Maduro celebra, pero los resultados del 21N sugieren que no debería

Detrás del mapa color rojo hay también una caída del chavismo: los números lo dicen. Aunque hace falta repasar el contexto de un país destruído y la historia reciente para entenderlo y percibirlo mejor

Maduro celebra, pero los resultados del 21N sugieren que no debería

Nicolás Maduro y sus voceros celebran haber ganado 18 de 22 gobernaciones del país (una por decidir y otra en disputa) luego de 20 años de destrucción económica e institucional. Al día de hoy las cifras de su promovido modelo socialista del siglo XXI ubica a Venezuela como la nación más pobre del continente con una caída del Producto Interno Bruto (PIB) acumulada desde 2013 de -82%. Además, la pérdida de la industria petrolera y las empresas básicas y la corrupción han sido el signo distintivo de los últimos 15 años, con escándalos denunciados internacionalmente que evidencian las grandes fortunas en poder de los magnates del chavismo y que ponen a Venezuela como uno de los países más corruptos del planeta al lado de Somalia.

Con una pobreza estimada en 94% y una sociedad condenada al hambre, resulta complejo para los analistas descifrar el resultado de estas elecciones regionales ocurridas el 21 de noviembre.

Sin embargo, quienes siguen viviendo en Venezuela y han sufrido el deterioro del país y sus instituciones pueden entender que eventos como ese hayan sido factibles en la Venezuela chavista.

Cuando a partir de 2012 el chavismo terminó de acabar con las reservas internacionales y la corrupción se llevó cientos de miles de millones de dólares, el control social ya no era posible a través de los regalos del populismo u otros mecanismos persuasivos que se suelen utilizar en las autocracias; por lo cual la represión, la tortura y el encarcelamiento, fueron sus principales instrumentos.

Nicolás Maduro, quien asumió el control de país a partir de 2013, sin el carisma de Hugo Chávez y sin los recursos económicos, ha tenido que gobernar con el apoyo de las fuerzas militares y policiales y las bandas al servicio del gobierno. La censura y el control sobre los medios de comunicación, la persecución de los líderes opositores, la compra de dirigentes, confiscación de partidos políticos y campañas de contrainformación muy exitosas de los bots y ejércitos de opinión, han desalentado y promovido la incertidumbre, la desesperanza y la abstención en los procesos electorales.

Este último mecanismo de contrainformación y fake news ha tenido el mejor asesoramiento en expertos rusos que han trabajado en importantes campañas electorales en países de América Latina a los que conoce como “Packrats”, según la investigación realizada por el equipo canadiense de Citizen Lab. Este grupo ha operado en Argentina, Brasil, Ecuador, Colombia y Venezuela. Los Packrats han favorecido una estrategia dirigida a crear y mantener grupos de opinión y organizaciones de noticias falsas a los que utiliza para distribuir malware y realizar ataques de “phishing”.

De manera que cualquier análisis que se haga en mediano plazo sobre Venezuela debe partir de estas realidades que permiten entender cómo una cúpula que ha quebrado al país aun se mantiene en el poder y ha logrado fragmentar a los opositores en una polarización extrema en la que se ven como enemigos entre unos y otros.

21N

El hambre y la desnutrición hoy agobian a la mitad de la población de Venezuela (Foto: Daniel Hernández/El Estímulo)

Pero si vamos a los números, los resultados pueden no ser tan graves como parecen al observar que la oposición –o al menos organizaciones distintas al Psuv- ha logrado ganar en 117 alcaldías de 27 que mantenía hasta la fecha, según cifras oficiales; en las que desde luego están representados todos los sectores que se oponen al chavismo, a pesar de las grandes diferencias y acusaciones de corrupción que se atribuyen unos a otros.

Otro factor indispensable es observar la caída de electores en el chavismo respecto a elecciones anteriores: su base electoral sigue mermando en cada proceso y ha perdido un millón 900 mil votos en dos años. El chavismo estaba tan consciente de su deterioro que sus candidatos abandonaron el color rojo y los “ojitos de Chávez” con un discurso a favor de la productividad y el rescate de la economía.

