Michael Penfold: el todo o nada no sirve para negociar una salida en Venezuela / Video

¿Por qué un régimen autoritario que concentra todo el poder querría negociar con una posición debilitada y fragmentada, que vive su peor momento? Michael Penfold, una autoridad en Ciencias Políticas, explica el actual escenario venezolano sobre la base de unas posibles negociaciones bajo el auspicio de Noruega. Una cosa es resistir en el poder pero eso no implica que el chavismo no esté enfrentando una situación compleja de sostenibilidad económica social y financiera, señala

Michael Penfold: el todo o nada no sirve para negociar una salida en Venezuela / Video

El politólogo Michael Penfold deja entrever un optimismo racional sobre las posibilidades de que Venezuela comience a salir del atolladero a partir de un acuerdo entre el chavismo y la oposición, por el bien de millones de familias que necesitan respuestas.

En medio del escepticismo generalizado y de una crisis que se agrava cada día, resulta que con la mediación de Noruega, el chavismo y la oposición tienen interés en dialogar y acaso negociar una salida a la peor situación de Venezuela desde las guerras civiles del siglo XIX.

Se trata de un proceso complejo que apenas comienza con contactos pendulares de negociadores que van de uno al otro lado de las partes. Pero se supone que este debería ser el primer paso para sentarlos en una mesa y llegar a acuerdos creíbles y que se puedan cumplir.

“Esperemos que esto avance y ojalá tenga un buen final. Ahora, ese final no está garantizado. Ni siquiera el arranque está garantizado. Esto se va a dilatar un poco más porque hay expectativas muy disímiles entre el chavismo y la oposición sobre todo sobre cuál va a ser esa agenda”, dice Penfold.

Está en la fila de los moderados, de los que recomiendan este acuerdo en un país sin expectativas claras.

Del todo o nada queda nada

“Las partes no han llegado al convencimiento de que tienen que entregar de entrada algo importante para que el país realmente pueda digerir y aceptar este proceso”, añade este profesor de Ciencias Políticas del Instituto de Altos Estudios de Administración (IESA).

Penfold también es investigador del prestigioso Wilson Center de Estados Unidos, reconocido en 2019 como el centro de estudios número uno del mundo dedicado a temas de interés global y político.

Basa su análisis e interpretación en su conocimiento de la realidad venezolana, de muchos de sus protagonistas y de fallidos procesos anteriores de negociación. También se apoya en su formación de post grados en Política Comparada y en Economía del Desarrollo de la Universidad de Columbia. Ha escrito varios libros, entre ellos “Dragón de los trópicos: Venezuela y el legado de Hugo Chávez”, con Javier Corrales, reconocido como el mejor libro sobre el hemisferio occidental por la revista Foreing Affairs.

“Si esta negociación desde el principio no se traduce en cosas concretas, en consecuencias positivas, va a ser difícil que la gente le preste atención y desee que llegue este proceso a buen puerto. Por eso creo que, desde el principio, hay que hacer concesiones sustantivas, que hagan ver este proceso no solamente creíble sino que se va a traducir en una mejora real para la gente en Venezuela”, recalca.

No es soplar y hacer botellas

“Si eso no ocurre será un proceso como en el pasado, muy vulnerable a factores desestabilizadores tanto internos como externos, que no quieren ver que esa negociación llegue a buen puerto”, advierte.

Observa que en este momento ni el chavismo ni la oposición democrática en Venezuela tienen capacidad desde el punto de vista unilateral para conseguir su principal orden de preferencia en una mesa.

Esos anhelos son, en el caso de la oposición, una transición rápida a estilo del 23 de enero de 1958 (cuando el dictador Marcos Pérez Jiménez fue desalojado de poder en una rebelión militar cívica). Para el chavismo es “mantenerse resistiendo en el poder permanentemente”.

“Ambas opciones son poco probables”, señala.

“El chavismo hoy puede resistir. Mañana no sé si lo podrá hacer porque las cosas se deterioran aún más. Hay riesgos, las sanciones que enfrenta Venezuela son muy severas, son tan severas como las que enfrenta Irán. En este momento, en muchos sentidos, Venezuela está absolutamente aislada, cada vez más distante del resto del mundo”.

“Por el lado de la oposición, esa idea de una estrategia dura, una gran coalición internacional que va a remover al chavismo del poder luce poco relista. Sobre todo en una región que está cambiando en medio de la covid-19 desde el punto de vista político dramáticamente, y lo mismo ocurre en el resto del mundo”.

