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Petare es una guerra donde policías y bandidos imponen por igual el terror

Una crónica describe la operación enviada por Nicolás Maduro a buscar a Wilexis, el delincuente caído en desgracia que se disputa el control de José Félix Ribas, una de las zonas calientes de Petare. En la barriada pobre más grande de Venezuela, el terror contra la gente común es un trofeo que se disputan por igual bandidos y uniformados, en una guerra sin fin.

Petare es una guerra donde policías y bandidos imponen por igual el terror

Desde la madrugada del viernes 8 de mayo funcionarios de varias fuerzas de seguridad del Estado ejecutaron por orden de Nicolás Maduro un vasto operativo para ocupar el barrio José Félix Ribas, uno de los más duros de Petare, a su vez el complejo de favelas más grande de Venezuela. Tras seis días de tiroteos de alta intensidad entre bandas rivales, los agentes uniformados intervinieron por fin para inclinar la balanza.

Entraron a buscar al “Wilexis”, el bandido que hasta ahora era dueño absoluto de la zona, pero cuyo dominio es amenazado por un cambio de gerencia en los negocios ilegales del barrio.

Este líder de una de las bandas de Petare enfrenta una especie de rebelión de facciones rivales.

Los disparos entre bandidos se prologaron durante días y noches de guerra y aterrorizaron a las humildes familias de trabajadores de la zona.

La semana pasada llegaron a Petare hasta refuerzos de delincuentes para aniquilar a Wilexis. Fueron enviados por decenas desde otras partes de Venezuela, y desde la temida cárcel de Tocorón, del estado central de Aragua, dijeron delincuentes y policías encubiertos. También lo denunciaron los vecinos en declaraciones a periodistas y en las angustiadas redes sociales.

Llegó el hombre y mandó a parar

La guerra entre bandas no parecía tener fin y las noches se repetían con su traqueteo de ametralladoras, los fogonazos de balas de alto calibre en la oscuridad. Las amenazas de los capos de la zona se propagan todavía en mensajes de voz por Whatsapp y SMS. Wilexis decretaba el toque de queda después de las 4:00 pm.

Durante una reciente rueda de prensa virtual con corresponsales internacionales, Maduro bajó un dedo pulgar cuando le preguntaron por la situación en Petare.

El jefe del régimen chavista sostuvo que los enfrentameintos de Petare eran una maniobra de distracción para que las fuerzas del Estado no se dieran cuenta de que mercenarios enviados por Washington pretendían invadir Venezuela con lanchas que desafiaron las picadas aguas del Caribe.

También dijo que el tal Wilexis no era más que un agente al servicio de la DEA, y que encima formaba parte de la operación Gedeón, que de rebeldes militares y «mercenarios» que buscaba derrocar el gobierno chavista.

Entonces, desde la madrugada del viernes, centenares de uniformados de los cuerpos de élite de las fuerzas militares y policiales de Maduro aparecieron por tierra, con el apoyo de varios helicópteros para buscar a Wilexis.

Una pequeña parte de la abigarrada Petare. Los vecinos hacen chistes crueles en las redes sociales

Pulgar en el coliseo

El bandido había sido marcado por Maduro como un nuevo enemigo de la revolución, afincado en las escabrosas calles y veredas de Petare.

Los vecinos denunciaron, otra vez, asesinatos extrajudiciales, allanamientos de viviendas, golpes, gritos, ofensas. En fin, denunciaron el terror bajo los escudos de cuerpos de seguridad que supuestamente han sido creados para proteger a las personas inocentes y el estado de derecho.

«Cuando se desata la ira de los dioses del chavismo caen justos por pecadores»,  teologizó un allegado a la zona.

“Todo este operativo para buscar a Wilexis y ese chamo no está aquí, él se fue. Le avisaron que venían a buscarlo y se piró (se largó, «dejó la peluca»), con parte de sus compinches antes que al barrio llegará el primer policía”, dijo un testigo. Comenta al cronista lo que todo el mundo tenía claro lo que venía desde la rueda de prensa de Maduro.

Algunos pocos habitantes de José Félix Ribas, bien acostumbrados a lidiar con la violencia de delincuentes y uniformados, salieron de todos de sus estrechas casas a media mañana del viernes, bajo la mirada inquieta de funcionarios policiales y de la Guardia Nacional.

Salieron a comprar algunos alimentos, a acarrear agua, o a dirigirse a sus puestos de trabajo en el asfalto plano, más allá de las colinas de Petare. También aparecieron por ahí algunos «luceros» como llaman a  los informantes de los jefes de bandas.

Golpes a la puerta

Cuentan los habitantes de José Félix Ribas que durante la madrugada llegó el sonido de las tanquetas que invadían la comunidad.

“Desde que Maduro lo nombró por televisión, sabíamos que este operativo se podría presentar. En el barrio sabíamos que vendrían por Wilexis, hasta por debajo de las piedras”, dijo una de las vecinas.

