Maduro sentenció la muerte del bolívar

El uso del dólar como instrumento de cambio se convirtió una práctica que se ha hecho cotidiana en los mercados. Maduro condenó a muerte al bolívar soberano

Maduro sentenció la muerte del bolívar

Muerto el bolívar fuerte de Hugo Chávez, Nicolás Maduro, frente al rostro inamovible de José Vicente Rangel, condenó a muerte los últimos vestigios del “bolívar soberano” que no pudo sobrevivir con cinco ceros menos.

Como ha ocurrido en la historia de los países bajo el populismo, las leyes del libre mercado, que nacen desde los micro comercios populares, hasta las industrias más tecnológicas, se imponen sobre las ideologías y a las dictaduras más severas.

El lunes a primera hora de la mañana en una estación de gasolina el “bombero” guardaba sonreído un billete de dólar americano, recibido de un conductor luego de llenar el tanque de su vehículo, sobre la masa de billetes del “bolívar soberano” de distintas denominaciones, que los usuarios suelen entregarle a cambio del servicio.

Un intercambio que se hace a juicio de surtidor y cliente sin que en ello intervenga un precio, una cotización o alguna norma.

Cada vez es más común que el usuario utilice el dólar como instrumento de cambio, en un práctica que se ha hecho cotidiana en cualquier mercado popular, bodegón taller o comercio o servicio público del país.

Un día antes antes, con una indescifrable explicación sobre la economía, el presidente Nicolás Maduro aceptaba que en Venezuela se vive un proceso de dolarización que él, el gobierno “no ve mal”.

Decía Maduro ante un José Vicente Rangel, cuyo rostro estructurado, evitaba cualquier alteración: “quizás lo que voy a decir puede ser un pecado para los dueños de los dogmas; pero yo si te voy a decir una cosa, yo no lo veo mal, me declaro pecador, no lo veo mal, porque la autoregulación necesaria en una economía que se niega a rendirse, de un país que se niega a rendirse, permitió que surgieran otros mecanismos para el proceso de intercambio, comercial, productivo, para la vida económica de la sociedad donde vamos combinando un bolívar en batalla, a veces débil, a veces un poquito más fuerte, un bolívar allí protegiendo los ingresos a través de las tablas salariales, de los salarios y del Carnet de la Patria que le salva la patria a la gente”.

Con su confesión Maduro terminó de reconocer una sentencia que condenó a muerte al bolívar soberano al que ya se le habían quitado cinco ceros; además de los tres que se le había eliminado al “bolívar fuerte” de Hugo Chávez.

Ese reconocimiento es la fase terminal de una economía insostenible, que ha colocado a Venezuela como el país más inflacionario del mundo, promovido por un modelo de expropiaciones, estatizaciones, controles cambiarios, extorsión, corrupción, militarización y falta de independencia en los poderes, que condujeron al país a la pérdida de su Producto Interno Bruto, en retroceso indetenible a partir de 2012.

El espejo de Zimbabue

Al igual que lo ha hecho Nicolás Maduro en Venezuela, la hiperinflación registrada en Zimbabue, que ya superó una década, se intentaba atajar con la emisión de billetes, que en las estadísticas oficiales de ese país africano reportaban en 2008 que la inflación de julio alcanzaba 231.000.000%.

Para enero de 2011, Zimbabue anunció planes para la emisión de billetes de 10 billones, 20 billones, 50 billones y 100 billones de dólares zimbabuenses.

Al momento del anuncio, este último valor (100 billones) equivalía apenas cerca de 30 dólares. Para finales de ese año ya se había impreso un billete por: “One Hundred Trillion Dollars”.

A partir de 2008, los precios subían hasta dos y tres veces por día hasta que en 2009 prácticamente comenzó a desaparecer la moneda local que se hacía inmanejable.

Desde el mes de enero el dólar estadounidense comenzó a circular abiertamente y el gobierno aceptó que circularan libremente monedas como el dólar estadounidense y el rand surafricano. Ya para 2015 el dólar zimbabuense desapareció como instrumento de cambio.

Al igual que está ocurriendo en Venezuela a los billetes se les dio un uso distinto al de un instrumento de cambio, como material decorativo o souvenir.

Dolarización se impone

Venezuela vive un momento similar a Zimbabue en 2008. Un estudio realizado por la firma Ecoanalítica asegura que más de la mitad de las transacciones minoristas en Venezuela ya se están realizando en moneda estadounidense a pesar de que los salarios establecidos en bolívares no superan los 6 dólares mensuales.

De acuerdo al estudio, la dolarización se ha desarrollado en las principales ciudades del país lideradas por Maracaibo.

Ante la caída de la industria nacional que trabaja al 20% de su capacidad, la producción de alimentos, la reducción de las empresas, y el colapso de las industrias estatales como petróleo, hierro, aluminio; el ingreso de divisas se está produciendo por vías alternas; mientras desde el gobierno, los ingresos no formales están ganando terreno.

En la entrevista del pasado domingo, el propio Maduro aseguró que el mecanismo de ingreso de divisas se está “autorregulando” a través de las exportaciones de petróleo, oro, coltán, hierro, acero, etc.

Sin embargo, se ha denunciado que gran parte de esa presuntas exportaciones se hacen por los caminos verdes, generando un flujo de divisas que ingresan al país en efectivo, pero no son registradas como reservas oficiales en el Banco Central de Venezuela (BCV).