El chavismo ha perdido alcaldías en zonas rurales en donde ha tenido sus más fuertes seguidores. En Barinas, tierra emblemática donde nació Hugo Chávez y cuya familia ha gobernado desde comienzos de la revolución, de 12 alcaldías solo pudo mantener 4 y es posible que pierdan la gobernación.

Las denuncias de corrupción ligadas a la familia Chávez y la permanente agresión contra los productores del campo son factores determinantes en la pérdida de su base electoral.

Otro caso es el de Apure, donde se protagoniza un fuerte reclamo de parte de la oposición que ganó cuatro de las seis alcaldías de ese Estado con una alta votación, pero hasta el momento el CNE no reconoce el triunfo del opositor, representante de la Unidad, Luis Lippa.

En Cojedes, otro bastión del chavismo, no solamente perdieron la gobernación sino que solo pudieron retener dos de las nueve alcaldías. Allí la participación fue más alta que otras regiones con 54%.

En las regiones en donde ganaron más alcaldías y triunfaron gobernadores opositores, hubo mayor unidad de las distintas opciones y mayor participación de votantes. Vale la pena observar cómo en las regiones del interior viejos liderazgos lograron motivar el voto opositor. Son casos que deben ser revisados por quienes fracasaron en sus aspiraciones.

No hay nueva generación

Por el momento no se puede hablar de una nueva generación de líderes. Algunas figuras jóvenes que se promocionaron como candidatos no ofrecieron un discurso distinto de unidad, de interés del país, más bien reforzaron la división y predominaron los mensajes individualistas. Cometieron errores similares a sus antecesores a quienes adversan. Salvo excepciones, como la de Roberto Patiño, con un destacado trabajo en las comunidades de Caracas, quien retiró su candidatura y se incorporó con todo su equipo apara apoyar al candidato de la Unidad (Tomás Guanipa) con un mensaje positivo. Andrés Schloeter también ofreció mensajes de altura y respeto hacia sus adversarios de oposición. Aunque no logró ganar la alcaldía de Sucre, entre otras razones, por la renuncia de Carlos Ocariz a la candidatura de Miranda que afectó la tarjeta de la Unidad, y los efectos de la división opositora.

De promoverse una nueva generación de liderazgo sería de esperar que tuviesen como referentes este tipo de conductas y un trabajo consecuente en las comunidades.

¿Dónde está la juventud?

Un punto importante de destacar es la ausencia de una fuerte participación de la juventud venezolana. En otros procesos tanto en campañas como en organización el sector joven fue clave en la participación electoral. Una gran parte conforma la diáspora de casi 6 millones de venezolanos. Pero otros estudios como el realizado por la Encuesta Nacional sobre Juventud (ENJUVE) de la UCAB 2021 registra la gran ausencia de nuevos estudiantes del sistema educativo que alcanza a millón y medio de jóvenes, lo cual podría reflejar apatía en impulsar un cambio para el país, decepción y en última instancia, una disposición a irse del país.

Desgano en la clase media

Es de destacar igualmente que en sectores de clase media, tradicionalmente opositores de la zona Metropolitana de Caracas como Chacao, El Hatillo y Baruta en donde se reeligieron los alcaldes de Fuerza Vecinal, la abstención fue de las más altas llegando a 70%.

Ese desgano está muy ligado a los acontecimientos ocurridos en los últimos años donde los jóvenes tuvieron gran protagonismo. Por ejemplo, en 2014 en protesta por lo que consideraron un gran fraude electoral en el cuestionado triunfo de Nicolás Maduro sobre Henrique Capriles por menos de 200 mil votos.

El otro evento fueron las protestas de 2017 que dejaron muertos, heridos e incapacitados entre los jóvenes y fue uno de los grandes generadores de la mayor proporción de la diáspora, que incluyó casos como la del famoso violinista de las protestas perteneciente al Sistema Nacional de Orquestas quien, luego de ser agredido y detenido terminó viviendo y tocando su violín en Nueva York.

