Los caminos de la Asamblea Nacional tras la instalación de la junta directiva

La Asamblea Nacional, y los venezolanos, se enfrentan a un escenario de elecciones parlamentarias este 2020. Es necesario lograr una victoria similar o superior a la de 2015 o enfrentar un proceso de cubanización.

Pasó la tregua navideña y los venezolanos vimos, en la víspera de la llegada de Reyes, la evidencia del autoritarismo exacerbado. Militares y policías le hicieron frente a diputados en la Asamblea Nacional, como si estuvieran por encima del poder civil.

Ilegalmente el Ejecutivo, a través del Ministerio de Información y Comunicación y militares y policías, impidieron el acceso al Palacio Federal Legislativo a los diputados que no comulgan con el autoritarismo oficial y bloquearon el ingreso de más de 30 medios.

Los diputados tuvieran que sortear varios obstáculos el domingo para poder hacer su trabajo. Hubo amenazas de bomba en el hotel en el que se quedaron los legisladores y la presencia del Servicio de Inteligencia Bolivariano en la madrugada previa a la realización de la sesión.

En la mañana se les impidió la entrada al Parlamento. A muchos se les señaló de tener supuestas inhabilitaciones –ilegalmente- a otros les robaron las credenciales. Esto sin sumar a los perseguidos, secuestrados, exiliados que no pueden representar sus circuitos, entre otros.

Poco importó que este grupo de legisladores legítimamente electo por los venezolanos se dispusieran a instalar la junta directiva para el nuevo año parlamentario. En pocas palabras no importó que fueran a hacer el trabajo que le encomendó la mayoría de los venezolanos de debatir, discutir y hacer propuestas.

Igualmente, los medios de comunicación, vitales testigos en una democracia, no pudieron entrar, pues el Ministerio de Comunicación e Información del país restringió la entrada. Abrogándose de funciones que no le corresponden. Hasta el servicio de internet fue bloqueado y había dificultades para trasmitir fuera del Parlamento.

Vestigios de la República

La igualdad republicana quedó atrás. En Venezuela, la clase política chavista domina, seguida de militares y policías que lo apuntalan. El país descendió a una suerte de Estado feudal con un reyezuelo, señores feudales –o familias de la mafia como mejor se quiera ver- cortes y ejércitos que le siguen hasta llegar a los comunes un pueblo llano cada vez más pobre y enfermo.

Es indiscutible que Venezuela está desinstitucionalizada como Estado, fragmentada como entidad político territorial. El gobierno no tiene control de la nación, de hecho hay regiones enteras en manos de grupos irregulares, lo que acerca a Venezuela a la anarquía total.

Eso sin contar con las diferentes crisis que van más allá de lo político. Lo económico, social y la infraestructura llevan años acusando los golpes, pero el domingo 5 de enero se dio un paso más hacia el Estado fallido.

La paradoja de la desinstitucionalización

Mientras Venezuela se acerca más a la desinstitucionalización proliferan más instituciones paralelas. Todas fomentadas desde el mismo gobierno revolucionario que socava el status quo.

El venezolano en su buen humor termina jugando con una frase que se hace ya manida: “tenemos 2 presidentes, 3 asambleas nacionales, 3 tribunales supremos”… y pare usted de contar si se incluyen protectorados –gobernaciones paralelas impuestas por el Ejecutivo- y otras fachadas para cooptar el poder real.

De forma inocente el ciudadano venezolano termina adoptando la versión oficial. Esta es reforzada por grandes medios internacionales que mal informan adjudicándose “la verdad” bajo la premisa de la imparcialidad periodística. La “narrativa”, como dicen los expertos, es importante para el chavismo para mantener control y justificar situaciones como la ausencia de los diputados impedidos de entrar por las fuerzas de seguridad.

La realidad es que en Venezuela hay una Asamblea Nacional legítima, electa por los venezolanos el 6 de diciembre de 2015, los demás poderes están secuestrados por un Ejecutivo que se niega a medirse en elecciones presidenciales.

La Revolución como tal, si existe, busca imponer su modelo que no es el de una democracia liberal sino el de una autocracia cercana al totalitarismo. Afortunadamente, no se llegó al nivel de las dictaduras del cono sur de 1970 y 1980 o a los horrores del comunismo y el fascismo de 1930 y 1940, pero los grupos de exterminio son una cruel realidad para la sociedad.

Debemos dar gracias de nuestra posición geográfica, la época y el referente democrático que alguna vez fuimos en el continente de lo contrario la realidad sería muy distinta y el proyecto hegemónico estaría implantado.

