Los niños perdidos de Vargas: una cadena de errores y desesperación

Según las personas rescatadas, fue durante el proceso de auxilio, evacuación y distribución de los sobrevivientes cuando se dejó de saber del paradero de la mayoría de los niños

Los niños perdidos de Vargas: una cadena de errores y desesperación

La Asociación de Familiares de Personas Desaparecidas denunció la desaparición de 272 personas, 119 menores y 153 adultos. De esta búsqueda solo se localizó a Miguel Corsé. El sobreviviente deambulaba por las calles de Valencia sin conocer su identidad, pues quedó afectado psicológicamente después de la tragedia.

La empresa CANTV activó el teléfono 0800-Vivos, para que las personas pudieran denunciar casos de personas desaparecidas y obtener información de los extraviados o localizados.

A su vez, la fundación Venezuela Sin Límites, encabezada por Mireya Bravía de Cisneros, asesoró a los familiares de Afampex, para lanzar la campaña de búsqueda de los niños desaparecidos. También la PTJ (la antigua Policía Técnica Judicial) se unió a la iniciativa. El grupo también tuvo asesoría de una agrupación de Estados Unidos que se llama “Missing Kids”  (niños perdidos).

Las agrupaciones crearon una campaña de concientización que denominaron “Vamos a Encontrarlos” y “Prohibido Olvidar”. Se hicieron afiches y trípticos con las fotos de  las personas desaparecidas.

Afiche de los niños perdidos de Vargas

Las fotos de los desaparecidos fueron impresas en los envases de leche Prolaca, al igual que en franelas y gorras. En intensas campañas por los medios de comunicación varias empresas aportaron recursos para  la búsqueda.

En 2001, el entonces gobernador del estado Vargas, Antonio Rodríguez San Juan, ordenó una investigación sobre los niños perdidos, pero no hay registros de este trabajo, ni que se haya realizado de manera conjunta con los demás organismos que investigaban el mismo caso.

Ya para 2003, las labores de búsqueda de Afampex, se habían reducido considerablemente. Muchas familias visitaron los refugios habilitados, tanto en Caracas como en el interior del país, sin encontrar a sus niños perdidos. Dos décadas después, muchos siguen la búsqueda.

La tragedia siguió después de las lluvias

El periodista Ignacio Laya, hermano de Alfredo Laya, era el gobernador del estado Vargas en 1999. Laya afirma que la tragedia de las lluvias no fue lo que ocurrió entre el 14 y 16 de diciembre. A su juicio la emergencia comenzó meses antes y 20 años después persiste.

Ignacio Laya

“Antes que comenzara el deslave conformamos unas brigadas para alertar a la gente que desalojara las zonas de mayor riesgo, en donde ya se observaba el crecimiento de los ríos y las quebradas”, manifestó.

“Logramos salvar muchas vidas, lamentablemente algunas personas se negaron a abandonar sus casas, pues pensaban que ese era su templo, que allí estarían seguros, pero nunca imaginaron que la fuerza de las aguas acabaría con todo y cobraría muchas vidas”, dijo.

Para Laya los días 14, 15 y 16 de diciembre fueron el clímax de la tragedia, en esas 72 horas el estado Vargas se llenó de muerte y desolación.

“Después del deslave seguimos en las calles, habían muchas personas atrapadas en edificios, las autoridades del gobierno comenzaron un desalojo de las zonas de desastres que se caracterizó por el desorden”, afirmó.

Continuó: “La improvisación reinó, los militares llegaron en helicópteros, las gabarras tenían la orden de rescatar primero a mujeres, niños y ancianos, que primero fueron trasladados hasta un centro de acopio en Maiquetía. Luego a otros refugios habilitados en Caracas, como El Poliedro, el estadio Brigido Iriarte y La Casona –la casa presidencial-, también fueron llevados al interior del país”.

El ex gobernador aseguró que las autoridades proyectaban evacuar a 80.000 personas de las zonas afectadas de Vargas. “El grave error cometido fue separar a los niños de sus familias, sin un registro, sin decir donde los llevarían fue en ese rescate y traslado en donde se formó el despelote y se perdieron los niños”.

No estábamos preparados

María Gómez Abreu, ingeniero geólogo y vecina de Caraballeda vivió en carne viva toda la tragedia.

