Los méritos de Pallarés

Táchira está en la liguilla. Hace dos torneos cortos que no lo hacía y para un llamado “grande” del campeonato venezolano estar ausente de la lucha por el título es un mazazo, máxime si se entiende que en el tan benévolo y permisivo sistema de competición quedarse fuera significa no estar entre los primeros ocho. Es decir, quedar de la mitad hacia debajo de la tabla no debe ser agradable para un club que desde hace ya tiempo ha recibido una fortísima inversión.

Los méritos de Pallarés

Desde que se hiciera cargo de la mayoría accionaria del equipo la empresa que dirige Jorge Silva, el desembolso económico en jugadores, infraestructura y otros apartes ha sido realmente grande. Y ante los fallos en la estructuración del plantel, de donde entran y salen jugadores en cada campeonato con una facilidad y número impresionante, parece que la sensatez ha llegado al gigante andino. Tras el descalabro del Apertura, era más que notable que faltaban hombres de jerarquía en el plantel que asumieran responsabilidades dentro de la cancha y llegaron para el Clausura. El panorama cambió.

Aparte de nombres como los de Camacho, Maldonado, Reyes o Aquino, Táchira también encontró equilibrio en el banquillo. Silva tomó quizá el mayor riesgo como propietario del aurinegro y le dio el mando al español Álex Pallarés, un joven técnico europeo que tenía en su currículo el haber metido a un modesto como Atlético Venezuela en una semifinal hace dos años. Sin embargo, no era ese el principal rasgo para confiar en él y en su jovencísimo cuerpo de trabajo (Daniel Izzo, Asistente Técnico y Sergio Mañas, Preparador Físico): la obsesión por el trabajo del nacido en Catalunya, su seriedad y el respeto por los profesionales que dirige era una subjetiva carta aval para sentarse en el banco de Pueblo Nuevo.

A mi modo de ver, ahí está la diferencia. En el mando, en quien ordena, en quien decide. Si bien es muy temprano para establecer cualquier evaluación sobre el semestre atigrado, el primer objetivo, esquivo desde hace un año, era volver a que el río encontrara su cauce, volver a luchar por un título desde los play offs. Ahora serán partidos de ida y vuelta, donde atrás quedan 17 partidos de regularidad en una puja de solo 180 minutos para avanzar hasta alcanzar un título. Ya no hay margen de error en adelante y Pallarés lo sabe.

Recuerdo que de su paso por Atlético Venezuela, el grupo que manejó en Fuerte Tiuna destacó de él su profesionalismo y trato respetuoso. No se casa con nadie en el camerino, ni es pasional. Vive con mesura el triunfo y no exterioriza alarma en la derrota (aunque conociéndole, sé que por dentro vive un infierno cuando las cosas no le salen). Sus decisiones en ocasiones pueden ser cuestionables, pero los resultados en la mayoría, terminan por darle la razón.

 

Lo primero que ha sabido hacer (y advertido estaba) es aguantar el aluvión malsano de las críticas de los dueños de los micrófonos en San Cristóbal, que tanto poder de arrastre tienen para marcar la tendencia de la “opinión pública”. Mantener el tipo ante la crítica, dar la cara en los momentos no favorables y desentenderse de lo que puedan decir de él, han sido factores claves para permear a sus dirigidos. Como Mourinho, aguanta él las balas y a punta de trabajo busca encontrar las soluciones que aún le atormentan en el funcionamiento colectivo.

Pallarés sabe que en plantilla y juego hay equipos más sólidos en esta Liguilla. El bien engranado Monagas de Rey, el campeón del Apertura Zamora o el Lara de Leo González, se ven mejor armados y con un fútbol claro. El español sabe las limitaciones defensivas de Quero en el lateral izquierdo, le carcome la cabeza encontrar el compañero ideal de Cermeño en la zona de recuperadores tras la lesión de Lucena (la confianza en Melo es totalmente nula y hasta ha provocado un buen “invento” con Pérez Greco de “8”) y está consciente de que el exceso de experiencia en algunos elementos no basta para que las piernas respondan cuando el cerebro le manda directrices. Sabiendo esas limitaciones ha llegado a la Liguilla. Entonces hay mérito en su trabajo.

Táchira poco a poco ha avanzado en encontrar un once tipo, clave para trascender. Esli García apareció en su mejor versión desde que llegara de Portuguesa, lo que ha permitido que el DT solucione las angustias con el tema del juvenil. Maldonado aporta y mucho en la generación de juego ofensivo y si bien Aquino no es el killer de antes, tiene aún pólvora guardada para seguir siendo decisivo. Ha costado trabajo, hacerlo, entendiendo que varios de los elementos que fueron fichados para este semestre no fueron solicitados por el entrenador.

El equilibrio se encontró. El grupo es capaz de sacudirse los malos momentos y corrige en la marcha. Alcanzó estabilidad en su funcionamiento pese a los puntos débiles, pero lo más destacable es que, frente a la presión externa, tan habitual en una plaza como la de Táchira, el grupo no se ve afectado gracias al manto protector de su técnico, que minimiza cualquier bombardeo verbal con mucha tranquilidad.

 

Se equivoca quien pretenda ningunear las capacidades de Pallarés. Conoce como nadie el campeonato nacional y sus jugadores. Se ha dedicado a estudiarlo con minuciosidad y gracias al aporte de su espadachín Daniel Izzo (alumno aventajado de la escuela de José Hernández en el análisis de los rivales) no dejan al azar nada en cada choque. Además, el viaje relámpago a su país en plena fecha de clásico ante Caracas, hizo saber a los cuestionadores que tiene licencia UEFA para ejercer su trabajo, un carnet que debe tener mucho peso cuando presenta sus credenciales ante el resto de técnicos del país.

Todo arranca desde cero en dos semanas. Táchira estará ahí después de un año, donde siempre ha debido estar. San Cristóbal tendrá una razón para sonreír, para distraerse. Y Álex Pallarés mucho tiene de “culpa”.