Lo urgente sobre lo superfluo: presupuesto universitario e innovación

Si algo ha caracterizado estos años de gobierno es como se ha trastocado el orden necesario para que se pueda dar viabilidad al futuro del país. Lo importante, inaplazable, urgente, apremiante, imperioso, acuciante y necesario, ha sido sustituido por lo superfluo, banal, inefectivo, innecesario, trivial, baladí, redundante, desdeñable, etc (¡que riqueza la de nuestra lengua española!)

Lo urgente sobre lo superfluo: presupuesto universitario e innovación

Algo así como el hombre de familia que no provee nada para su casa, ni comida, ni salud, ni educación para sus hijos. Que siempre dice que está pelando y que necesita que le presten y se gasta todos sus ingresos y los préstamos de los amigos en parrandas y saraos donde invita a todo el mundo, inclusive a los que tienen más recursos que él, prestando e hipotecando lo que no tiene. En todas las lenguas a esa conducta se le llama irresponsable y ególatra. No solo las personas tienen egos, también los gobiernos. Muchas veces del tamaño de los recursos que se permiten gastar sin control.

Son incontables los sectores en donde se han alterado las prioridades, alimentos, agro venezolano, producción, sector salud, servicios públicos, seguridad, etc, pero quiero referirme a uno en especial; la educación universitaria.

El periodista Miguel Salazar, señala en la última edición de su columna que se gastaron $ 200 millones en la participación de Venezuela en los Juegos Olímpicos de Río 2016. El retorno de la “inversión” fue 3 medallas a $ 66 millones cada una.

Por otro lado, la reciente celebración de la Cumbre de los No Alineados en Margarita, según lo reseñan el Diario Tal Cual y otros medios, le costó a las arcas del país, $ 200 millones.

El presupuesto solicitado de cuatro de las principales universidades del país, UCV, USB, ULA y LUZ para el 2016 fue de Bs 49.3 millardos. El asignado fue escasamente de Bs. 12,2 (con rezago presupuestario de muchos años), es decir, una cuarta parte de lo solicitado. Los gastos de la cumbre y de la participación Venezolana en Rio suman $ 400 millones, unos Bs. 259,2 millardos (calculados a la tasa Dicom de Bs 649,2/$)

Es decir, que estos recursos hubieran bastado para cubrir aproximadamente por cinco años, el presupuesto de estas cuatro universidades. O si se quiere ver de otra forma, el costo de una medalla olímpica para Venezuela hubiera permitido cancelar el presupuesto de éstas cuatro universidades por un año, y todavía hubieran sobrado $13 millones.

¿Qué es lo esencial del asunto? Que el futuro de aproximadamente 200 mil alumnos y 20 mil profesores, de las referidas 4 universidades, por poner un ejemplo, queda afectado y comprometido por una falta de prioridad en los gastos.

Las universidades son instituciones, no solo educativas, sino sociales. Son un factor clave en la construcción de capacidades competitivas de las ciudades, haciendo de la docencia, la investigación, y el desarrollo cultural, herramientas para la formación de ciudadanos con conciencia crítica, que contribuyan a preservar la memoria del país, y a solucionar los problemas del país, construyendo de esta forma el futuro.

Según las estadísticas de la Organización Mundial para la Propiedad Intelectual (OMPI) cada año se otorgan más patentes en el mundo. Solo de 2010 a 2014, se otorgaron de 800.000 (2010) a casi 1.176.000 (2014). En 2014, se otorgaron en Corea del Sur 129.786 patentes, en Latinoamérica y el Caribe 17.800, México 9.819, Brasil, 2.719, Argentina 1.360, Cuba, 189. En Venezuela, desde hace más de 15 años, NINGUNA.

Las universidades y todos los centros que se desarrollan alrededor de ellas son justamente los motores de la innovación que hacen progresar a los países. Si no están presentes los cinco pilares de la innovación indicados por Andrés Oppenheimer, en su libro “Crear o Morir”: creación de una cultura de innovación, fomento de la educación para la innovación, derogación de las leyes que matan la innovación, estimulo de la innovación y globalización de la innovación, esta no será posible.

¿Y qué pasará en el contexto mundial actual si en un país no se invierte en educación, y en innovación? Que el país se quedará rezagado, en la punta de la cola del progreso, con una profundización de sus problemas y una desaparición de sus esperanzas.

La innovación, el desarrollo, el progreso requieren de esfuerzos inmensos del sector público y privado, ya que no vienen automáticamente. Si la base estructural de todo este proceso, que son las universidades, alumnos y profesores, no es atendida, no hay ninguna posibilidad de generar y concretar los beneficios de la innovación. Alumnos con hambre, y profesores muriéndose de hambre, con sueldos de hambre no permiten construir el entorno adecuado para innovar, mucho menos para progresar.

Cabe entonces la pregunta: Así, bajo estas condiciones ¿Dónde estaremos en cinco años más o en diez, o en cualquier fecha del porvenir? ¿Mejor que ahora? Definitivamente no lo creo. Crear o Morir. Por algo llamó así Oppenheimer a su libro.