Opinión

Sanciones en medio de la hoguera

De momento, será necesario convenir en que, con la decisión de la Casa Blanca, la militancia chavista, despechada frente al destruido país que tiene frente a sí, podría terminar cazando en el aire la última bombona de oxígeno moralizante que le va quedando: el discurso antiimperialista. Intentar inscribir las catastróficas circunstancias actuales dentro de una narrativa heroica, teniendo frente a sí al mejor enemigo posible: los Estados Unidos.

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El tono y las resoluciones de Obama traen consigo una actitud intimidante y fue expresado en un lenguaje inusualmente hostil. Es imposible que ese solo rasgo, que constituye un hito en las relaciones con Venezuela, no traiga consecuencias políticas en una realidad tan inestable y desesperada como la que viven los venezolanos.

Algunos conocedores de los procedimientos ordinarios de la Casa Blanca sostienen que la dureza del lenguaje de la administración Obama no persigue precipitar una confrontación bélica con Venezuela, por mucho que muchos activistas del chavismo, de nuevo, den esta circunstancia por descontada. Con lo expresado, Obama, sobre todo, se libera de la aprobación del Congreso, invocando una circunstancia excepcional, presumiblemente para poder ampliar el espectro de estas sanciones.

La tradicional discreción diplomática estadounidense hacia Venezuela se torna en hosquedad, justo ahora, cuando Maduro se encuentra metido en medio de un serio aprieto económico, con un declive gigante de su popularidad, ante una comunidad internacional que se viene desencantando. Probablemente, los Estados Unidos lo hacen precisamente por eso.

¿Ayudan a la causa democrática los procedimientos estadounidenses en este momento? Difícil saberlo. De momento, le sirven perfecta la escena al tinglado propagandístico chavista, y a su insufrible retórica cursi. Algún efecto tendrá la circunstancia en la militancia que se viene alejando azotada por la crisis: lo que está en juego, dirán los del goberno, es la causa nacional, la dignidad, el amor a la bandera. Esa quincalla puede ser ofrecida, con algún margen de eficiencia, a los seguidores del chavismo deseosos de un horizonte. Con eso será suficiente para no tener que hablar de Cadivi, de Corpoelec, de la Gobernación del Estado Bolívar y de la CVG.

Es probable también que la alarma del chavismo le sirva de pórtico a instrumentos legales restrictivos, ideados para ahogar más a la democracia e intimidad a la ciudadanía. Que la circunstancia sirva para institucionalizar y hacer legales procedimientos represivos de acuerdo a las circunstancias. Desde este punto de vista, el tema no es ni de lejos una buena noticia. Esto para no hablar del problema económico.

No creo que la píldora antiyanqui, sin embargo, esté destinada a alterar la realidad, ni a mejorarle el panorama al chavismo. Todo lo contrario. Los venezolanos están circundados de un rosario interminable de problemas; la irritación con las colas y el aumento de los precios están pesando en este momento muchísimo más que los estímulos simbólicos. Como nunca antes.

Entretanto, el país se aproxima inexorablemente a las elecciones parlamentarias. La consulta que puede ser el catalizador natural de estas tensiones y la expresión electoral de eso que ya todo el mundo siente en la calle: la existencia de una nueva voluntad en el país.

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