La salida pues, deberá ser forjada por los propios venezolanos, según se desprende de sus palabras.

Camino electoral

“La única opción real que tienen ambos lados es esta. ¿Puede fracasar? Hasta ahora ha fracasado. ¿Puede funcionar? Depende de muchas cosas que hay que construir e insisto en que el principal objetivo de Noruega en este momento es garantizar que estas condiciones estén ahí, que esas concesiones previas se hayan dado, que no estemos en una negociación que sea una simple extensión del conflicto venezolano, sino que estamos entrando realmente en un proceso más distendido donde colectivamente, socialmente, políticamente, vamos a construir un acuerdo que realmente permita rescatar al país”.

Ese acuerdo potencial no va a ser perfecto y tendrá algunas cosas más fáciles de implementar que otras.

“Eso es así en todos los conflictos políticos que se han vivido desde Irlanda del Norte pasando por los acuerdos en Colombia. Eso es lo que nos toca. No tenemos otra opción sino esta. Si la desperdiciamos, el conflicto va a seguir y el deterioro también”.

Pero, puntualiza, hay ciertas cosas que lo hacen ser optimista en medio de todo.

“La primera es cuando ves las encuestas entre los venezolanos que están en Venezuela: los de acá parecieran, en más de 60 por ciento, apoyar este proceso”, dice.

El rebote necesario

“Este no es un proceso antipopular. La gente quiere una salida electoral, quiere votar, abrir ese camino desde las regionales pasando por la mesa de negociación y volviendo otra vez a unas legislativas cuando se determinen. Es lo único que nos queda realmente concreto”, señala.

“Lo segundo es que Venezuela, si llega a un acuerdo, puede empezar un proceso de recuperación, porque vamos a tener oportunidad del financiamiento de organismos multilaterales, sin los cuales es imposible recuperar los servicios públicos del país y el sistema educativo”, dice.

En efecto, hay consenso entre especialistas en que el colapso de la economía rentista petrolera, en la infraestructura y los servicios, en el empleo, el transporte y en la calidad de vida provocan entre la población civil estragos equivalentes a los que hubiera dejado una guerra civil o un gran desastre natural.

Pero el mundo de la política tampoco ofrece respuestas ni resultados concretos a quienes solo aspiran llevar una vida medianamente normal en su propio país.

Para Penfold, la posibilidad de que un acuerdo libere recursos de multilaterales como el Banco Mundial o Interamericano de Desarrollo puede ser un detonante muy importante de expectativas.

“Porque solamente con ese cambio se hace que la gente perciba que el futuro en Venezuela tiene unas características diferentes”, explica.

Conflicto enquistado

“Ahora,  ¿los resultados de corto plazo van a ser altísimos? No necesariamente. Pero sí creo que en la medida en que ese proceso de implementación vaya avanzando, si es que llegamos a un acuerdo, el país va a ir acompañándolo porque ha vivido un conflicto político que ha dejado unos resultados sociales y económicos atroces”.

“Eso sí, aceptando lo que ha ocurrido. Hay otro proceso que va a tener que ir en paralelo: hablarle al país con las verdades de todo lo ocurrido, cosas graves y lamentables”, dice sobre estos largos años acumulados de crisis.

El país, señala, necesita reconectarse con el liderazgo político, que resuelva los problemas que tienen las personas en las regiones, que recupere la industria privada, para volver a soñar con un sector privado que va a ser fundamental en la reconstrucción.

Venezuela ya está en el peor de los estatus, donde básicamente la gente está empezando a votar con los pies, a irse porque no hay futuro, porque no lo ven en un mundo muy complicado.

Las encuestas muestran a gente muy pesimista, que piensa que no hay mucho que hacer sino sobrevivir. “Apuestan a ellos como individuos, pero con esa respuesta no construimos país”, dice.

Reprocha que ante las perspectivas de unas negociaciones se imponga de entrada la tesis del “todo o nada” de parte y parte, que condiciona y limita cualquier negociación de este calibre.

El papel de Washington

“Es un avance que tanto la oposición democrática como el oficialismo acepten la posibilidad todavía no cierta de que pueda haber una negociación. Eso es resultado de una serie de factores externos a los mismos actores, que ha permitido que eso ocurra”, dice sobre el papel de la comunidad internacional en este incipiente y complejo proceso.

Menciona el cambio de la administración de Trump a la de Biden en Estados Unidos como un detonante.

