Nerea y Martina: el triste caso de un asesinato avisado que nadie evitó

En septiembre de 2018, Ricardo Carrascosa mató a cuchilladas a sus hijas de 6 y 3 años y luego se suicidó. Desde enero, la madre pedía protección para sus hijas porque ya el hombre la había amenazado. Jueces, fiscales y policías la desestimaron. Tres años después reconocen su "fallo en cadena"

Nerea y Martina: el triste caso de un asesinato avisado que nadie evitó

En España, los asesinatos de niños por parte de sus propios padres son tan frecuentes que estremecen. Pero deberían ser menos, muchos menos, porque a veces estos padres amenazan, atacan y anticipan las acciones que van a cometer y, aunque se denuncia, la justicia no hace nada para evitarlo. El caso de Nerea y Martina, que sale a colación de nuevo tres años después de sus muertes, lo demuestra por enésima vez.

Nerea tenía seis años y su hermanita Martina dos cuando, el 25 de septiembre de 2018 en Castellón, fueron acuchilladas hasta la muerte por su padre Ricardo Carrascosa, quien luego se suicidó, lanzándose por la ventana de la vivienda, en un sexto piso. Pero ese fue solo el triste colofón de un peregrinar de ocho meses de su madre, pidiendo medidas de protección para sus hijas en todas las instancias posibles.

Este 27 de diciembre, más de 3 años después de las muertes, la justicia española admitió que falló y decidió una indemnización de 800.000 euros para la madre y 100.000 para cada pareja de abuelos. Pero, más allá del dinero y de admitir su ineficiencia (por lo que Itziar luchaba), no se emite ninguna sentencia penal. ¿O es que acaso no fue por la negligencia de uno o varios jueces, de fiscales, y de policías que fueron asesinadas las niñas? Y un tema de debate: ¿Es posible hablar de homicidio culposo cuando, a pesar de las muchas pruebas y evidencias, nunca tomaron ninguna medida para proteger la vida de las niñas?

Desesperado peregrinar

Itziar Prats, la madre de las niñas, tenía la aterradora certeza de que eso ocurriría porque el hombre se lo había anticipado con palabras y con hechos violentos.

nerea y martina

Ricardo Carrascosa había amenazado repetidamente a la madre de las niñas, con mensajes como «vete despidiendo de ella»

Ella se lo dijo a la policía, a los fiscales y a los jueces, exclamó que las pequeñas corrían peligro, rogó porque suspendieran las visitas no supervisadas o porque impusieran una orden de alejamiento y no hubo manera. Ninguna instancia protegió a las niñas.

La primera evidencia de la extrema violencia que poseía a Carrascosa ocurrió en enero de 2018, cuando en un ataque de furia, destruyó el coche de Martina, según reseñó el diario El País. Desde entonces, y hasta la terrible llamada del 25 de noviembre a las 6 am, Itziar llevó ante las autoridades audios y mensajes amenazantes del tipo «vete despidiendo de ellas» o «me voy a cargar lo que más quieres», según reporta el periódico español El Diario. Tampoco pesaron las fotos de las cosas rotas o la denuncia que por maltrato físico había interpuesto un médico. La justicia no otorgó la protección solicitada.

El origen de este desdén judicial fue la conclusión policial de la primera denuncia que Itziar puso ante la comisaría en enero de ese año. Habló de las amenazas y mostró las fotos del coche destruido. Pero la policía determinó, y así lo escribió en su informe, que el peligro era de «riesgo bajo». Luego, la jueza archivó el caso con las siguientes aciagas palabras: «No ofrece una explicación razonable al miedo que dice sentir».

Ahora se ve que quien no fue razonable ante el miedo de la madre fue la jueza.

Una separación traumática

Itziar y Ricardo Carrascosa se conocieron en Castellón, una población de la Comunidad Valenciana. Ninguno de los dos era oriundo de allí. Itziar había llegado de Madrid y trabajaba en una escuela de la zona. Carrascosa era «azulejero» (o ceramiquero, como se dice en Venezuela, refiriéndose a una persona especialista en colocar baldosas, cerámicas y azulejos).

Ricardo Carrascosa con una de las niñas. Foto Cortesía

 

Un año antes del asesinato de las pequeñas, Itziar se había separado definitivamente, mudándose a un apartamento muy cerca de donde estaban las niñas. En los primeros días de separación, el acuerdo era que Nerea y Martina dormirían en la casa del padre, y el resto del día lo pasaban con la madre. Pero luego llegaron las amenazas y los ataques por parte de Carrascosa. Y la petición de Itziar, ya sabemos desoída, de que protejan a sus hijas.

El 25 de septiembre de 2018, y según contó en esa época Noticia Digital, un vecino que regresaba de su trabajo nocturno vio un cadáver en la entrada de su edificio. Levantó la vista y claramente vio la ventana del sexto piso abierta. Llamó a la policía que, a su vez, telefoneó a Itziar, la misma mujer a la que antes no habían hecho ningún caso, para avisarle que su exesposo estaba muerto. «¿Y las niñas?», preguntó ella, alarmada. Dejó todo y se fue corriendo al lugar.

Los vecinos también apremiaron a los funcionarios policiales para que chequeara el apartamento, pues sabían que el hombre vivía con dos niñas pequeñas. La puerta estaba cerrada por dentro. Le pidieron a la madre que las llamara, a ver si las niñas abrían. Pero no: cuando forzaron el cerrojo vieron sus pequeños cuerpos con muchas cuchilladas.

A Itziar se le acabó el mundo ese día. Sus gritos de dolor aún resuenan en las calles de Castellón. Los vecinos los siguen recordando en ese amanecer terrible y sangriento. Itziar regresó a Madrid, a vivir con sus padres, en la casa donde creció. En forma de homenaje a sus pequeñas teje mariposas moradas, siempre en par, una grande por Nerea y una pequeña por Martina, y las reparte en colegios, conferencias, en cualquier lugar que la escuchen. Ya lleva 20.000 repartidas.

Las mariposas que teje Itziar en recuerdo de Nerea y Martina. Foto cortesía

Además de su trabajo, en estos tres años se dedicó a luchar para que el Estado reconozca que falló. Finalmente lo logró a pocos días que acabe 2021 y a más de tres años del peor día de su vida. Tiene la esperanza de que, así, no vuelvan a morir más niños asesinados por violencia vicaria. Quiere creer que, así, los jueces, fiscales y policías protegerán de verdad a los pequeños en riesgo.

Mientras tanto, Itziar sigue tejiendo mariposas moradas.