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Mutilan a soldado desertor por robar en minas de Bolívar

El domingo un joven de 19 años de edad fue mutilado, sus manos amputadas, le sacaron los ojos y le cortaron la lengua. La mutilación física como advertencia y castigo es una práctica muy utilizada en las regiones mineras de Venezuela tomadas por las bandas criminales.

Mutilan a soldado desertor por robar en minas de Bolívar

El hecho ocurrió en el sector El Perú de El Callao. El joven que fue acusado de robar en varios campamentos mineros en el estado Bolívar fue identificado como Leocer José Lugo Maiz.
Según reportes, Lugo fue encontrado en la carretera principal de la mina Yinyan y es oriundo de la parroquia Simón Bolívar en San Félix.
Según un parte especial del hecho que fue presentado por la Zona de Defensa Integral del estado Bolívar, Lugo era un soldado que estaba ausente de las instalaciones militares desde el 28 de diciembre de 2018, por lo que fue acusado de deserción el 1 de enero de 2019 y a partir de ayer, una vez ingresado en el hospital Juan Germán Roscio, se le separa del cuerpo militar.
Lugo es la última víctima de los grupos delictivos que controlan la zona e imponen su ley, mientras los cuerpos de seguridad del Estado se repliegan.
La zona de El Callao es según el observatorio venezolano de violencia el pueblo más violento del país con una tasa de homicidio de 816% y está controlada por bandas criminales, conocidas como sindicatos. Estos grupos se enfrentan frecuentemente por el control de las minas, de oro, de hierro y otros minerales preciosos.
MutiladoBolivar
Desde antes de 2016 se han producido masacres en las minas de Bolívar, Venezuela aunque una de las más conocidas fue la ocurrida el 4 de marzo de ese año en Tumeremo, en la que 28 personas fueron ajusticiadas por la acción de una banda criminal que reclamaba el lugar.
Otras acciones, que pueden ser calificadas como ajusticiamentos fueron hechos en 2017 en operativos conjuntos entre el Ejército y el Cuerpo de Investigaciones Científicas, Penales y Criminalísticas, para “limpiar” las minas y entregarlas nuevamente a trasnacionales.
Muchas de estas minas estaban bajo concesiones de empresas extranjeras, fueron expropiadas, y ante las denuncias internacionales debieron ser devueltas a quienes las explotaban originalmente, algunos pranes y los mal llamados sindicatos las tomaron, por lo que los cuerpos de seguridad del Estado procedieron a eliminar a los trabajadores en el lugar.
Además de los enfrentamientos, las ejecuciones sumarias y la tortura son prácticas comunes en esta región. Al mejor estilo de lo ocurrido en África por la explotación minera de diamantes, estos sindicatos ejercen un férreo control sobre la población y actúan con dureza insospechada cuando se salen de sus parámetros de la “normalidad” que han impuesto en la zona.
Según varios reportes en 2017, miembros de un sindicato jugaron fútbol con cabezas amputadas e incluso miembros de la fuerzas del Estado y participaron en las matanzas.
El oro -denuncia el periodista Bram Ebus- que viene de estas bandas criminales que destruyen el ambiente y cometen ecocidio de un patrimonio natural de la humanidad, es vendido a la compañía estatal Minerven o traficado fuera del país y subsecuentemente va al Banco Central de Venezuela o a compradores internacionales.]]>

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