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Padre José Virtuoso: “Venezuela no está dormida, solo desarticulada”

Después de consultar a 5.000 personas a través de 119 ejercicios prospectivos en 12 estados del país, el sacerdote jesuita José Virtuoso, rector de la Universidad Católica Andrés Bello (UCAB), asegura que no todo está perdido: la gente quiere producir y vivir en paz

Padre José Virtuoso: “Venezuela no está dormida, solo desarticulada”

El 30 de noviembre el lugar protagónico de la III Feria del Libro del Oeste de Caracas es de la Sociedad Civil. Fueron bautizados cuatro libros: La crisis humanitaria en Venezuela, El Reto de vivir con dignidad, La consolidación de una transición democrática y 2017 año de protesta y rebelión.

El sacerdote jesuita José Virtuoso, rector de la UCAB, sonríe con satisfacción cuando habla de estas obras. No es para menos, es promotor, acompañante, compilador y básicamente amigo de la gente que se agrupó para elaborarlas. Hoy está contento y desde su oficina nos muestra las razones de su felicidad. Dice que después de las manifestaciones del año 2017, cuando nadie daba nada por nada, la gente de fe de la universidad se preguntó sobre las acciones futuras. Son personas dedicadas, fajadas, comprometidas que aún desean continuar.

Virtuoso relata que así fue cómo decidieron conformar grupos de trabajo y salieron a recorrer 12 estados del país. Realizaron 119 ejercicios prospectivos, encuestas y hablaron con más de 5.000 personas. Aquí nos revela qué fue lo que hallaron. De adelanto hay que decir que la esperanza aún no se ha ido de Venezuela. Tampoco el deseo de producir y progresar. Y, no menos importante, la gente quiere vivir en paz.

«El viernes 30 comienza el Encuentro de las organizaciones sociales y la ciudadanía activa y terminará el sábado con el acto Tertulia entre amigos. Fíjate. Nosotros partimos de una hipótesis de trabajo: hay una terrible crisis política de credibilidad, de confianza, de fraccionamiento, de división en Venezuela; pero la ciudadanía tiene una fuerza a nivel individual y grupal y ahora es su turno. Es el momento de la sociedad civil, la hora de la ciudadanía activa y comprometida que tiene que darle un empujón y ser como el gran fermento de cambio en Venezuela».

En medio del terrible descrédito que viven las instituciones y los partidos, los liderazgos gremiales, locales, el grupo equis de la comunidad, ellos no están esperando de brazos cruzados. Están activados. Entonces nosotros nos planteamos la conformación de una gran fuerza, donde no haya exclusiones ni retaliaciones; porque lo más insólito es que ¡a veces pareciera que los enemigos somos nosotros mismos!

El Reto País nace con esta inquietud: convocar a la ciudadanía para que se active y tome el reto de asumir el país, como una gran tarea. Para ellos tenemos que soñar este país, porque será eso lo que nos dará el horizonte. Es como el pueblo de Dios, que caminaba en el desierto y se calaba el desierto porque tenía una imagen de lo que deseaba alcanzar. Si no, no lo hubiera aguantado.

-¿Usted se refiere al libro del Éxodo? Pero en ese episodio descreyeron de Moisés y el pueblo que lo seguía llegó a rendir honores a otros dioses… Tanto, que él rompió las tablas de la Ley, si mal no recuerdo.

-¡Por eso duraron 40 años en el desierto, porque hubo crisis de liderazgo, hubo falta de fe en ese horizonte! Nosotros no queremos durar tanto.

-¡Ya llevamos 20!

-Por eso, ¡no queremos 20 más!

-¿Cuál fue la génesis del proyecto Reto País?

-Después de las manifestaciones de 2017, las organizaciones sociales y los vecinos nos invitaban a foros, reuniones, conversatorios, y nos dimos cuenta de que esta sociedad no está dormida; el gran problema es que estamos desarticulados, dispersos, en un silencio mediático terrible. Entonces pareciera que aquí lo único que pasa es lo que las cadenas oficiales transmiten.