Dirigentes perseguidos

La persecución a dirigentes opositores, con 30 diputados en el exilio, y la fuerte represión que se originó tras el nacimiento del gobierno interino, generaron además el estigma de que “dictadura no sale con votos” alimentado además por la idea del fraude electoral inevitable desde la cúpula del Consejo Nacional Electoral (CNE) y que tomó mayor fuerza con la creación de la Asamblea Nacional Constituyente y la reelección de Nicolás Maduro en 2020.

Este nuevo escenario fue aprovechado intensamente por el chavismo, sus “bots” y expertos en contrainformación para profundizar la idea de que no es posible ganar un elección con el gobierno chavista o promover cambios desde los procesos electorales.

Además de anular a la Asamblea Nacional, el caso del robo de la elección del gobernador del estado Bolívar en las pasadas elecciones regionales de 2017, arrebatadas a Andrés Velázquez, fue un punto clave en esa promoción. De hecho, Andrés Velázquez fue uno de los grandes promotores de la abstención en este proceso del 21N. No hay que olvidar que en esas elecciones, importantes sectores del llamado G4 (Acción Democrática, Primero Justicia, Voluntad Popular, Un Nuevo Tiempo) se abstuvieron de participar.

Tres voceros gubernamentales han sido clave en emitir mensajes que motivaron la abstención: Nicolás Maduro, Jorge Rodríguez y Diosdado Cabello. Todo ello muy sincronizado con los “bots” de las redes sociales y las falsas noticias.

Ambigüedad del interinato

Por último, hay que recordar que el trabajo de campaña electoral, participar en ella para organizar, cohesionar, y movilizar a una ciudadanía, especialmente en momentos en que hay dispersión y retroceso, fue evadida por los cuatro partidos del G4 a partir de la desmovilización y desesperanza que se profundizó a partir de 2017.

(Foto: Daniel Hernández)

Mucho les costó acceder a participar en el diálogo en México y al mismo tiempo llamar a participar en las regionales. De allí que a última hora decidieron su participación en las elecciones del 21N. Esto desde luego impidió organizar una maquinaria electoral, hacer primarias para unificar candidatos y negociar con candidaturas que ya estaban en marcha por la ausencia de estos partidos mayoritarios.

El temor a ser calificados como colaboracionistas y la duda de participar en elecciones facilitó el camino de divisiones y el escenario para que el chavismo “comprara” o “convenciera” a dirigentes como los llamados “alacranes” como José Brito, de Primero Justicia, y Bernabé Gutiérrez, de Acción Democrática, para dividir sus partidos cuyas siglas fueron confiscadas y asignadas a estos por el Tribunal Supremo de Justicia.

Una reflexión indispensable

Es factible que este revolcón electoral permita una nueva reflexión en las dirigencia y comprender de una vez que hace falta reconstruir los grandes partidos como instituciones democráticas en donde equipos de dirigentes debatan sus puntos de vista y establezcan acuerdos tácticos y estratégicos de políticas públicas y de acción.

Hay que retomar la democracia interna en los partidos y el trabajo institucional para promover equipos de dirigentes con distintas especialidades y asesores de nivel.

No es efectiva la creación de mini-partidos y figurillas que tratan de imponer su punto de vista como individualidades que se atribuyen supuestos liderazgos. Eso no es generación de relevo ni opción para enfrentar a un gobierno que si bien ha sido destructivo y autocrático, trabaja engranado con importantes alianzas internacionales, cuyo aparato gubernamental está cohesionado con una cúpula militar privilegiada y maneja grandes recursos económicos que ahora provienen del mercado negro del oro y otros de la economía “negra” que no son controlados ni siquiera por las instituciones formales que ellos mismos operan.

Haber llevado a Venezuela a ser el país más pobre del continente tendrá sus consecuencias. La cohesión de la cúpula no será permanente; pero se necesita organización y un alto nivel político para analizar, comprender y establecer caminos que hagan efectivas las alianzas hacia la democracia que se hagan referentes como poder alternativo y de cambio.

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