Los tres grandes momentos de El Amparo

Lo que me gustó de El Amparo es que denuncia una masacre de la IV República pero no es una película del chavismo. Lo que me gustó de El Amparo es que trata sobre un estilo de vida, no sólo de algo que pasó. Lo que me gustó de El Amparo es que sentí deseos de ser amigo de “Chumba”, un personaje que despierta la tierna vulnerabilidad de un peluche con corte de totuma

Los tres grandes momentos de El Amparo

Lo que no me gustó tanto de El Amparo es que a veces sentí que es una historia demasiado noble para ser creíble. O quizás es la época que me tocó vivir.
Hay que aclarar que la película venezolana (probablemente la mejor que usted verá en 2017) no es del género documental, sino de drama, por lo que no hay ninguna obligación de perseguir todos los ángulos de la historia.
El Amparo es izquierdista, en el mejor sentido del término: se pone del lado de los débiles. Lo que es 100% lógico: la mayoría de los directores del cine salen de universidades en las que la gente se tira en la grama, no de academias militares en las que se aprende a matar.
A mí me hubiera gustado saber un poco más de porqué unos militares dispararon el 29 de octubre de 1988 (sábado) contra unos pescadores rascados con aguardiente en un caño en la frontera de Apure con Colombia. ¿Los confundieron de verdad con guerrilleros colombianos? ¿O hubo mala intención? Tampoco es que pasa algo demasiado grave si eso no se responde.
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Ni un solo tiro

No sé si esto es decepcionante para algunos espectadores, pero en El Amparo no se muestra ni un solo tiro, una gota de sangre o un cadáver.
La película está basada en material para teatro de la guionista (Karin Valecillos) y antes que nada es un cuento moral: el énfasis está puesto en las presiones y tentaciones internas a las que están sometidos los dos sobrevivientes-protagonistas, en especial José Augusto Arias, mejor conocido como “Chumba”. Las mujeres del pueblo operan como un coro griego.
En la premier de la película la pregunté al director Rober Calzadilla si en algún momento él tuvo también la tentación de recrear una escena de la masacre y me contestó que nunca, pero que llegó a estudiar la posibilidad de mostrar la perspectiva de los dos sobrevivientes cuando se sumergieron en el caño para escapar de la plomazón.
Otra anécdota de El Amparo es que no se rodó en el verdadero pueblo de El Amparo, sino en otro cercano, El Yagual. Al parecer El Amparo ya no se parece a un pueblo de frontera de 1988 en el que algún apureño como sacado de Doña Bárbara canta coplas llaneras, sino que se oye vallenato a todo volumen y supongo que reguetón.
En todo caso la película se permite unos cuantos minutos para mostrarte cómo vive esta gente: los hombres toman caña los sábados y las mujeres crían muchachos, por crudo que suene. La pantalla transpira la plaga y el sudor que resbala por las narices. ¿Por qué estos individuos viven ahí y no en otro lado?, te preguntas. Lo que ves no es agradable desde la perspectiva de un urbanita, pero se siente cálido y genuino. Hay un pescador al que llaman Cara e’ Cochino y otro que es el Cabeza e’ Gato. Los que hicieron el servicio militar juntos se dicen “culso” unos a otros. Conmovedora camaradería masculina.
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Se podría decir que en El Amparo está estructurada alrededor de tres grandes momentos: el “Mendieta’s Time”, el “Aminta’s Time” y el “Chumba’s Time”.
Mendieta (Vicente Peña) es el policía bueno del pueblo: se resiste con pistola y todo a que un militar se lleve a los dos sobrevivientes (Chumba y Pinilla) sin una orden judicial. Los llama “la maldad en pasta”. Me cuesta creer que eso haya ocurrido así, pero es hermoso verlo.
Aminta (la legendaria actriz Aura Rivas) es una familiar de víctimas que le también se le planta al militar bien alimentado y se niega a recibir un soborno. El “Chumba” (el actor Giovanny García), quizás el personaje de más rico mundo interior, tiene varios momentos estelares pero quizás el mejor es cuando le dice a un fiscal corrupto: “Declaro que soy un güevón”.
Los créditos finales de El Amparo hacen énfasis en que ningún gobierno (ni el presunto gobierno justiciero) ha indemnizado de manera adecuada a las víctimas ni ha sacado el caso de la jurisdicción militar. Una reportera de RCTV se traslada al pueblo a buscar a los sobrevivientes y queda la inquietud: ¿qué medio audiovisual y masivo hace ese trabajo hoy en Venezuela? ¿Quién hará una película, por ejemplo, de una masacre de la OLP? Amparito, aunque mal pague… en la taquilla.]]>