Ópera para seres de carne y hueso

“La ópera contiene las emociones humanas en su forma más simple y más elemental, como los axiomas en las matemáticas, que no son reductibles. Es por esto que las emociones en la ópera son tan esquemáticas y tan potentes. La ópera implica el peligro, el caos, la desolación, pone al público al límite de todo y tal vez un poco más allá”, dijo Werner el director, documentalista, guionista, productor y actor alemán.

Ópera para seres de carne y hueso

Estas emociones las vivieron quienes disfrutaron de una de las óperas más interpretadas en el mundo: La Bohème de Giacomo Puccini, bajo la batuta de Gustavo Dudamel y la dirección escénica de Fucho Pereda. El montaje, presentado el 13 y 15 de noviembre en la sala Ríos Reyna del Teresa Carreño, resultó ser una revelación, no solo para quienes durante tres horas disfrutaron el espectáculo sino también para los que tuvieron la oportunidad de participar en él.

La Orquesta Sinfónica Simón Bolívar, la Coral Nacional Juvenil Simón Bolívar, los Niños Cantores de Venezuela y los Niños Cantores del Núcleo los Teques quienes junto los solistas Mariana Ortiz, Joshua Guerrero, Nilbelys Peraza, Miguel Salas, Natalia Díaz, Álvaro Carrillo, Gustavo Castillo, Alejandro Gil y Alberto Colmenares, fueron quienes brindaron al público el sentido humano de La Bohème.

En sus dos días de presentación, el evento reunió bajo un mismo techo a músicos de alta trayectoria, personalidades de la comedia venezolana, integrantes del alto mando político, vendedores informales, estudiantes, veteranos amantes del género y personas que por primera vez presenciaron un concierto de ópera.

La Bohème es la vida misma
Basada en la novela de Henri Murguer, “La vida bohemia” representa una de las óperas más populares de Puccini. Esta refleja, durante cuatro actos, la historia de ocho personajes principales que no hacen más que interpretar – según Puccini- la vida.

El barítono y solista Álvaro Carrillo aseguró que esta ópera es la manera más fácil de aproximarse al género. “La Bohème es atemporal, no habla de dioses ni de héroes, habla de personas normales con sentimientos reales como los de cualquier otra, es por eso que quien va por primera vez a la ópera puede sentirse identificada rápidamente”, dijo.

La obra de Puccini ha sido por años acogida satisfactoriamente por los venezolanos. Se ha presentado en diversos teatros caraqueños, con diferentes elencos, orquestas y directores. Sin embargo, fue en 2007 la última vez que la sala Ríos Reyna revivió en su escenario el amor soñado entre “Rodolfo” y “Mimí”, acompañado de la pasión efervescente entre “La Musetta” y “Marcello”.

Mariana Ortiz, soprano de alto reconocimiento y representante del canto lírico en Venezuela, asumió e interpretó el rol del personaje protagonista de la obra, Mimí. Ella, junto a Carrillo, tuvo la oportunidad de participar en el último montaje de la ópera en el Teatro Teresa Carreño.

“La Boheme de 2007 fue hermosa, trabajamos con un Gustavo que hizo un excelente trabajo, sin embargo era un director que estaba en los inicios de su carrera y que no se compara con lo que logró esta vez. Siete años después, Gustavo Dudamel es un director mucho más maduro, con una vasta experiencia y cuyos conocimientos está dispuesto a compartir”, expresó Ortiz.

A pesar de que la obra no ha dejado de presentarse sobre las tablas de los principales teatros caraqueños, fueron cuantiosas las razones para establecer un antes y un después de esta deslumbrante pero también acontecida presentación.

¿Qué hizo tan “especial” esta Bohème?
El director escénico Fucho Pereda opina que el factor determinante fue la armonía y sincronía entre el foso y las tablas. “La dirección musical y la escénica estuvieron conectadas desde el primer ensayo. Existió un vínculo increíble, lo que permitió lograr el equilibrio necesario para hacer un trabajo como el que se hizo. Esa, para mí, es la principal diferencia”, señaló.

Pereda y Gustavo Dudamel han trabajado juntos en diferentes ocasiones, pero más que la experiencia laboral, la ópera siempre fue un lazo entre ellos. “A Gustavo y a mí siempre nos ha unido este género. Como director de ópera es fascinante, él está a un nivel donde se entrega por completo, pasa los límites y brilla. No solo se reunió a ensayar con el elenco sino también estuvo involucrado en vestuario, maquillaje, escenografía, esas cosas que no están dentro de las responsabilidades de un director musical”, dijo Pereda.

Por su parte, Álvaro Carrillo resaltó la importancia de que se haya realizado una Bohème con tan solo un solista extranjero invitado y que el resto del elenco, más de 300 músicos, fueron jóvenes venezolanos que se han formado entre los salones de las academias de canto, coros y orquestas del país.

