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Oposición pierde otro asalto ante Maduro en un país arruinado

La fracasada "Operación Gedeón" deja a líderes opositores contra las cuerdas y en riesgo de un nocaut técnico. Este asalto lo gana de nuevo el chavismo duro, junto con Nicolás Maduro. Mientras, la dividida oposición está obligada a redibujarse y buscar nuevas estrategias, en un país donde el ciudadano promedio solo quiere soluciones a sus problemas más apremiantes

La guerra mediática y la trama de la supuesta “invasión” en tres lanchas ha favorecido momentáneamente al gobierno de Maduro. También golpea duro a la dividida oposición y a su líder, Juan Guaidó. Pero la crisis profunda que sufre Venezuela no podrá ser superada sin un acuerdo negociado para evitar la ruina definitiva.

Queda fuera de toda duda que el gobierno chavista manejaba el caso de la “Operación Gedeón”. El capitán Diosdado Cabello desde el paredón de su programa semanal “Con el mazo dando” reiteraba constantemente que ese movimiento venía en camino.

Nicolás Maduro ratificaba el tema señalando los “planes de magnicidio” y operaciones militares desde Colombia.

También es evidente que frente a una crisis de niveles tan dramáticos como la que sufre Venezuela, toda la campaña mediática alrededor de los llamados “mercenarios” ha favorecido al gobierno de Maduro. Es que arrastra hacia el tema de la “invasión” a la opinión pública de los países interesados en Venezuela, tratando de poner en entredicho el liderazgo de Juan Guaidó y a toda la oposición venezolana.

No es un logro despreciable en medio de la crisis agravada por la pandemia del nuevo coronavirus, la falta de gasolina, la hiperinflación y las megadevaluaciones.

Pool a tres bandas

El gobierno de Maduro siempre ha jugado en varios tableros al mismo tiempo, y este era solo uno de la variedad de acciones que apuntaban a sacar del juego político a Guaidó y a dividir a los partidos del G-4 (Acción Democrática, Primero Justicia, Voluntad Popular y Un Nuevo Tiempo) y al resto de la oposición.

A comienzos de año, la estrategia fue desmembrar a la opositora Asamblea Nacional (AN) y aprobar la elección de un presidente fraudulento del ya menguado Poder Legislativo. También incluyó montar una supuesta mesa de diálogo para buscar la paz en Venezuela y superar la crisis.

Pero esa mesa paralela en realidad incluyó a «opositores» amigos  del chavismo, integrados al sistema que visiblemente comandan Maduro y Cabello.

La ofensiva chavista incluyó encarcelar y aislar a todo el entorno político que apoya a Guaidó.

El efecto Gedeón

El presidente de la Asamblea Nacional, Juan Guaidó, es reconocido como presidente interino de Venezuela por casi 60 democracias de América y Europa. Pero para alguien de su posición fue muy ambiguo en sus primeras declaraciones sobre la incursión del grupo de ex militares.

En sus últimas declaraciones, del 12 de mayo, fue más claro al señalar que “han reunido información y evidencias” para probar que el régimen habría financiado la “Operación Gedeón”, a través de un testaferro vinculado con uno de los voceros de la dictadura.

Ese material sería presentado ante los organismos internacionales de justicia, dijo.

En réplica,. Guaidó dijo que no podía adelantar los nombres de los involucrados para no entorpecer el trabajo que se desarrolla.

Igualmente, afirmó: “Vamos a solicitar a la Comisión de Derechos Humanos de la ONU que está en Venezuela que se investigue ese hecho (en referencia a la Operación Gedeón). Llegar a sembrar prisioneros es algo muy delicado”.

Sospechosos habituales

“¿A quién le convendría esa operación (Gedeón)? Hemos reunido información y evidencias que demuestran que detrás de la Operación Gedeón está la dictadura. La dictadura no tiene forma de ganar porque no tiene las maneras de enfrentar y solucionar los problemas del país; no tiene cómo restablecer el servicio eléctrico en el país, por ejemplo”, señaló Guaidó.