Un buen día nos preguntamos: “¿Por qué no generamos una gran red?” Después de todo el rollo de las protestas, la Constituyente, cuando estábamos súper deprimidos, la pregunta que nos hicimos fue: “¿Qué puede hacer la UCAB en este contexto?”  Somos una institución que investiga, que produce, que tiene credibilidad y así fue como nos  planteamos un plan estratégico para sacar hacia afuera todo eso que construimos acá dentro.

Nos planteamos que tenemos país: un país movilizado pero fraccionado. Un país que hace muchas cosas pero que no están visibilizadas y que además tiene la sensación de que no sabe para dónde va. Un país que cree que no tiene mucho futuro ni mucho horizonte. Un país descreído. Con poca fe en sí mismo. Terriblemente confrontado. Así fue como nos preguntamos qué podemos hacer para unir, para articular.

Así salió la idea de hacer Reto País: activar la ciudadanía que produce esperanza, activarla para soñar el país que queremos y que esa esperanza nos movilice. Así fue como nos propusimos contactar a todos esos grupos con los cuales tenemos relación, para decirles: “Mire, ¿cómo es ese país que usted se imagina y quiere?” Y la idea es que lo formulemos entre todos. Luego creamos una metodología y fuimos a recorrerlo.

-¿Cómo lo hicieron?

-Estuvimos en 11 estados del país más la ciudad capital. Les pedimos que se sintieran libres de soñar la Venezuela del 2030. Tomamos como base los objetivos de la ONU. Las Metas de Desarrollo Sostenible.

-¿Qué encontraron, cómo se imaginan a ese país?

-Fueron 119 ejercicios prospectivos de grupos pequeños, medianos y grandes en la mitad del país. Estamos hablando de 5.000 participantes.

-¿Cuánto tiempo les llevó?

-Un año, desde agosto a diciembre de 2017 la planificación y luego en este año, hacer el libro y recoger la experiencia.

-¿Qué descubrieron allí? ¿Qué quiere la gente?

-El primer hallazgo es que la esperanza no ha muerto. La gente no pierde ese gran sueño de que este país pueda cambiar y pueda ser distinto. La gente quiere vivir en normalidad democrática, no sentirse perseguido, acosado. Quiere intervenir en los asuntos públicos, quiere elegir y decidir.

A nivel económico la gente desea vivir de su trabajo. La gente entiende que para ofrecer un trabajo digno tiene que funcionar una economía productiva donde la empresa privada y el Estado trabajen conjuntamente. Donde haya reglas claras, donde se conjugue la libre oferta del mercado con las regulaciones, sin que haya abuso.

La gente está consciente de que mientras viva del “regalao” será dependiente. Ellos quieren salir adelante y saben que la única manera es contar con sus propios recursos. Ellos saben que necesitan que la escuela, los liceos y la universidad funcionen bien. Además de capacitar a nuestros docentes.

El otro tema es que haya paz. La gente sabe que no puede andar en un conflicto permanente, “a salto de mata” y peleando con todo el mundo.

Si uno se pone a ver eso está en la Constitución del año 1999. Entonces, la gran esperanza es recuperar los derechos, la institucionalidad y los grandes principios de la Carta Magna de 1999. La gente no quiere perderla.

-¿Qué hacemos para que este hallazgo, recopilado en el libro El Reto de vivir con dignidad, no duerma el sueño de los justos en una biblioteca y todo el esfuerzo llegue hasta allí?

-El trabajo es pensar cómo eso que yo sueño puedo empezar a construirlo desde donde estoy. La idea es que la gente empiece a construir sus sueños en concreto. La idea es que sobre esa ruta de acción, la gente formule sus proyectos de trabajo y que nosotros consigamos apoyo financiero para ayudarlos y acompañarlos para que hagan sus proyectos y echen hacia adelante.

-¿Es mentira entonces que los venezolanos somos flojos, quedados, desganados y medio parásitos?

-Eso es propaganda oficialista. Lo más terrible que nos ha pasado es que ahora resulta que el problema somos nosotros mismos. Nos estamos muriendo de hambre, nos estamos matando, nos estamos yendo del país. Esto es un desastre (…) Hazme el favor de ponerte en los pantalones de alguien que ha tenido problemas de salud, lo botaron del trabajo, se está muriendo porque no tiene la medicina, agarra su maletica y como puede arranca a caminar para Colombia y entonces le dices: “Mira, ¿tú sabes cómo es la cosa?, ¡el culpable eres tú!, porque eres un indolente, porque votaste por Chávez, porque lo que tienes en la cabeza es puro populismo. ¡No vale! Yo creo que más castigo no puede haber.

