Paula Colmenárez: “Después que la guardia te detiene y tortura, no sales siendo el mismo”

Seis horas pueden ser una eternidad para el detenido. A Paula Colmenárez la arrestaron el 10 de julio en La Carlota y con tan solo 17 años, ya puede contar que es una sobreviviente de la tortura que ejerce el Estado.

Paula Colmenárez: “Después que la guardia te detiene y tortura, no sales siendo el mismo”

“Me metieron la bota para que me cayera y después fue que me pisaron en la espalda como se ve en la foto”. Así comienza Paula el relato del peor día de su vida. Afortunadamente para ella y para su familia, un reportero gráfico estaba cerca para inmortalizar el momento.
“Los guardias aceleraron sus motos y los muchachos que manifestaban corrieron, dejando atrás a una sola persona: una muchacha joven que no tuvo la suerte de ir más rápido y fue alcanzada por las motocicletas”, cuenta Miguel Gutiérrez, fotógrafo que trabaja para la agencia internacional de noticias EFE. “Yo me quedé frente a todo lo que ocurría, no me moví hasta que a ella se la llevaron”, dijo.
El fotoperiodista registraba el trancazo convocado para ese día y llegó tarde a Altamira Sur, lugar en que hubo una explosión de la que acusan a la prensa de complicidad. “Cuando llegué a la zona, un grupo de personas estaban alteradas por ‘algo que explotó a los verdes (guardias nacionales)’”.

Vio cómo los manifestantes corrían “eufóricos” y “de manera retadora” hacia el Distribuidor, donde se encontraban la GNB motorizada. Contó que exclamaban que querían bajar a trancar la autopista Francisco Fajardo, pero los funcionarios lo impidieron. El ojo educado le permitió centrarse en la cacería de los funcionarios a una joven. Fue testigo de cómo un guardia la pateó. Ella rebotó contra el muro de defensa de la autopista. “Al caer al suelo lleno de piedras y vidrios, el militar la pisa con su pierna izquierda y la inmoviliza. En ese momento llegan más soldados, la montan en sus motos y se la llevan”, relata Gutiérrez. La fotografía de ese momento se convertiría en tendencia en las redes sociales. Se trataba de Paula Colmenárez, estudiante de primer año de derecho en la Universidad Central de Venezuela (UCV).


“Aquí fue”, pensó Paula cuando se encontró rodeada de los funcionarios. “Fueron los minutos más largos de mi vida”, dice sobre el trayecto de la autopista hasta su confinamiento. Le decían que si no entregaba el bolso “me lanzaban al Guaire y gritaban que yo era una vergüenza”.
Se quedó con el bolso y la cédula, pero le robaron el celular. “Estaba demasiado indefensa. Esta es la primera vez que lo digo, pero en el camino uno de los funcionarios me tocó el pecho por encima de la ropa. No había absolutamente nada que pudiera hacer”
 
Cuando llegaron al lugar de reclusión, narra que la dejaron tirada en el pavimento con otro manifestante. Luego la levantaron por el cabello y la arrastraron. “Me taparon con la capucha y yo tenía una respiración agitada porque me estaba costando respirar en ese momento, tampoco podía levantar la cara y no vi a los que me estaban agrediendo”.
Percibió que tres muchachos más estaban en ese espacio. “Estaban acostados y tenían las manos amarradas con tirro. A mí me habían amarrado también; pero con la herida en mi mano derecha –producto de un vidrio en el pavimento- uno de los funcionarios me cortó el tirro con una llave cuando se lo pedí”.
Sin embargo, el acto de solidaridad no duró mucho. Paula cuenta que los demás funcionarios pidieron que la rociaran con gas pimienta para “ahogarla un poquito”. Así lo hicieron y la joven describe esos minutos como “los más horribles”.
120717 Paula Colmenarez FOTO Valeria PediciniUn General de la Aviación se acercó a Paula para preguntarle su nombre y edad. “Pidió que me llevaran a que me limpiara la herida. Me tomaron siete puntos. Dijo que era por ser menor de edad; pero creo que fue la presión de las redes sociales lo que hizo que actuara, porque conmigo también estaba otro menor de edad de 17 años y él se quedó allí”.
A la joven la trasladaron a un CDI dos mujeres vestidas de civiles. Paula cree que pertenecían a la aviación.
“Gracias a Dios no me arrebataron la bandera y puedo tenerla con orgullo porque incluso, no toda la sangre que está en la bandera es mía. Dolorosamente también está la de uno de los detenidos de ese día que sangraba por la cabeza y le pegaban en la misma herida. Le decían que lo iban a quemar vivo con gasolina”. 
 
Golpes en la costillas derecha, amenazas, intentos de agresiones sexuales y de extender su detención durante 15 años o más fue lo que enfrentó la menor de edad. “No me lo decían con molestia sino como con diversión, ellos se divertían con ver cómo los demás sufrían. Si me hubiesen obligado a decir algo que no fuese cierto, habría recibido muchos más golpes porque no estaba dispuesta a decirlo”.
120717 Paula Colmenarez FOTO Valeria Pedicini
Explica que aunque no sigue retenida, no siente que esté completamente libre pues recuerda a los 13 manifestantes que detuvieron ese día. Asegura que no va a dejar de respirar “hasta verlos libres”.
“Entiendo lo terrible de cómo la pasan allá. Es imposible no sentir un poco de culpa por estar aquí y ellos no. Lo único que he pensado es que ojalá yo pueda servir para que la gente vea mi testimonio y se de cuenta de que si esto les duele y les indigna, lo que me pasó a mí no es ni la cuarta parte de lo que ellos están viviendo allá dentro. No es ni la mitad”.
Paula ha podido dormir sin pesadillas. Las lágrimas, sin embargo, vuelven cada vez que piensa en “la tortura que ellos están viviendo y la impotencia que siento de no poder ayudarlos. Es como tener las manos amarradas de nuevo”.
Sin embargo, no puede evitar el quebranto de su voz  cuando piensa en ver a la GNB de nuevo en la calle. “Que la justicia divina caiga donde tenga que caer”, dice.
– ¿Volverías a salir a protestar?
– Sí. Si mañana hay otra marcha, voy a estar ahí porque ese es un derecho de la Constitución ¿por qué no salir a defenderlo? 

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