfest se remonta a las nupcias del que más tarde sería el rey Luis I de Baviera con Therese von Sachsen-Hildburghausen, el 12 de octubre de 1810.

«Para nosotros es realmente bonito juntar a toda la nación bávara en esta pequeña superfice», añadió. Al decirle que, en el extranjero, la fiesta está considerada un símbolo de Alemania, Barbara terció: «No, es Baviera, es Múnich».

Una forma de mostrar que Baviera, oficialmente denominada Freistaat Bayern (Estado Libre de Baviera), está muy orgullosa de sus particularidades.

A pesar de la gran asistencia de turistas de todo el mundo, el Oktoberfest sigue siendo un evento principalmente bávaro, ya que el 72% de los visitantes vienen de este Land.

El año pasado, unos 6,4 millones de personas acudieron al Oktoberfest, donde se saboreraron unos 6,7 millones de litros de cervezas.

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