Marcos pide al gobierno que le practiquen la eutanasia

Marcos Guillén es venezolano. Tiene 45 años, está parapléjico por causa de un accidente automovilístico. Vive en el Municipio Palavecino, Estado Lara, “hacinado” -según sus propias palabras- en una casa que no es suya. El 20 de octubre pasado dirigió nuevamente un video a Nicolás Maduro.

Lleva más de un año y tres meses haciendo videos para pedir “ayuda significativa” para su caso. No sólo no tiene vivienda, sino que recibe media pensión, eso con todo lo que implica ser cuadripléjico y estar postrado en una cama.
Marcos es un símbolo de la magnitud de la crisis humanitaria en Venezuela. Su video me puso a llorar.

En sus primeros videos, Marcos le pide ayuda a Maduro para conseguir vivienda e insumos médicos. ¿Cómo puede alguien a estas alturas afirmar que no hay crisis humanitaria en Venezuela?… Para una persona que está inmovilizada del cuello hacia abajo, la situación es aún más crítica, porque necesita ayuda. Hablo con propiedad porque mi mamá quedó postrada en cama a consecuencia de la demencia senil que tuvo y así pasó cuatro años antes de fallecer. No se movía, pero había que moverla varias veces al día para que no le salieran escaras. La alimentábamos a través de un gastrostomo, tenía sonda, colostomía… Cualquier pequeña infección podía convertirse en una gravedad: dos catarros terminaron siendo neumonías. Necesitaba atención constante. Y es que hay situaciones que son mucho peores que la muerte, incluso en situación normal del país. He pensado muchas veces cuán difícil hubiera sido manejar el caso de mi mamá con esta escasez de medicamentos e insumos médicos. Las sondas, las bolsas para la colostomía, los centros de cama… Los antibióticos, el medicamento para el Parkinson asociado a la demencia, los alimentos ricos en proteínas… Por eso entiendo a Marcos. Por eso me conmueve su caso.
En este último video, su llamado ya no es para que le den, sino para que le quiten. Que le quiten nada menos que la vida: Marcos pide que le practiquen la eutanasia.
“Entiendo que hay una grave situación del país, no sé si es guerra económica, yo no estudié administración, yo no soy economista. Sólo sé que cada vez que alguien sale a comprarme sea comida o sean insumos médicos se enfrenta al alto costo de la vida, de verdad que como se me acaban las fuerzas… Necesito cambiarme la sonda porque estoy pasado casi dos semanas. Pero una sola sonda me cuesta Bs. 24.000 y mi pensión es de Bs. 88.000 mensuales”.
¿Cómo sobrevive alguien con Bs. 88.000 mensuales si la cesta básica de alimentos en julio ya había pasado los 2 millones de bolívares y ya entramos en la espiral de la hiperinflación? ¿Cómo cuida la esposa a su marido si tiene que salir a trabajar? Marcos expresa la angustia que esta situación le causa:
“Entiendo el problema grave en el que está el país y no voy a arrastrar a mi hija ni a mi esposa a la mala vida que llevo… y como dice mucha gente, algunos vecinos y mis propios hermanos, por mi culpa murió mi mamá, por estarme cuidando. Hago la petición al gobierno nacional para que se haga la eutanasia conmigo (sic) de una manera digna. Espero pronta respuesta y que Dios los bendiga”.
 
En Venezuela hemos visto las tragedias más desgarradoras en los últimos años. Marcos Guillén es el símbolo del niño que convulsionó más de cien veces en un día y murió por falta de anti convulsivos. Del anciano que murió de mengua. De quienes esperan por diálisis y quimioterapias que nunca llegan. De las mujeres que paren en la calle o en la sala de espera de los hospitales.
De los pacientes seropositivos que no tienen tratamiento… Que Marcos pida la eutanasia es sólo una muestra de uno de los cuadros más tristes que nos ha tocado vivir como país, porque es algo así como que el país mismo está pidiendo la eutanasia…]]>