Luis Rafael Zorrilla, el joven parapléjico que se gana la vida dibujando

Este vecino del barrio 24 de Julio de Petare tiene 35 años y es parapléjico. Solo mueve los brazos, no las manos, pero se las arregla para hacer impactantes retratos que vende por encargo

Luis Rafael Zorrilla, el joven parapléjico que se gana la vida dibujando

Luis Rafael Zorilla Navas tiene 35 años y desde hace 11 vive con su cuerpo paralizado. En 2010, este venezolano, vecino de Petare, sufrió un accidente que lo dejó al borde de la muerte. Con terapias durante todos estos años, logró mover sus brazos, aunque no sus manos.  Sin embargo, esto no le ha impedido desarrollar su talento como dibujante y ganarse la vida haciendo retratos.

El 24 de Julio es uno de los 2.000 barrios que conforman la parroquia Petare, en el municipio Sucre del estado Miranda. Como muchos sectores populares en Venezuela, la construcción de esta comunidad se realizó de forma simple y desordenada. De una vía principal salen ramificaciones que se identifican entre calles y escaleras, en donde fueron construidas casas cuyos diseños retan los conocimientos de los mejores arquitectos e ingenieros.

El barrio 24 de Julio en Petare, donde vive Luis Rafael Zorrilla. Fotos Daniel Hernández

Los habitantes de la zona señalan tener muchos problemas con los servicios públicos, especialmente con la distribución del agua potable, que desde hace años dejó de llegar a las casas por tuberías. Esto obliga a las personas a tener que cargar el agua desde distancias lejanas o pagar en dólares para llenar pipotes y tanques.

Allí, en lo más alto de esa comunidad ha vivido durante toda su vida Luis Rafael Zorrilla Navas. El equipo de El Estímulo se trasladó hasta la barriada para conocerlo. Después de caminar parte de la vía principal, subir empinadas lomas y muchas escaleras, llegamos a la casa de la familia Zorrilla.

Luis Rafael es casado y padre de dos hijas, Nicole de 15 años y Nitzuy de 12. Antes del accidente trabajaba en una empresa privada y estudiaba para ser profesor de Educación Física. Era deportista, jugaba básquet y subía el cerro Ávila, montaña que ofrece una excelente vista desde su casa, ubicada en lo más alto de la barriada. Otro de sus pasatiempos era dibujar.

El accidente en un río

El sábado 17 de julio del año 2010, Luis Rafael Zorrilla Navas decidió ir con su familia a la playa. Era un día soleado, perfecto para la diversión y descanso frente al mar.

“El plan inicial era ir a una playa en Higuerote pero en el camino cambiamos el rumbo y fuimos al río Las Morochas, en la misma población. Mientras mi familia buscaba un lugar en donde acampar, decidí ser el primero en darme un chapuzón en el río, que visitaba por primera vez. Elegí un peñasco y me lancé. Pero calculé mal la profundidad y para no pegar la cara contra el fondo, dentro del agua, realicé un movimiento brusco con el cuello. Sentí un dolor enorme. Acto seguido mi cuerpo dejó de responderme. Quedé paralizado”, recuerda Luis Rafael Zorrilla.

Señala que salió a flote, quedando boca abajo, sin poder moverse. Su familia lo observaba, pero pensaba que jugaba en el agua.

“Mi suegra fue la primera en percatarse que algo andaba mal. Me llamaba y al ver que yo no respondía y que pasaba mucho tiempo flotando boca abajo, se metió al río, me alzó y así pude volver a respirar. Me sacaron del agua y me colocaron en el suelo. Le pedí a mi madre que me trasladara a un centro de salud. Y eso fue lo último que pude decir, pues además de quedar paralizado, también perdí el habla”, recuerda el artista.

El apoyo de la familia

Primero lo llevaron a un ambulatorio en Higuerote y de allí a una clínica en Caracas. Los médicos le informaron a la familia de lo complejo del caso. Recomendaron una cirugía de emergencia con dos resultados probables: que quedara en estado vegetativo o que falleciera.