Partidos al servicio de la Revolución

Algunos analistas consideran que el siguiente paso que dará es repetir la fórmula aplicada con Copei. Esto implica secuestrar a los partidos Acción Democrática, Voluntad Popular y Primero Justicia y reconocer como verdaderos militantes a los diputados desincorporados por estas facciones que se dejaron comprar por el chavismo y hoy son llamados la bancada de los Clap (Comités Locales de Abastecimiento y Producción).

Así estas toldas políticas pasarían a ser un cascarón vacío al servicio de los intereses del chavismo, y quedarían sin hogar los legisladores que si responden al deseo de sus votantes.

Es innegable que con las acciones del domingo en la asamblea el chavismo ayudó a revelar el autoritarismo incluso para sus aliados que debieron expresar la gravedad de la situación. Los gobiernos de Argentina y México, además de los aliados habituales de la Asamblea Nacional, tuvieron que manifestar en comunicados su rechazo a la situación.

Es impensable para cualquier país que se precie de democrático en el mundo que se bloquee la entrada de diputados y se impida llevar a cabo la sesión del Parlamento. Resultó en una charada de mal gusto que solo muestra el tamaño –enorme- de la crisis y el desconocimiento y la poca capacidad para entender semejante cuadro tan complejo, en los países que sí gozan de algún grado de libertad y democracia.

Espaldarazo a la oposición

Con su apuesta de ayer el chavismo consiguió algunos apoyos, pero el espaldarazo innegable fue para Guaidó por tres razones básicas:

  1. Se depuraron las filas opositoras. Ya se sabe con exactitud quiénes son los diputados que están en desacuerdo con Guaidó y respaldan a la designación ilegal de una supuesta junta directiva presidida por el diputado Luis Parra, muchos de ellos acusados de haber recibido sobornos para cambiar su posición política.
  2. Se reunificaron los opositores. Las diferencias que existían entre diputados de los partidos de oposición en la Asamblea Nacional, quienes se enfrascaban en discusiones por el proceder contra el chavismo, quedó a un lado, al menos momentáneamente y ahora es un solo grupo que debe seguir en una lucha cónsona.
  3. Repercusión mundial. Una vez más el mundo observó en tiempo real la acción inexcusable de la dictadura que impidió el adecuado desarrollo de la actividad parlamentaria. Con esta nueva acción es difícil que muchos Ejecutivos cercanos ideológicamente con el gobierno revolucionario puedan excusar lo ocurrido. Cierto que en el mundo hay muchos apologistas de delitos, pero el cinismo demostrado en medios oficiales queda al descubierto por el trabajo de los periodistas que evidenciaron en la Asamblea Nacional la realidad de los sucesos.

Capitalizar el apoyo

El martes se logró una victoria. Guaidó y los otros legisladores cumplieron su palabra de «dejar el pellejo» para vencer el golpe de Estado que pretendía imponer el chavismo en el Legislativo.

La decisión y la entrada al hemiciclo es un movimiento que echó por tierra la tesis de que los legisladores «no hacen nada». Los diputados vivieron bajo sus palabras de «Aquí manda el pueblo» y durante la sesión del martes, el poder civil se afincó sobre el militar.

El próximo escenario a trazar, previsiblemente, serán las elecciones parlamentarias 2020 en las que se debe fomentar la necesidad de lograr una victoria similar o aun superior a la de 2015. De lo contrario una situación similar a la cubana es inminente.

Lo importante ahora para Guaidó y la Asamblea Nacional es si puede capitalizar el apoyo, lograr el respaldo total de Argentina, México y Europa –que aún tiene 3 gobiernos que se oponen a unas sanciones más contundentes.

Pero lo primordial es lograr lo que no se pudo antes, aprovechar las fisuras institucionales y los errores de cálculos –que como ayer- pueda sumar el chavismo, para que en 2020 se pueda avanzar, sin dogmatismos, ni ataduras ideológicas, como verdaderos estadistas y no partidistas.

Democracia y libertad

De nada sirve tener las potencialidades sino se materializan. El objetivo es simple salir de la dictadura, no es nada sencillo pero si es factible. Es esencial ir más allá de las ideologías, aceptar las diferencias sin abandonar principios. Pero si se deben evitar los ataques fraticidas no benefician a los intereses ciudadanos, solo al gobierno.

El chavismo solo triunfará si vive en la mente de cada venezolano. Así será imposible recuperar la institucionalidad, el país y mucho menos la democracia y libertad, que muchos esperan hoy llegue de una mano extranjera.

El viejo adagio dice si quieres hacer algo bien, hazlo tú mismo, en este caso el primer paso es: usted no piensa igual que yo, ni yo igual que usted, pero sin duda queremos lo mismo y para ello hay que “tragarse el sapo”, tolerar, y aceptar las diferencias para lograr lo que se quiere.

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