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MerCLAP y control de precios

Los casos de corrupción han sido públicos, y la destrucción que ha causado el sistema de controles y distribución durante más de una década también.

De Mercal a los CLAP transcurrieron 13 años, durante los cuales hubo Mercalitos, Pdval, Pdvalitos y Bicentenarios y controles rígidos de precios y cambios.

En mayo de 2010, tiempos de abundancia, 120.000 toneladas de alimentos importados para Pdval se pudrieron en puertos venezolanos. El 23 de diciembre de 2015 TalCual tituló “La justicia se pudrió esperando por caso Pudreval”,  aludiendo a la paralización del procedimiento judicial contra los inicialmente detenidos. El 16 de febrero de 2016, menos de dos meses después, el presidente Maduro declaró en idénticos términos que “Abastos Bicentenario se pudrió”, puesto que “miles de toneladas de alimentos pasan por Abastos Bicentenario y descubrimos que las mafias la tienen ellos mismos”.

Los casos de corrupción han sido públicos, y la destrucción que ha causado el sistema de controles y distribución durante más de una década también. Expropiaciones de empresas y tierras e importaciones de alimentos en dólares vendidos en el país a tipos de cambio increíbles destruyeron oportunidades de inversiones y aprendizajes que hoy nos hacen falta con urgencia.

Obviamente, los CLAP van en la misma dirección en tiempos de agobiante escasez. Sin embargo, para cambiar de dirección hay diversas opciones. Aunque dos objetivos comunes sean eliminar los controles de precios de los alimentos y permitir el crecimiento de múltiples productores y distribuidores de alimentos, el grado de destrucción actual obliga a considerar alternativas para alcanzarlos.

Levantar todos los controles de una vez, antes de hacer cualquier otra cosa, no parece una buena idea. Las personas en colas en todo el país no pueden calificarse de una única manera por lo único que con seguridad tienen en común: hacer cola para comprar productos a precios controlados. En las colas hay personas de distintas edades y ocupaciones, que usarán los bienes adquiridos para consumo o reventa en proporciones desconocidas para un observador casual.

Los saqueos que se multiplican tampoco pueden justificarse exclusivamente con el hambre, ni condenarse exclusivamente como criminales. Siempre son destructivos e indeseables: no sólo se destruyen medios de transporte e infraestructuras de almacenamiento. También se destruyen las reglas mínimas de convivencia que se expresan en el respeto a una cola, un local y sus dueños y trabajadores.

Levantar los controles es indispensable, pero de la secuencia con la que esta medida sea precedida y sucedida por otras dependerá no sólo que no se revierta, sino que el momento que sufrimos no empeore aun más.