Lo que espero de la Vinotinto contra Perú

Era imposible pensar, cuando Noel Sanvicente tomó el mando de la selección, que a Lima se llegaría sin puntos en la cuenta corriente y con una gran deuda de juego colectivo. Por eso, mientras muchos se deliran sacando cuentas, para este redactor hay cosas más importantes que el marcador final

Lo que espero de la Vinotinto contra Perú

Lo comprendo perfectamente. Usted quiere ver a la Vinotinto ganar. ¿Quién no? Venezuela necesita puntos como el embalse de Guri que llueva. Pero, dada las circunstancias como llega a Lima, lo que menos me preocupa es el resultado. Si la selección es, en todo el sentido de la palabra, un equipo, me daré por satisfecho.

Las últimas declaraciones de Salomón Rondón evidencian que sobre las grandes heridas solo se colocaron curitas. Las palabras de Laureano González luego de la victoria de la sub-17 femenina, alimentando el cliché patriótico para mantener su crítica sobre la selección mayor; las ausencias conocidas de Rosales, Semma y Seijas y la convocatoria de tantos debutantes componen un cóctel peligroso.

Del aeropuerto de Lima se puede partir con una sonrisa en los labios o con una crisis que derive en la implosión del proceso actual. Por eso, si fuera un deseo tras tirar una moneda a la fuente, me gustaría ver el sacrificio que alimenta la camadería; que si aparece un gol criollo, la avalancha de abrazos inunde hasta el cuerpo técnico. Lo que en España se denomina «ser una piña». Todos para uno. Uno para todos.

En Evasión o Victoria (John Houston, 1981), un grupo de jugadores de diversas partes del mundo se enfrenta a un combinado Nazi. La película es estridente en su romanticismo y efectista. Aún así, no deja de conmovernos -como cinéfilos y fanáticos del fútbol- cuando, en su escena más memorable, Sylvester Stallone renuncia a su plan individual -escapar del campo de guerra- para convertirse en Dino Zoff. Es entonces cuando este grupo de prisioneros aliados se lanza por una remontada que deja la del Bayern contra la Juventus en pañales.

Entre las fracturas conocidas y los rostros nuevos, es difícil predecir que el sistema funcionará. De eso deberá encargarse Noel Sanvicente. Si a los jugadores se les pide sacrificio, al entrenador se le exige muestras de aquella asertividad que le llevó a ser el más ganador del torneo nacional. En un partido se puede vencer hasta sin quererlo -como aquella victoria de César Farías en Bolivia sin rematar al arco- pero los triunfos regularmente son la conclusión del trabajo. Y si de algo no tengo dudas, es que «Chita» y su equipo siempre ha trabajado.

¿Por qué privo el juego sobre el resultado? Porque lo más fácil es vaticinar la derrota. Sin embargo, si por primera vez en toda la eliminatoria los de Sanvicente demuestran que en efecto hay una idea y le dicen adiós a la imagen de 11 individuos en el campo, tal vez podremos pensar en una selección que no deambulará como un extra de The Walking Dead en las actuales eliminatorias. Ese sería el primer paso para visualizar un nuevo objetivo, que -creo- ya no es Rusia 2018.