“Si bien no va a cambiar toda la estrategia de política exterior de Estados Unidos hacia Venezuela, en especial de las sanciones, sí ha cambiado su idea de lo que es el objetivo de esas sanciones, de esas restricciones internacionales”.

Ahora el objetivo es producir más que una ruptura del oficialismo, del régimen, del chavismo, es producir unas elecciones libres y justas en el marco de una presión internacional y una salida más multilateral que pase por una coordinación más estrecha con Europa.

“Y del lado de la oposición creo que el surgimiento de grupos que han estado promoviendo una alternativa a una estrategia que o no venía funcionando, que había erosionando el capital político del gobierno interino” (de Juan Guaidó, reconocido como tal por unos 60 países, democracias de corte occidental).

Ese frente, en el que se ubican Henrique Capriles y Stalin González, empezó a buscar opciones de negociación, primero alrededor de las elecciones legislativas que fracasaron pero que, a pesar de ello, lograron la liberación de 150 presos políticos en septiembre.

Posteriormente, con la participación de la sociedad civil organizada, agrupada en el llamado Foro Cívico, se llegó al nombramiento del nuevo Consejo Nacional Electoral, como un paso muy incipiente pero importante.

Escenario distinto

“Esos dos elementos han ido moviendo el piso político tanto del oficialismo como del mundo democrático. Por el lado del oficialismo les crea más incentivo entrar en una negociación entendiendo que la posición de Estados Unidos, en la medida en que se otorguen ciertas garantías electorales, puede implicar remover ciertas restricciones internacionales. No todas, porque eso va a pasar por un proceso de implementación gradual del acuerdo al que se pueda llegar”.

Se refiere a las sanciones impuestas a la estatal Petróleos de Venezuela, a la República y a individuos que forman la cúpula del chavismo en el poder.

“Por el lado de la oposición, creo que al ala más dura no le quedó más remedio que aceptar que la negociación era inevitable. Estamos en ese punto”.

Pero Penfold es cauteloso sobre las expectativas:

“¿Hay negociación como tal? No. Lo que hay es una aproximación en torno a las reglas de esa negociación, de la agenda, de cuál va a ser el papel del facilitador o mediador, en este caso el Reino de Noruega; cuáles van a ser las precondiciones o concesiones previas”.

“Este es un punto que he tratado de decir de manera muy enfática: qué van a dar las partes para hacer creíble la negociación”.

“Hasta ahora, las negociaciones no han funcionado. Es más, después del colapso de cada una de las negociaciones, hemos terminado con procesos mucho más cruentos, más difíciles. Y retomar la negociación otra vez en una mesa toma tiempo y tiene un costo social enorme para el país.

Dar algo a cambio

“La única manera de evitar eso es que cada una de las partes haga concesiones importantes para entrar en ese proceso de negociación”.

Por el lado de los escépticos, algunos observadores señalan que ahora las condiciones han cambiado por completo y el gobierno está más fortalecido, es francamente autoritario y la oposición está debilitada y fragmentada.

El chavismo lleva la delantera, y no tiene necesidad ni incentivos de sentarse a negociar el poder.

“Pienso que ciertamente Maduro hoy está en una posición en la cual, en teoría, está con mayor poder de negociación del que tenía la oposición hace dos años cuando todavía estaba sentada en la mesa de Barbados y más bien enfrentaba a un chavismo en un momento de muchísima debilidad”

“Sin duda hoy, dos años después, eso está prácticamente revertido para el chavismo. Pero sí creo que el chavismo tiene incentivos para negociar. No necesariamente el resultado de esa negociación va a ser exactamente el mismo que se pudo haber alcanzado hace dos años”.

Pero ¿por qué negociar si está con el control en el plano interno?

“En primer lugar porque una cosa es resistir en el poder, que es lo que ellos pueden seguir haciendo, pero eso no implica que no estén enfrentando una situación compleja de sostenibilidad económica social y financiera que hoy controlan pero mañana pueden no controlar. Eso es una realidad.

En segundo lugar, entienden que el tema no es solo resistir y que estando en posición de mayor fuerza pueden encontrar más concesiones importantes de Estados Unidos que les permitan a ellos tomar control, gobernar de una manera que hoy no lo pueden hacer frente a un estado que esta en la práctica desmantelado y quebrado”.

Pero, evidentemente, no están dispuestos a negociar cualquier cosa.

“Creo que parte del proceso en el que estamos en este momento, que algunos llaman pendular, en el fondo es el trabajo de Noruega: poder articular nuevamente esa agenda en función de un acuerdo básico que haga ver cuáles son los temas centrales”.

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