“Me sometí a la operación y contra todo pronóstico sobreviví. Mi buena condición física y que mis pulmones siguieron funcionando sin problema, fueron de gran ayuda para mi recuperación. Me dejaron hospitalizado por una semana. Luego me mandaron a casa para iniciar terapias al recuperarme un poco”, recuerda.

Poco a poco pude volver a hablar. Luego inició las terapias que fueron desde la inyección de células madres y células óseas, masajes, ejercicios y hasta tomar la decisión de mudarse por un tiempo hasta Ocumare de la Costa, en el estado Aragua, para practicarse un tratamiento en el Hospital del Mar.

“Después del accidente me fui a vivir con una de mis hermanas en El Llanito, porque desde allí se me hacía más fácil ir a terapia. Pero luego vine a mi casa en el barrio 24 de julio. Por lo intrincado de la zona y lo aparatoso de mi traslado que debía ser en camilla, utilizando una ambulancia, mis hermanos me cargaban y me acompañaban los cuatro veces por semana que debía acudir”, cuenta.

Yo decidí vivir

Ya han pasado 11 años de aquel accidente. Luis quedó parapléjico. Sabía que su nueva condición no solo lo afectaba a él, sino a toda su familia. Tuvo etapas de depresión, tristeza, de rabia, en las cuales la pregunta siempre era la misma ¿por qué a mí? Aunque lloraba mucho, su familia nunca llegó a ver sus lágrimas, pues lo hacía en la soledad de su cuarto.

En medio de la situación, Luis Zorrilla reconoció el esfuerzo de su familia, de sus amigos y la oportunidad que le daba la vida de ver crecer a sus hijas, quienes lo ayudan con todo sus quehaceres diarios entre ellos el aseo personal y la alimentación.

Luis Rafael Zorrilla

“Yo decidí vivir. Me llené de energía, de optimismo y de agradecimiento. La empresa en donde trabajaba me mantuvo en nómina por tres años, pagando mi salario, pero como mi accidente no fue laboral, al final me despidieron. Mi única entrada de dinero era mi pensión por discapacidad que actualmente son 7 bolívares (equivalente a menos de dos dólares), pero mis hermanos y mis amigos realizaban colectas para comprar mis tratamientos. Nunca me faltaron”, señaló nuestro entrevistado.

Durante estos 11 años es poco lo que Luis ha podido salir de su hogar, especialmente en este último año y medio de pandemia.

Los primeros dibujos

Gracias a la rehabilitación, Luis Rafael Zorrilla logró mejorar la movilidad de sus brazos, su cuello, pero no sus muñecas y dedos. Aún así, ayudaba a sus hijas con las tareas y les hacía dibujos.

“Antes del accidente, en mis ratos libres dibujaba. Uno de mis retratos preferidos era el de mi hija mayor, Nicole. que hice antes de todo esto. Con los años mi hija menor, Nitzuy, me preguntaba cuándo le haría su retrato. Para ese entonces era una tarea imposible pero ahora ese retrato está listo. Para ayudar a mis hijas con las tareas, colocaba un lápiz en mis dedos y con el movimiento de mis brazos y codo, sin mover la muñeca y dedos, pude hacer los primeros trazos, los primeros dibujos”, señaló Luis Zorrilla.

Indicó que como gran parte de las personas que tienen una condición de paraplejia, uno de los grandes problemas que tienen que enfrentar son las escaras, heridas que se producen por la presión de la piel con la cama o la silla de ruedas.

Luis Rafael Zorrilla hasta ha tenido que ser operado por estas lesiones. Dice que no puede estar mucho tiempo sentado, por las escaras que le aparecen en los glúteos, por lo cual sus dibujos los realiza tendido de lado, en su cama.

“Mi primer dibujo, después del accidente, fue el retrato de un amigo junto a su mamá, por cuyo trabajo recibí muchas felicitaciones. Esto me motivó a estudiar por internet para mejorar mi técnica. Así he hecho retratos de personas, mascotas y artistas famosos, como Ramón Valdés y María Antonieta de los Nieves, quienes interpretaban a don Ramón y La Chilindrina de la serie Chavo del 8. También dibujé al deportista Carl Herrera, entre otros”, señaló Luis.

Poco a poco, los retratos elaborados por Luis Rafael Zorrilla comenzaron a conocerse y se incrementaron los encargos, que por la complejidad de la situación pueden duran una semana en su elaboración.

