Opinión |Venezuela 4-1 Bolivia: Y volvimos a hablar de fútbol, de buen fútbol

Todos necesitábamos una victoria como la del jueves. Todos necesitábamos volver a sonreír con nuestra selección con una alegría como la goleada ante Bolivia. Ganó Venezuela, ganó Dudamel, ganó el grupo, ganaron los aficionados, ganó Caracas, ganó la organización. Solo perdió aquel que apuesta al fracaso de la Vinotinto y aunque usted no lo crea, hay quien los hay.

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En los prolegómenos del compromiso se respiraba un aire tenso en torno a la Selección. Dudamel en rueda de prensa admitió que su relación con los federativos es estrictamente profesional y no condenó la decisión de Josef Martínez de no regresar a los llamados mientras él esté en el banquillo. Al contrario. Dudamel recibió un espaldarazo del grupo de jugadores y eso se notó en las declaraciones de algunos referentes que condenaron la posición asumida por el atacante del Atlanta United. Incluso, en la cancha, se apreció cómo los jugadores y el técnico celebraban unidos cada gol.

Y eso sirve. Es positivo. El colectivo debe privar por encima de lo individual. Josef Martínez es fundamental en este proceso. Es muy lamentable no poder contar con un atacante de sus características porque es que tampoco nos sobran hombres cómo él no solo hoy, sino en toda nuestra historia futbolística. Sin embargo, el hecho de que no quiera estar no debe trastocar el buen rollo y la búsqueda del mismo objetivo: ganar.

Y ayer Venezuela ganó y volvió a gustar. Bolivia se presentaba como comidilla con un diezmado plantel, donde la presencia de César Farías en el banquillo era el mayor atractivo de un equipo que necesita mucho trabajo por delante y cuyo ritmo es notoriamente inferior al que traen los criollos, prácticamente todos haciendo vida profesional fuera de las fronteras.

En ese panorama, la idea era pasarle por arriba al rival, demostrar la superioridad en el marcador y jugar bien. Y eso lo hizo impecablemente el equipo que dirige Dudamel. Estoy seguro además que mucho tuvo que ver el arropo de 20 mil gargantas que celebraron que la selección jugara en casa luego de dos años y en la Capital luego de ocho. Eso es un plus, inevitablemente. Se demostró ayer. El jugador venezolano tenía ganas, quería agradarle a su gente y eso le disparó el suiche de la intensidad. Venezuela jugó un partido muy completo en todas sus facetas.

De entrada, Rafael Dudamel apostó por sacrificar un hombre de la mitad y darle espacio a un hombre de tres cuartos de cancha. Rómulo Otero recibió la confianza para ser titular y con libertades plenas tiró del carro como quiso. Aunque impreciso por notoria ansiedad en algunos de sus pases, la pelota muerta y su facilidad para provocarla, generó escalofríos una y otra vez a los de Farías.

Todo se hizo bien. Un rival que dio libertades y Venezuela que las aprovechó. El rol compartido de volantes de marca de Rincón y Yangel fue el mismo que asumieron para ir al ataque. Un gol y una pelota de gol fueron los números ofensivos de dos bastiones en la zona de recuperación. Eso habla de lo implacable que fue Venezuela.

Salomón libró una batalla que ganó una y otra vez contra los lentos pero rocosos defensores bolivianos. Dos goles más para seguir ampliando su cuota como goleador histórico. Con rabia, con ambición. Salomón y todo el grupo disputaron el partido como si se tratara del último de la eliminatoria mundialista donde estaba en juego el cupo a Qatar,

Todos estuvieron a la altura. Chancellor y Ángel se consolidan como la pareja titular y Rosales como lateral izquierdo será la propuesta cuando Venezuela tenga que ir a atacar. Es la conclusión que se saca de los últimos movimientos de Dudamel en el once.

Venezuela no se guardó nada. Tenía que golear a un rival inferior y lo hizo. El ritmo internacional del grupo dejó en evidencia a Bolivia, que solo vino con futbolistas que actúan en su patio. Enorme diferencia, sí, pero que nadie crea que Farías no va a hacer competitiva en La Paz a esa selección. Lo hará, acuérdese de mí. Subir al Hernando Siles va a ser un infierno para las otras nueve selecciones en el camino mundialista.

La sonrisa de Dudamel en cada gol, en cada celebración, sus manos al aire pidiendo el apoyo de la gente para sus muchachos, los movimientos finales en el equipo para permitir que el público ovacionara a sus predilectos. El seleccionador que vive con la presión de no tener buena relación con sus empleadores, ganó una. Luego de la pobre imagen mostrada contra Colombia, lo visto ante Bolivia permite recuperar la ilusión, que debe mantenerse contra Trinidad y Tobago, sabiendo que en noviembre la exigencia será mayor contra Japón y Paraguay.

Que hablemos de fútbol es lo que queremos. Y si es de victoria y buen juego, ¡pues que bienvenido sea!