En efecto, la cadena de sucesos indica que fue un error de parte del asesor político de Guadó, J.J. Rendón, y de otros colaboradores, el intentar una alianza con un mercenario de poca confiabilidad, como el ex soldado estadounidense, Jordan Goudreau.

Para colmo, Rendón y otros  allegados a Guaidó se habían acercado a Goudreau a través de un general chavista que estaba refugiado en Colombia: Clíver Alcalá Cordones, hoy juzgado en Estados Unidos bajo cargos de narcotráfico.

El hecho es que el equipo de estrategas de Guaidó contempló ese escenario al establecer conversaciones con la empresa de seguridad Silvercorp, del ex boína verde Goudreau.

Aunque aceptó la renuncia de ambos asesores y reconoció que se extralimitaron, Guaidó defendió la creación de la Comisión de Estrategia, con el fin de “evaluar todas las opciones apegadas a la legalidad” para forzar un cambio de gobierno.

Pero evaluar escenarios es “muy distinto a la lamentable acción que supusieron las fracasadas incursiones”.

Una de espías y gobiernos

Los críticos de Guaidó sostienen que la estrategia de comunicación del «presidente encargado» y su equipo han sido pésimas, tardías. Además de poco contundentes, sin conexión con la realidad de un país agobiado por la crisis y la cuarentena.

Esa deficiencia es particularmente grave en una sociedad en la que el chavismo mantiene una implacable hegemonía comunicacional. Los políticos de oposición no tienen ni gasolina para subir en moto a una barriada pobre.

El grupo de Goudreau no consiguió respaldo de autoridades de Colombia ni de Estados Unidos. En consecuencia, el equipo de Guaidó desistió del proyecto, según versiones públicamente expuestas por algunos involucrados a agencias de noticias.

Pero el mercenario estadounidense siguió adelante por su cuenta, captando a los ex militares desertores venezolanos que se encontraban en precarias condiciones económicas.

Por un puñado de dólares

Lo que no se ha aclarado aún, con pruebas fehacientes, es quién o quiénes financiaron la operación, que ya había sido rechazada por Guaidó. Tampoco hay idea clara de quién o quiénes eran los  infiltrados por el gobierno de Maduro.

¿Sería el propio Goudreau, quien estaba molesto al ser cancelada la posibilidad de un contrato por 200 millones de dólares con la oposición? Toda la información que se conoció inicialmente sobre el contrato fue suministrada a los medios por el ex boina verde, que estuvo destacado en Iraq.

Después de todo, un mercenario trabaja por dinero, es un cazarrecompensas. Y Maduro, junto con toda la nomenclatura chavista, está en una lista de los más buscados difundida por el gobierno de Donald Trump. Sumando todos los sancionados y los señalados o acusados por narcotráfico hay unos 500 millones de dólares en juego.

Se vende prestigio limpio

Es indudable que los servicios de inteligencia de Maduro, asesorados por cubanos, no solo estaban infiltrados en esa “operación” a través de sobornos o compras de mercenarios, según el mismo chavismo lo venía informando. También en el entorno de Guaidó podrían estar hasta parlamentarios y políticos que juegan para ambos bandos.

Esto último se evidenció con el escándalo de los “parlamentarios CLAP”.

Este fue un grupo de diputados electos por las listas de candidatos de la oposición que montaron un sofisticado sistema para vender indulgencias: se apoderaron de la comisión de Contraloría del Parlamento para vender a chavistas investigados unas cartas de «buena conducta».

Con las tales cartas, los chavistas quedaban exculpados de delitos de corrupción en torno al multimillonario negocio de la importación masiva de alimentos que son racionados por el gobierno a través de sus Comités Locales de Abastecimiento y Producción (Clap).

Se supone que una cartica de esas valía su peso en oro, porque ayudaba a sus compradores a librarse de las sanciones financieras que les aplica Estados Unidos a todos los relacionados con el régimen.

