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¡Ojalá no sea polio!

El 14 de junio pasado leí con terror un post de mi compadre, el pediatra Luis Felipe Blanco Iturbe en su muro de Facebook:

¡Ojalá no sea polio!

¡¡¡ POLIO !!!

La infausta nueva de la reaparición de la polio en este desdichado país nuestro no la puedo soslayar. Tengo un duelo personal con ese virus artero. Uno de mis más tempranos fantasmas. Quien no vivió el pavor de los años anteriores a la vacuna, no imagina el aire de tragedia inminente que se respiraba. Nada desde entonces ha sido tan unánimemente temido.

Parajes tenebrosos de mi confusa y trashumante infancia. Una cruel añadidura a las congojas que mis padres ya padecían en aquel agudo trance del exilio. Mi hermano y yo fuimos retirados de la escuela. No fuimos a clase en el año de 1953. Nos alejamos para siempre del legendario Colegio María Montessori, escuela germinal de aquellos chicos venezolanos tambaleantes.

La poliomielitis, junto con la viruela, cólera, tuberculosis, influenza y otras enfermedades infecciosas, fue uno de los padecimientos que puso a temblar a la población mundial a mediados del siglo XX. Es una enfermedad que, cuando no produce la muerte, suele dejar invalideces permanentes, en especial en las extremidades inferiores de las personas que la padecen, principalmente los niños.

El panorama de aquellas caravanas de chiquillos inválidos espantaba a la sociedad continental. Cuando escribo repaso el frío en los propios huesos. Ante ello, las madres fueron las más preocupadas debido al temor de que sus hijos quedaran paralíticos por el resto de su vida o, en el peor de los casos, murieran. Por tal motivo, procuraban que estuvieran en casa el mayor tiempo posible y se mantuvieran alejados de niños que habían contraído la enfermedad.

Parte del trabajo del Comité de Lucha contra la Poliomielitis, que se activó muy temprano en todo el país, con apoyo de la Secretaría de Salubridad y Asistencia, consistió en limitar el esparcimiento de los casos de parálisis con medidas como el aislamiento de los pacientes en condición aguda en el hospital o el hogar durante catorce días desde la iniciación de la fiebre, o no llevar a los niños menores de cinco años a parques infantiles, mercados, cines, teatros, albercas e iglesias.

El ideal era que los infantes sólo tuvieran relaciones con sus padres, hermanos y niños con los que habitualmente jugaban y no permitírseles relación con personas extrañas a ese círculo durante varios meses. La sombra se arqueó sobre México con encono.

El solo nombre de la enfermedad rayaba de plisados la frente de mis padres. Mi hermano y yo fuimos retirados de la escuela en 1953. Recibimos lecciones diarias en una terraza sobre el alto, comedido y deslustrado edificio, nuestra torre de cuarentena, en que transcurrió aquel grisáceo año, el más amargo del destierro. Nunca cursé 2º grado.

La poliomielitis, como refiere Luis Felipe Blanco, es una enfermedad muy contagiosa causada por un virus que invade el sistema nervioso y puede causar parálisis en cuestión de horas. Afecta sobre todo a los menores de 5 años.

 

Los casos de poliomielitis en el mundo han disminuido en más de un 99%, de los 350 000 estimados en 1988 a los 37 notificados en 2016, como resultado de la Iniciativa de Erradicación Mundial de la Poliomielitis, encabezada por la Organización Mundial de la Salud (OMS), la Asociación Rotaria Internacional, los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de los EE.UU. (CDC) y el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF), con el apoyo de asociados clave como la Fundación Bill & Melinda Gates.

Mientras haya un solo niño infectado, los niños de todos los países corren el riesgo de contraer la poliomielitis. Si no se erradica la poliomielitis en estos últimos reductos restantes, se podrían producir hasta 200 000 nuevos casos anuales en diez años en todo el mundo.

En la mayoría de los países los esfuerzos han ampliado la capacidad para hacer frente a otras enfermedades infecciosas gracias a la creación de sistemas eficaces de vigilancia e inmunización (Información extraída de las páginas web de la OMS).

Pero no en Venezuela. Dengue, sarampión, poliomielitis, difteria… CNN en Español reporta la visita de la diputada Larissa Martínez a un centro asistencial en Delta Amacuro donde da cuenta del horror que se vive en una de las zonas más pobres del país. Un niño de dos años, perteneciente a la etnia warao podría convertirse en el primer caso de polio detectado en el país desde hace 29 años. “Mami, me duelen las piernas, ya no puedo ni caminar” refiere que le dice el niño su desconsolada madre…

La Organización Panamericana de la Salud advierte que, en efecto, es polio. Pero los exámenes especializados no se pueden llevar a cabo in situ porque no cuentan con los reactivos necesarios. Los enviaron al Hospital Clínico de la UCV, y cuando escribo esto, los resultados tardarán entre 12 y 17 días en darlos. Otros 3 casos también están siendo investigados.

“Aquí quien certifica es Venezuela, no la Organización Panamericana de la Salud… No tenemos ningún registro al respecto”, dice Luis López, ministro de “salud”, minúsculas y comillas adrede. Claro, es el mismo individuo que asegura que aquí no hay crisis humanitaria y que Nicolás Maduro se ocupa de la salud de los venezolanos… ¿cómo creerle?

“El ministerio técnico corrobora el caso y el ministerio político lo niega” declara José Félix Oletta, ex ministro de Sanidad, quien en 2017 denunció la “africanización” de la salud en Venezuela. Sin embargo, pareciera que en África están mejor que nosotros: hace dos años se detectaron en Borno, Nigeria, tres casos de polio virus salvaje.

 

El gobierno declaró el brote como una emergencia nacional de salud pública y los gobiernos de los países vecinos (Camerún, Chad, Níger y República Centroafricana) declararon una emergencia regional de salud pública en la subregión del lago Chad. Desde entonces se están llevando a cabo actividades suplementarias de inmunización a gran escala.

“Si es un polio virus salvaje, la preocupación es en todo el continente, de modo que tiene una dimensión de salud pública internacional muy grande” explica el doctor Oletta. Los africanos lo saben, el ministro venezolano, no. Podría tratarse de una poliomielitis vacunal, pero si ése fuera el caso, también tendría responsabilidad MinSalud, porque si la población estuviera plenamente inmunizada, estaría protegida frente a los poliovirus tanto salvajes como de origen vacunal.

Esto ocurre en lugares donde hay baja cobertura vacunal y condiciones sanitarias de precariedad.

Deseo de todo corazón que lo que tengan esos niños no sea polio, porque en manos de los irresponsables que manejan la salud en Venezuela podría convertirse en un problema de dimensiones descomunales. Como si fuera poco, otro más para nuestro calvario.