¡Los culpables son Chávez y Maduro!

Leo atónita un artículo en el New York Times firmado por María Ramírez y Anatoly Kurmanaev sobre Venezuela. Me quedo en el sitio cada vez que leo cómo un periódico que ha sido baluarte de buen periodismo, puede sucumbir a la profunda antipatía que le produce Trump. Y al sucumbir, divulga noticias que están tergiversadas, citadas fuera de contexto y lo peor, que no son ciertas.

A mí no me gusta Trump. Me parece un Chávez derechista. Pero de eso a preguntarse si la crisis en Venezuela la ha causado el gobierno americano a través de las sanciones o si ha sido Maduro, hay un largo trecho. El artículo comienza relatando una visita de Maduro a una de las otrora prósperas industrias de Guayana, hoy literalmente vuelta leña, donde maquillaron una supuesta producción de briquetas de acero. Asegura que dos días después dejó de operar “por el apagón nacional”. ¿Algún alma caritativa podrá enviarles a estos “informados” periodistas la reláfica de la destrucción de las empresas siderúrgicas del Estado Bolívar para que se enteren de que fueron nacionalizadas por el Estado venezolano y que desde entonces la producción decayó en picada –como ha sucedido con todas las empresas expropiadas- porque a los rojos lo único que les interesa es robar? No sabemos si son competentes o no… Por un tiempo pensamos que era incompetencia… pero no… ¡son TAN competentes robando! ¿Para qué van a poner a producir una empresa? ¡Eso da trabajo y en el chavismo nadie quiere trabajar! Solo terminar de raspar la olla.

¿Quieren hacer una investigación seria, que nos ayudaría a empezar a poner las cosas en su sitio cuando salgamos de esto? Prueben con los llamados “bolichicos”, jóvenes de la ALTA SUCIEDAD venezolana, que “para añadir injuria al insulto” traicionaron a su país. Y ahora, además de ladrones, son asesinos. Porque se hicieron multimillonarios vendiéndole al Estado centrales eléctricas obsoletas e inservibles a precios de gallina gorda, para comprarse cotos de caza, caballos pura sangre, dar fiestas rocambolescas, mientras en Venezuela la crisis eléctrica causada por ellos y sus cómplices dentro del régimen causa muertes en todas partes. Cada güisqui con el que brindan en sus malditas celebraciones tendrá el sabor de las muertes de sus víctimas.

Las sanciones, las sanciones, las sanciones. El artículo se afinca en hablar de las sanciones como parte importante de la destrucción de Venezuela. No, señores, no fueron las sanciones. Chávez fue una especie de Terminator, que tuvo la suerte de tener un chorro de dinero por la subida de los precios del petróleo, que por un tiempo solaparon la magnitud de la crisis que se nos venía encima. Chávez se murió a tiempo: la mayoría de la gente no lo considera culpable de la situación, aunque lo es. La madre más mentada en Venezuela debería ser la señora Frías de Chávez, pero no, es la señora Moros de Maduro.

En el artículo hablan de la destrucción de PDVSA, por supuesto, a partir de las sanciones norteamericanas, cuando PDVSA estaba prácticamente destruida. Las que producían petróleo eran las compañías de las alianzas estratégicas. La destrucción de PDVSA comenzó cuando Hugo Chávez, pito en mano y en cadena nacional, despidió a 20.000 trabajadores hiper calificados y los sustituyó por burócratas no preparados, que vendieron papas, carne y pollos importados sin registro sanitario, hicieron proselitismo político “PDVSA es doja, dojita” según el ex ministro Rafael Ramírez, uno de los mayores cómplices de la catástrofe, hicieron de todo, menos producir y vender petróleo. Y en un país monoproductor, eso es una tragedia.

Pero no, el NYT cita a Siobhan Morden, estratega para mercados emergentes del banco de inversiones Nomura, con sede en Nueva York, quien alega que “las sanciones entonces han acelerado el ciclo económico vicioso de Venezuela, en el que la reducción de las exportaciones de petróleo deja a Maduro con menos fondos para invertir en los servicios básicos”. Señores, les repito, el ciclo económico vicioso de Venezuela era un hecho antes de las sanciones. Y me quedo con la duda de que Maduro, si tuviera ese dinero de las exportaciones de petróleo que no se dieron, lo hubiera invertido en servicios básicos. Ni él ni Chávez lo hicieron –a menos que fuera un pingüe negocio para alguien.

“El apagón eliminó los últimos remanentes de las producciones siderúrgica, de aluminio y de hierro, a las que Maduro había señalado como alternativas al petróleo para la generación de ingresos”, dicen Kurmanaev y Ramírez. NO, no fue el apagón. Esas empresas ya estaban destruidas. Que Maduro las señalara como alternativas de producción es sólo producto de su mente febril.

Si ustedes hablaron con Damián Prat, más aún, si leyeron su libro, no lo entendieron. Prat ha sido acucioso y preciso en denunciar la corrupción y los destrozos de esas empresas. Aquí el culpable, el único culpable de la destrucción de Venezuela, ha sido el chavismo-madurismo.

Y si les parece que estamos locos porque apreciamos las sanciones al régimen corrupto y genocida, pues sí, estamos locos. Es una manera eficiente de torcerles el brazo y hacerlos salir. Nadie que no viva aquí sabe lo que es este infierno. Si no nos van a ayudar, por lo menos cállense.