La producción oficial de petróleo al cierre de septiembre apenas llegó a 644 mil barriles diarios. Un hecho que nada tiene que ver con el “bloqueo económico” que alega el gobierno.

En cuanto a hierro y acero se registra una caída acelerada a partir de su estatización en 2008, que bajo la gestión privada logró un récord de producción de 4,3 millones de toneladas con exportaciones de 2,3 millones.

Para 2016 ya la producción apenas llegaba a 0, 31 millones de toneladas y en 2019, solamente está activa la Planta de Pellas de Sidor, que trabaja a 6% de su capacidad.

Los trabajadores que tanto celebraron la estatización se encuentran en conflicto y han perdido casi todos sus beneficios incluyendo sus seguros médicos, transporte, comedor y un salario que no llega a 8 dólares por mes.

Maduro en 2018 había anunciado que el Arco Minero generaría 5 mil millones de dólares al año. Pero en lugar de transnacionales especializadas con sistemas de alta tecnología para la extracción de oro, la región ha sido invadida por la minería ilegal manejada por bandas armadas y grupos anárquicos; algunas veces protegidos por miembros de la FANB, sin ningún control ambiental y gran parte de su producción sale al exterior por vías clandestinas. Los constantes decomisos en el exterior por la venta ilegal de oro confirman esta práctica que está devastando a los estados Bolívar y Amazonas.

Los aspectos antes descritos y la caída de nuestra producción en todas las áreas que se estima en 80%, demuestra que el flujo de divisas ya no se produce por las vías formales sino a través de estos mecanismos de una economía paralela.

Este cuadro al que se le agrega el crimen organizado y el narcotráfico que opera en distintas regiones del país, explica el flujo de una cantidad de divisas que se mueve en efectivo que termina operando en una economía subterránea sobre la que no hay controles ni mecanismos legales.

En las zonas auríferas el intercambio se hace directamente en oro o en dólares.

Los pranes que dirigen las bandas que controlan barriadas o determinadas zonas en Caracas y ciudades del interior, además del armamento militar que muestran en las redes sociales, exponen también las remesas de billetes americanos que están en su poder.

Dinero inorgánico

La reducción de la economía formal ha generado una fuga importante de empleados que se trasladan a la informalidad o emigran a otros países.

Algunas empresas y otros oficios especializados cobran sus servicios en dólares estadounidenses y mantienen a su personal con bonos en divisas para compensar el salario y no tener que cerrar sus puertas. Ello se ha extendido en casi todas las actividades privadas que aún se sostienen en el país.

Según ha señalado el economista José Toro Hardy, a pesar de que la Constitución, en su artículo 320 lo prohíbe expresamente, el BCV está creando moneda para financiar los gastos gubernamentales, el déficit fiscal y el flujo de caja de las empresas del Estado, que como vimos están totalmente quebradas.

La liquidez monetaria al primero de noviembre se ubicó en 23.627.813 millones de bolívares, un incremento de 16,49%, que representa una aceleración en comparación con la expansión de 16,36% que el BCV reportó en la semana del 25 de octubre, según las cifras difundidas por el portal especializado Banca y Negocios.

En las últimas dos semanas se ha expandido en 35,55%, que equivale a una inyección a la economía de 6.196.521 millones de bolívares, lo que explica primariamente el incremento de los precios del dólar en el país.

De hecho, a pesar que el BCV implantó un mecanismo de intervención cambiaria, mediante el cual inyectó un monto que se estima en 36 millones de euros en efectivo a la banca para apuntalar la oferta de divisas, el tipo de cambio oficial se ha apreciado en 25,81% en dos semanas y en el paralelo la paridad promedio subió en 29,80% en el mismo período. Tal parece que la intervención, al final del camino, tuvo efectos limitados.

Con esta nueva información, la liquidez monetaria se ha expandido en 2.357,10% en lo que va de año, mientras que la variación interanual alcanza a 9.362,97%, indica Banca y Negocios.

No hay dolarización

Las personas que no tienen acceso al dólar a través de las remesas o por ahorros que lograron en años anteriores, deben sobrevivir con el bolívar devaluado y la precaria ayuda que reciben del gobierno a través del Carnet de la Patria. En esa situación se encuentra la mayoría de la población.

La burocracia gubernamental y los sectores privilegiados de la FANB reciben pagos en dólares en efectivo, como un mecanismo para mantener el respaldo a un gobierno que ha perdido sus bases populares.

Algunos analistas sostienen que ese mecanismo de mantener la vigencia del bolívar, aún bajo un proceso de devaluación extrema, permite a la burocracia gubernamental mantener el control sobre los ciudadanos y obligar a que se ocupen más de su supervivencia que por exigir sus derechos.

Como indicaba el estudio de Ecoanalítica, sólo 50% de la población maneja algún ingreso proveniente del flujo de divisas que, por vías distintas, se está moviendo en la economía del país.

La realidad es que millones de personas no pueden acceder al mínimo de alimentos, agua y atención médica, tal como lo señala el responsable de la Oficina de Coordinación de Asuntos Humanitarios de la ONU, Mark Lowcock, quien acaba de concluir una visita de tres días a Venezuela en la que ha sido testigo de la situación humanitaria que vive el país.

“Durante mi primera visita a Venezuela, he visto cómo las mujeres, los hombres, los niños y las niñas se enfrentan cada día a retos abrumadores para sobrevivir. Millones de personas no pueden acceder al mínimo de alimentos, agua y atención médica. La situación continúa deteriorándose”, señaló Lowcock en un comunicado de prensa.