En sus redes sociales de Twitter e Instagram, @luislapizart ha montado parte de sus dibujos, por los cuales ha recibido muchas felicitaciones dentro y fuera de Venezuela.

Cuenta que una de sus grandes satisfacciones es inspiración para los niños de su comunidad, quienes llegan a su casa a mostrarle los dibujos que realizan, además de pedirle consejos para mejorar sus técnicas.

Más apoyo a las personas con discapacidad

Señala que se ha enterado del apoyo que le ofrecen las distintas autoridades a los movimientos de emprendedores, con procesos de capacitación créditos y ayuda para la comercialización de los bienes y servicios que ofrecen.

“Yo creo que hay muchas personas con discapacidad, con mucho talento, que requieren de un poco de apoyo para poder desarrollar su emprendimiento. De esta manera se les ofrece inclusión y, como en mi caso, sentirse útil en lo referente al gasto familiar, así como para la compra de algún tratamiento que se requiera”, dijo Luis Rafael Zorrilla.

Recomienda, no solo a las personas con discapacidad, sino a todos los ciudadanos, realizar algún tipo de arte como pintar mandalas, leer, escribir, dibujar, hacer ejercicio, salir a caminar a estar en contacto con la naturaleza… eso ayuda a la paz mental.

“Yo decidí vivir y el apoyo de mi familia, de mis hermanos, amigos y vecinos, así como la compañía de mis hijas, han sido determinante en esta nueva etapa de mi vida. Pero de manera muy especial agradezco a mi mamá Anaís, por ser mi más grande apoyo, antes y después de mi accidente. Gracias a ella lo he logrado todo”, indicó Luis Zorrilla.

Mi hijo es un milagro

Anaís Navas de Zorrilla tiene 61 años y es la madre de Luis Rafael. Señala que muchas personas no entienden cómo el singular artista logró sobrevivir al accidente y menos, cómo puede pintar si tiene su cuerpo paralizado.

“Mi hijo es un milagro del doctor José Gregorio Hernández. Imagínate que el día de la operación, estábamos orado en la sala de emergencia y otro de mis hijos vio pasar al doctor José Gregorio Hernández. Desde ese momento supe que Luis Rafael se salvaría y yo estaría allí para apoyarlo y no abandonarlo nunca”, señala Anaís.

Dice que por el difícil acceso hasta su casa es poco lo que Luis puede salir pero ella lo acompaña siempre. Le prepara la comida, especialmente el tradicional pabellón criollo, que es su favorito. Junto a sus hijas y la ayuda de los vecinos, lo cargan para el aseo personal diario, lo llevan a la platabanda de su casa a tomar sol, a tomar aire fresco y observar el majestuoso Ávila.

“Tenemos que comprar medicamentos para combatir las escaras y para cancelar los exámenes de laboratorio si se le presenta alguna enfermedad, como son las infecciones de orina, por ejemplo. Pero, gracias a Dios, sus hermanos lo ayudan mucho”, dijo Anaís.

Señala que en muchas oportunidades han pensado en mudarse a un lugar en donde Luis Rafael pueda tener más acceso a la ciudad, y que le permita disfrutar más momentos de recreación.

“En estos días, sus hermanos y amigos lo llevaron en la silla de ruedas hasta la Cota Mil, de paseo. Fue maravilloso que volviera a salir de casa”, señaló.

Desde  hace varios años Anaís sufre ataques de epilepsia, pero esta situación no le ha impedido atender a su hijo.

“Además de lo intrincado del terreno, para llegar a casa, el problema de la falta de agua es terrible. Tenemos que pagar $1 por cada pipote que llenamos. Hace varios años no recibimos el servicio por tuberías”, indicó.

“Cuando mi hijo comenzó su emprendimiento de dibujar retratos, hasta yo misma me preguntaba cómo lo lograría. Pero al ver su esfuerzo y su dedicación, sabía que no solo lo lograría, sino que también sería un artista famoso”, señala la orgullosa madre de Luis Rafael Zorilla.

Coordenadas

Instagram. Para conocer al artista o hacerle encargos se puede visitar su Instagram @luislapizart

 

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