Divide y vencerás

Más allá de la propaganda gubernamental que afirma que “Gedeón fue una invasión” dirigida por Estados Unidos y Colombia en alianza con Guaidó, hay una descabellada tesis que no ha sido comprobada ni desmentida.

Lo cierto es que la estrategia de dividir a la oposición política por parte del gobierno de Maduro alcanzó su punto estelar en esa fallida operación armada, marcando aún más la separación entre los 4 sectores opositores:

1) El de Juan Guaidó, que se alineaba a “todas las opciones están sobre la mesa”.

2) El de María Corina Machado, que llama a una intervención armada internacional.

3) El de los llamados «colaboracionistas» que aceptaron hacer una directiva paralela por chavista en el parlamento para convivir con Maduro.

4) El de los políticos e independientes que dicen que hay que llegar a una negociación.

El analista Jesús Seguías divide a la oposición en dos grandes bloques:

1) Los que concluyen que no hay posibilidad de negociar con el gobierno de Maduro y considera que solo saldrán mediante una alianza militar, nacional o extranjera.

2) Los que reconocen que la oposición no tiene fuerza militar para sacar a Maduro del poder y comprenden que la Fuerza Armada (FANB) es parte fundamental del régimen y goza de los privilegios del poder. Por lo tanto, comprenden que hay que buscar una salida a la crisis mediante una negociación política que satisfaga a chavistas y opositores.

En todo caso, como afirma Seguías: “la crisis de la pospandemia será devastadora para Venezuela. Somos uno de los países más vulnerables del mundo. Ni Maduro ni nadie de la oposición podrán por sí solos superar con éxito esta crisis. En un país incendiado no invierte nadie”.

«¿O sí?», resalta el también presidente de la encuestadora DatinCorp en su cuenta de Twitter.

Guaidó en el limbo

Sin poder militar y sin una clara búsqueda hacia la negociación política, el sector guaidosista, con esta última acción de Maduro y Diosdado, ha quedado en un vacío político momentáneo, en un limbo. Decimos momentáneo porque no todas las cartas están echadas en este juego de la última semana, ya que Guaidó siempre ha señalado que “todas las opciones están sobre la mesa”.

Si bien el equipo de Guaidó desistió de la operación armada, el líder opositor debe definir el camino que se seguirá en esta etapa.

La realidad que exhibe una Venezuela devastada, dirigida por Nicolás Maduro y quienes conducen la Fuerza Armada Nacional, más una oposición dividida, está sometiendo a la población a una muerte lenta, cuyos efectos pueden ser impredecibles, tal como lo advierten analistas y economistas. La crisis y la debacle no perdonan a nadie. La fractura del país es global.

En este juego geopolítico, las acciones militares de EE UU en el Caribe y las sanciones financieras están bloqueando los mecanismos de financiamiento, legales e ilegales, que alimentan las arcas del gobierno.

¿Negociación? No way

Sin ingresos petroleros y con limitados mecanismos para financiamiento por otras vías, el Estado venezolano se verá hasta en la imposibilidad de pagar las nóminas públicas, que ahora resuelve parcialmente con dinero electrónico y mediante emisión de papel moneda.

Ello conducirá a una extensión de la hiperinflación para llevarla a cifras inimaginables, que culminará con la destrucción definitiva de la moneda nacional. En este momento, hasta las regulaciones de precios, tarifas de servicios públicos administrativos y servicios privados, se establecen en dólares.

Frente a este escenario, en donde el gobierno de Maduro ha colocado a la población ante un abismo sin futuro, y la oposición no cuenta con una fuerza militar para derrocarlo, no les queda otra opción, a ninguno de los dos sectores, que entrar en un juego político que les permita  buscar una salida negociada.

En las últimas semanas, Guaidó ha radicalizado su mensaje hacia Maduro y descartado cualquier acuerdo o negociación con enviados del gobierno. A su vez, el gobierno de Maduro ha sido exitoso en el terreno de la confrontación y el conflicto; por ello se retiró el año pasado de la fracasada mesa de diálogo auspiciada por Noruega.