“Definitivamente no estábamos preparados para enfrentar una tragedia de tal magnitud. Además de la lluvia recuerdo el temblor de la tierra, que no fue producido por un movimiento telúrico sino por el paso de las enormes piedras que bajaban de la montaña, del paso del río que se llevaba todo a su paso”, señala.

Mariela Gómez Abreu

Recuerda que cuando comenzó la evacuación de las zonas de riesgo los militares advertían que la prioridad eran los niños y mujeres.

“Creo que muchas autoridades consideraban que muchos de los niños habían quedado huérfanos, los tomaban y metían en los helicópteros, solos, sin sus padres ni representantes, quienes después comenzaron a buscarlos sin resultado”, afirma.

Gómez Abreu recuerda que unos vecinos, con niños pequeños estaban en una fila para tratar de abordar un helicóptero.

“Cuando llegó el vehículo, una gran cantidad de gente corrió a tratar de montarse, entre ellos el niño de 5 años de edad hijo de mis vecinos que se separó del grupo familiar.  En su inocencia y pensando que era un juego, salió corriendo. Un militar lo agarró, lo metió en el helicóptero y lo llevaron hasta Maiquetía, mientras la madre desesperada lo buscaba en la zona de desastre en Caraballeda”, rememora.

“Por suerte al llegar a Maiquetía allí estaba una señora que trabajaba con la familia del pequeño, llamó al niño, lo tomó de la mano y se quedó con él para entregárselo a sus padres días después, pero durante la espera nadie le preguntó que hacía con ese niño. Imagine cuántos casos como estos se pudieron haber repetido con otros niños perdidos”, dijo Gómez Abreu.

Separación entre la desesperación

Jhoana Campos, vivía en Carmen de Uria durante el desastre. Tenía un niño de 7 años de edad y estaba embarazada.

“En la tragedia perdí muchos amigos, sus cuerpos nunca fueron encontrados. Cuando paró la lluvia vino el rescate, a mí me montaron en un helicóptero, siempre junto a mi hijo, nunca lo solté. Pero en otros casos montaban a los niños solos, una amiga que ahora vive en el estado Bolívar, tenía una niña de 7 años, que sabe que la trasladaron hasta Maiquetía, pero nunca la pudo encontrar. Veinte años después todavía guarda la esperanza de volverla a ver”, afirma.

Luis Zerpa, otro sobreviviente del deslave, recuerda que hace 20 años su hija tenía apenas dos meses de nacida y su principal misión era sacarla de la zona de desastre.

Luis Zerpa

“Yo vivo en Macuto, recuerdo el desespero de la gente en tratar de salir de la zona, cuando llegaban los helicópteros, la gente se lanzaba sin ningún orden tratando de montarse en la nave. Logré montar a mi familia, pero si veía que los militares separaron a varios grupos, ese fue el grave error del proceso de evacuación, allí se perdieron una gran cantidad de niños”, manifestó Zerpa.

La admisión de la falla

El proceso de rescate, evacuación y distribución de los sobrevivientes es, según sus testimonios, donde ocurrieron los extravíos. Muchos niños llegaron solos al centro de acopio de Maiquetía, por ser los primeros evacuados.

Sin embargo allí el personal no dispuso de ellos y mucho menos tenía registros de los pequeños que incluso tenían problemas para la identificación, lo que los dejó en la indefensión.

En declaraciones de ex director de Protección Civil, en 1999, Ángel Rangel, la evacuación se hizo siguiendo las normas establecidas. El orden de los rescates fueron a niños, ancianos, mujeres y hombres y el ex funcionario así lo indicó: “Así lo hicimos las primeras 48 horas, por lo cual muchos niños viajaron solos”.

En su momento Rangel admitió que se cometieron varios errores. En especial la falta de coordinación de los distintos organismos que participaban en las labores de rescate.

“Otro de los errores fue que los niños en resguardo no fueron identificados y clasificados inmediatamente después de haber sido rescatados de la zona de peligro. No había un organismo que se encargara de ellos en tierra, en Maiquetía. Dejamos que pasara mucho tiempo, más de 72 horas. Posteriormente la Fundación del Niño y el Instituto Nacional del Menor, tomaron cartas en el asunto”, confesó en una entrevista de la época.