Evidentemente en los procesos sociales las causas nunca son totalmente externas al individuo. Las personas también tienen una cuota de responsabilidad, pero yo creo que lo que nos ha enseñado la gente, es que no están dispuestos a tirarse a morir en una cama. ¡Hay que ver lo que significa agarrar su maletica y echarse a andar para Perú! Si algo tiene la gente es deseos de echar para adelante.

-¿Han pensado en mostrar estos resultados al Gobierno?

-No se me ocurre porque yo veo que el gobierno está cada vez más decidido a taparse los oídos. El gobierno no quiere escuchar a la gente y se ha vuelto insensible. Su propósito es mantenerse en el poder y para eso creen que tienen que mantener sus políticas públicas y, en ese sentido, todo lo que no pertenece a su proyecto lo ven como una amenaza.

-¿También hablarán de la transición democrática, esto no es cantar victoria prematuramente?

-Tú tienes que pensar cómo llegamos hasta allí. Cómo hacemos posible la transición.

-¿Y eso no es muy aéreo, pensar en la transición cuando todos los caminos parecieran cerrados y los miembros del gobierno quieren eternizarse?

-Tú tienes que pensar en cómo logras el cambio. No me interesa cambiar una dictadura por otra.

-¡Ustedes están rompiendo muchos mitos! Otra de las leyendas urbanas refiere que si no es con sangre y fuego, o con los marines, no habrá cambio de gobierno.

-Nuestra apuesta es porque no sea con sangre, no sea violento. Eso es lo que yo quiero y por lo que yo estoy trabajando. Ahora, lamentablemente uno no gobierna la historia, ni gobierna el futuro, ni tiene una vara mágica que acomoda la realidad en función de sus deseos. Lo que queremos evitar justamente es que el cambio sea sangriento, porque si no caeremos en una bola de nieve que será imparable. La violencia genera violencia, la guerra trae guerra. Eso no es que yo voy a acabar contigo y después estamos todos felices y acá no ha pasado nada.

Deseamos que haya suficiente presión ciudadana para que se obligue al gobierno a ir resquebrajando sus alianzas internas. Necesitamos que las Fuerzas Armadas se pongan en manos de la ciudadanía.

-¿Más presión que la que hubo el año pasado y en el año 2014 y qué hicieron los militares? ¿Asesinar a los jóvenes? ¡Nunca se pusieron del lado de los ciudadanos!

-Cada vez es mayor el sector que quiere el cambio. Tan es así que hay 300 o 400 cuadros medios y altos detenidos. Eso quiere decir que hay consciencia. El cambio democrático es importante. Estos años no han pasado en vano. ¡El mundo ha despertado! La no participación en las elecciones de 2018 demostró que la gente no quería este régimen.

Para quienes no creen en la participación ciudadana yo les recuerdo que revisen cómo  logró Gandhi liberar a la India del Imperio Británico y cómo logró Martin Luther King que la sociedad americana reconociera los derechos de los negros. Sí, lo mataron, pero frente al Congreso de los Estados Unidos, la Casa Blanca y todo lo que está en Washington, él tiene su estatua.

No estoy hablando de procesos mágicos… Uno lucha por lo que uno quiere, por el camino que uno ve mejor; pero la historia, lamentablemente, no es gobernada por los buenos deseos de uno. Ojalá logremos un cambio de gobierno por vías democráticas y no por el camino de la violencia, la guerra y la sangre.

-¿Usted ha llorado?

-¡Claro! Hay momentos en los que tú dices: “tiro la toalla”. He llorado porque gente muy cercana a ti ha muerto. Oye, yo fui muy amigo de Fernando Albán. Lo conocí como un hombre entregado, muy católico, de mucha fe, y cuando me enteré de esa noticia lloré. ¡Claro que lloré! No es que tú oyes hablar del sufrimiento es que lo tienes al lado tuyo…Pero al lado de esas experiencias hay quien sigue y te dice: “¡Vamos padre!”. Entonces continúas. ¿Qué vas a hacer?

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