¡Para atrás ni para coger impulso!

El coach Ricardo Adrianza comparte cuatro consejos que ayudarán a tener éxito en los proyectos, incluso si se enfrentan contratiempos

¡Para atrás ni para coger impulso!

Este singular refrán ¡para atrás ni para coger impulso! es muy alentador cuando se trata de emprender o simplemente cuando encaramos un objetivo o proyecto en concreto.

Además, es muy utilizado y, diría, un impulsor del optimismo –a veces ciego– que refuerza nuestro paso decidido y que, de alguna manera, nos protege de los imponderables propios que se nos presentan. Los principales son la rutina, la flojera, la falta de interés, la falta de confianza y el miedo al fracaso.

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Combatir estos inhibidores de la motivación puede resultar una tarea muy difícil y, por ello, desafiarlos en compañía de un proceso claro y definido y con la mejor actitud posible, debe tenerse como máxima prioridad.

Si bien tener un enfoque definido forma parte de la ecuación a la hora de emprender, existe un secreto o arma mucho más simple que permite desencajar la larga lista de excusas que nos ponemos y que no es otra que ¡dar el primer paso!

Ponernos en marcha, en acción, o como lo quieras llamar, es uno de los ingredientes más importantes para iniciar el camino al éxito. No tengas miedo, lánzate con consciencia y con temor, pues, en definitiva, este último es un elemento más que se erige como motor para el logro de nuestros objetivos.

Para atrás ni para coger impulso

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Luce muy simple lo que digo, pero ejemplos de esto hay muchos. Te expondré uno cercano, mi caso: Cuando me propuse escribir mi primer libro –Cartas a Matías, lecciones de vida para mi nieto– no tenía experiencia alguna, aunque debo reconocer que escribir siempre ha sido parte de mi vida. Así, sin la preparación técnica necesaria y sin saber qué me esperaba, comencé a escribir, así de simple y las cosas empezaron a fluir. ¿La clave? tener una motivación especial, en este caso, el nacimiento de mi primer nieto, Matías Eduardo.

Ricardo Adrianza al presentar su libro Cartas a Matías / Archivo

Lo mismo pasó cuando me propuse realizar un maratón –me inscribí en uno de los más exigentes, el de Nueva York en el año 2006– sin ser un corredor habitual o de largas distancias. No obstante, me lancé, me inscribí y ya no había marcha atrás. ¡Para atrás ni para coger impulso!

No tenía otra opción, o más bien, si la había: renunciar y perder el dinero invertido o entrenarme y visualizar este proceso para llegar lo mejor preparado posible y enfrentarme a esos largos 42 kilómetros. Fue duro pero gratificante. ¿La clave? Disfrutar todo el proceso, con sus altas y bajas, –la vida es un viaje, no un destino – y encomendarme a una promesa que deje colar en mis compromisos, que me acompañó durante toda mi preparación y ruta, y me recordó que renunciar no era una opción posible.

Como verán, este par de ejemplos tienen una similitud. En ambos casos me lancé, que no es más que dar el primer paso, y ambos casos tenían como cimiento una motivación especial que, indefectiblemente, me llevaron con éxito al final esperado.

No voy a mentirte, ya que para iniciar cualquier iniciativa lo ideal es tener ganas de hacerlo. No hay mayor destructor de un logro anhelado que te sientas obligado o te obliguen a algo, o peor aún, que lo tengas que hacer ya que de ello depende tu permanencia en un trabajo.

Cuatro consejos

Por ello, no esperes a que la mala fortuna te llegue, y aunque considero que cada uno tiene su propia convicción de como motivarse, conocernos es vital para ello, te enumero algunos consejos que te servirán para lanzarte en ese camino tan complicado que supone luchar para alcanzar tus metas.

Pregúntate, ¿qué es lo peor que puede pasar?

Generalmente, cuando iniciamos un proceso estimando los imponderables del camino, nos da una ventaja incuestionable y refuerza nuestra confianza.

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Fracasar supone no tener éxito nunca y eso no es cierto. Fracasar, por el contrario, será siempre una oportunidad de aprendizaje y de recargar las baterías para levantarnos de nuevo y seguir.

Visualiza el proceso, pero no exageres

Como lo expuse antes, este es un ingrediente muy importante para el logro de los objetivos. En este proceso defines los pasos a seguir, qué tienes que mejorar, qué imponderables se presentarán, qué necesitas para resolverlos.

Eso está bien, pero no te pongas metas muy elevadas desde el principio; más bien, secciona el proceso en varios hitos alcanzables que te permitan reconocer y sentir los avances, sin olvidar celebrarlos. Eso, les aseguro, es un exaltador de la confianza muy necesaria en estos procesos. ¡Ah!, y que no se te olvide, lánzate con miedo, pero lánzate, al final esa acción es el mejor catalizador de todo el proceso.

Sé optimista, pero consciente

Cualquier proyecto que iniciemos o nos deleguen, supone un reto importante. Afrontarlo con optimismo es imperativo.

Para atrás ni para coger impulso

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Pero, cuidado, no te confíes y sé vigilante de los procesos y humilde en reconocer cuando necesitas ayuda. Sé optimista sin exagerar, sé optimista no ingenuo.

Si te equivocas, no renuncies

Puede sonarte obvio esta sentencia, pero cuando nos exigimos de más y esperamos desenlaces óptimos, un resultado fallido puede llevarnos a renunciar o desmotivarnos fuertemente.

Yo diría que eso es parte del proceso, por ello es tan importante anticipar las posibles alcabalas e interiorizar el mantra de ¿qué es lo peor que puede pasar? Cuando esto te pase, pues ocurrirá en algún momento, ignora la intención de renunciar.

No limites tus opciones, replantea el proceso y sigue adelante. Siempre habrá alguien que te apoye y comprenda. Además, el aprendizaje que te deja será el mejor motor para tus futuras promociones.

Para atrás ni para coger impulso

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Estoy seguro de que todos estos consejos, aunque simples, van a ayudarte en el laborioso camino al éxito. Lo que no debes olvidar y siempre debe estar presente en cada compromiso, es que no hay triunfo sin esfuerzo. El esfuerzo –inequívocamente– debe formar parte de tu equipaje profesional.

Que no se te olvide buscar un motivo potente y unirlo con la visión. Disfruta el proceso y visualiza tu llegada. Cuando lo haces, el único destino posible es el logro del objetivo y el éxito de tu emprendimiento. ¡Para atrás ni para coger impulso!

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