“Hicimos una obra que le gritó al mundo que en Venezuela hay cantantes de ópera con un nivel altísimo capaces de interpretar y participar en obras de alto calibre y ser dirigidos por Gustavo Dudamel quien ha tenido bajo su batuta a muchos solistas reconocidos, eso es un gran paso para el género”, dijo Carrillo.

“Yo vine a ver cantar a Dudamel”
Durante la larga cola de entrada a la sala Ríos Reyna, fue común escuchar a personas asegurar que la única razón de su asistencia al teatro era para ver a ese joven director de rulos negros del que todos los venezolanos hablan orgullosos. “Yo vine a ver a Dudamel, quiero ver que hace, no sé de qué se trata el concierto pero por lo menos voy a verlo”, confesó Carmen Hidalgo, quien además aseguró que nunca había ido al Teresa Carreño.

Para los integrantes del elenco resulta “maravilloso” que la ópera cuente con la imagen de Gustavo Dudamel, pues él se ha convertido en el puente para que quienes no conocen el género, asistan a un concierto y se enamoren de lo que allí vieron.

“Hay que agradecer a una figura como él porque logra que mucha gente se interese por ir a ver algo que a lo mejor, de otra manera, no se interesarían. Es como un imán, atrae a gente que no tenía ni idea y seguro terminan maravilladas. Además acerca a personas que quizás consideraban ir a la ópera como un tabú”, expresó Natalia Díaz Sfeir, soprano e intérprete de La Musseta en la segunda función.

Para muchos músicos la “Dudamelmanía” no es más que un reflejo de la labor que ha desempeñado Gustavo no solo en Venezuela, sino en el mundo. Quienes mantenido una relación laboral con él aseguran que ha logrado acercar a todo tipo de personas a un mundo erróneamente etiquetado como elitesco. “Claro que la gente va a ver a Gustavo, él es una personalidad que nos ha representado con un profesionalismo enorme, y gracias a eso mucha gente sabe que existe la figura de un director ante una orquesta, venden hasta pelucas con rulitos negros”, comentó la soprano Mariana Ortiz.

El saludo de la discordia
“Buenas noches distinguido público, el gobierno revolucionario y chavista les da la más cordial bienvenida”….
De esa manera inició la noche de ópera en el Teatro Teresa Carreño, palabras que generaron una reacción inmediata en las más de mil personas presentes en la sala, pitas, aplausos y gritos rompieron con la tranquilidad que “generalmente” se vive antes de disfrutar un concierto.

Tras bastidores, los músicos solo escuchaban el revuelo, muchos sin saber realmente lo que estaba sucediendo. El momento resultó incómodo para todos los que mantienen la firme necesidad de separar el arte y la política.

“Escuché los gritos desde el camerino. Yo pienso que cuando se habla de arte no deben existir posiciones políticas, cuando canto, lo hago a quien sea que este ahí sentado, a todos los que compraron su entrada y fueron a escuchar tres horas de ópera, no veo cual es el afán de mezclar la política con la cultura”, comentó Álvaro Carrillo.

Mariana Ortiz destacó que el fin de un espectáculo artístico es que el público se olvide aunque sea por un momento de los problemas de la vida cotidiana. “Cuando la gente quiere ir a ver un espectáculo, sea el teatro, el cine o la ópera, busca desligarse de la realidad que está viviendo, no solo de la política, sino de sus problemas personales. Yo no estoy de acuerdo que se deban politizar esos momento porque considero que hay otros espacios que son precisamente para hacer vida política”.

“Un teatro es para disfrutar del arte sin importar nada, y lo que se hizo esas dos noches fue unir a las personas que vinieron de los cuatro puntos cardinales de Caracas para recibir un momento de arte pura”, sentenció Fucho Pereda.

Entre críticas, rumores y comentarios del momento, el humor venezolano siempre estuvo presente, para Nilbelys Peraza la situación representó un preludio, “como todo lo que está viviendo, fue expresión de parte y parte, del que saluda del que lo recibe y el que lo rechaza, eso también es ópera, de alguna manera la gente está participando y pasaron de ser público a ser protagonistas”, expresó entre risas la soprano intérprete de La Musseta en la primera función.

Una vez más, el talento venezolano se mostró victorioso y brillante sobre las tablas de esa histórica sala. Aunque para muchos asistir a la ópera es un acto elitesco, con el paso del tiempo se ha demostrado que es un género para todo el que disfrute la música, la pintura, el teatro, el arte. Es por esto que, como en otros aspectos, la música clásica y la cultura en el país está viviendo un proceso de formación que definitivamente va en ascenso.

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