El sector más radical de la oposición, liderado por el partido Vente Venezuela, de María Corina Machado, tampoco ha calado en su mensaje de salida de fuerza y ha quedado reducido a un grupo de poca influencia en la oposición.

Mientras, entre los grupos que promueven el diálogo, los más sonoros son los que han sellado acuerdos unilaterales con Maduro, recibiendo “incentivos” y desconociendo a los otros.

Guaidó perseguido

Frente a un país en destrucción, el gobierno de Maduro aún se siente fuerte y vencedor en el terreno de la confrontación y el conflicto. Su política de infiltración y división ha sido exitosa frente a una oposición que se ha manejado por principios dogmáticos y paradigmas estáticos, que lo alejan de estrategias efectivas para el cambio.

No ha sido fácil para la oposición enfrentar a un régimen que, más que un gobierno, es una alianza cívico-militar en el poder. Este es un complejo sistema chavista construido durante más de 20 años, en los que su pragmatismo en el dinero y su rigidez ideológica o al menos de consignas, ha infiltrado todas las estructuras del Estado venezolano

El chavismo cuenta con importantes socios internacionales como Cuba, Rusia, China, Turquía e Irán, con objetivos comunes, como dominar la economía mundial por encima de Occidente.

A diferencia de esos países, la dirigencia chavista ha privilegiado su propio bienestar personal, por encima del desarrollo del país. Venezuela para los aliados ha sido solo un territorio estratégico y un proveedor de materias primas. Por ello, hemos perdido nuestra infraestructura industrial.

Enfrentados dentro de la trinchera

Pero no hay unidad monolítica en los regímenes. Las riquezas se han agotado y hasta la materia prima ya no es un recurso de primera importancia para las potencias. Ni siquiera el petróleo.

La mayor debilidad de la oposición es no haber sabido contrarrestar, en unidad, las embestidas de Cabello, Maduro y de los cubanos. Esa incapacidad y esos ataques los han llevado a un fraccionamiento extremo que los ha hecho poco efectivos.

Siendo Guaidó y los partidos del G-4 las fuerzas con mayor influencia en el país, serán los que tendrán la mayor responsabilidad de asimilar esta última jugada de Maduro. Deberán encontrar las vías para un cambio que les permita enfrentar nuevos objetivos en mejores condiciones y con unidad.

Esa responsabilidad de reorientar las acciones, superando los errores y  retomando aciertos, incluye a todos los factores de la oposición. Todos son responsables.

El mantra vencido

El rol de EE UU, con las sanciones y la amenaza militar, sigue siendo un factor determinante tanto para Guaidó como para toda la oposición.

Esa presión es apenas un factor para contener las apetencias del grupo madurista y de sus aliados internacionales. A lo interno, la oposición solo tiene su influencia en la población que padece y el apoyo político que se deriva de esta y la defensa de los espacios conquistados, como lo es la Asamblea Nacional.

Ya no hay escenario para el “todo o nada” al que apostaba Guaidó con su mantra lanzado hace año y medio.

«Fin de la usurpación, gobierno  de transición y elecciones libres», era la fórmula repetida por Guiadó como en un rosario.

Cuando cerramos esta nota, el gobierno amenaza con encarcelar a Guaidó, como un mecanismo para terminar de sacarlo del juego.

Es de resaltar que, si bien puede haber diferencias o errores políticos en lo ocurrido en los últimos meses, el líder opositor sigue siendo un factor indispensable a la hora de establecerse vías para una negociación que ayude a superar la crisis en el país.

El respaldo internacional -y especialmente de EE UU- al presidente interino sigue vigente, a pesar de las acciones de guerra sucia manejadas por el chavismo. Además, Guaidó es quien tiene a su cargo el manejo de los recursos asociados a los activos recuperados en el exterior, como la petrolera Citgo, filial de Petróleos de Venezuela.

 

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