El despliegue policial comenzó desde el Puente Baloa, cerca de la Redoma de Petare. Desde allí, piquetes de la Policía y Guardia Nacional impedían la entrada a la zona. Las otros accesos al barrio también fueron tomados. Nadie entraba, nadie salía del perímetro marcado.

A pesar del gran despliegue policial, algunos comercios subieron sus puertas «santamarias» y varios trabajadores de la economía informal montaron sus tarantines para vender su mercancía. Ofrecían frutas, verduras y hortalizas en la parte baja de Petare, un poco más cerca de las estaciones del Metro.

Ya más cerca de la escena principal de los acontecimientos, en la calle principal de José Félix Ribas, también hubo puestos de vendedores de frutas, café, agua, a pocos metros de los vehículos de los comandos especiales.

“Invertimos nuestro capital en esta mercancía, que se nos puede dañar, tenemos que salir a vender a pesar del miedo, de los tiroteos”, dijo uno de los comerciantes.

Los mismos policías y guardias de la fuerza de ocupación ayudaron al debilitado comercio informal del día y se tomaron su cafecito.

Una vecina que dijo llamarse María Isabel, estaba en una de las esquinas con un termo de café negro, tres cajas de cigarrillos y algunos caramelos.

“Escuché la llegada de las tanquetas, los tiros en la parte de arriba. Lo pensé bien para salir a trabajar, tenía miedo, pero igual tengo que buscar dinero para comprar mi comida. Me ha ido muy bien hoy, he vendido bastante café, a los mismos funcionarios que están en el operativo”, dijo.

Tropas de élite

Agentes policiales, vestidos de negro, encapuchados con pasamontañas que solo dejaban ver sus ojos recelosos, y esgrimiendo sus armas de alto calibre, se resguardaban detrás de las tanquetas del Comando Nacional Antiextorsión y Secuestro, (Conas), unos de los más temidos cuerpos élite de la Guardia Nacional.

Permanecían vigilantes en las calles, especialmente observaban hacia la parte alta del barrio, cuidando su integridad. No despegaban un índice del gatillo, prestos a responder si algún delincuente se atreviera a dispararles desde la distancia con fusiles de largo alcance.

Grupos de agentes a bordo de motocicletas de alta cilindrada subían y bajaban desde la calle principal del barrio. Algunos techos de concreto armado, en casas de paredes de arcilla roja sin frisar, habían sido conquistados por los más temidos agentes de las Fuerzas de Acciones Especiales, Faes.

Este cuerpo arrastra la reputación sumar más de 5.000 ejecuciones extrajudiciales. Este viernes sus hombres parecían gavilanes escudriñando el horizonte, en busca de bandadas de palomas que habían volado hacía mucho tiempo.

Sus ojos y sus cañones vigilaban los estrechos callejones de escaleras de concreto, desde donde se escuchaban a lo lejos los gritos de mujeres cuyas casas eran allanadas sin fórmula de juicio.

El miedo es un estado de ánimo

Los vecinos del barrio José Félix Ribas, han sido protagonistas de una serie de balaceras entre las bandas delictivas de “Wilexis” y “El Gusano”, quienes se disputan desde hace meses el control del territorio.

Nadie sabe bien por qué el conflicto escaló hasta el punto de convertirse en batallas transmitidas casi que en directo a través de las redes sociales. Las cuentas de delincuentes en Instagram y Facebook aumentaban de seguidores, el «corre ve y dile» del barrio se hizo cibernético. En los audios, unos delincuentes mal hablados amenazaban a rivales y afirmaban que la guerra no era contra los vecinos, siempre y cuando, claro, que no fueran «sapos» (soplones).

Es que en el barrio, como en la historia, la delación es el más imperdonable de los pecados.

“En medio de la disputa de estos hampones estamos los vecinos, que nos toca sobrevivir, acatando las órdenes que vienen de lado y lado, los toques de queda, las amenazas, el miedo de ser tiroteado si no se le hace caso al uno y al otro. Pero este miedo es el mismo que le tenemos a los funcionarios policiales, que en estos momentos toman el barrio”, dijo otro de los vecinos.

Durante el operativo, dos helicópteros sobrevolaban Petare para cubrir a los agentes que en tierra derriban puertas, empujaban a familias enteras, apuntaban hasta a los niños si era el caso, volteaban las casas patas arriba, se apoderaban de teléfonos móviles y computadoras. Algunos robaron el escaso dinero que encontraban, denunciaron varios vecinos que por nada del mundo revelarían su identidad a un periodista.

Pírrico parte policial

Hasta el momento de redactar esta nota no había un reporte oficial de autoridades sobre los resultados de la más ambiciosa incursión militar y policial que se recuerde en meses en esta zona de Caracas.

Un parte policial filtrado por los agentes decía que hasta el fin de la mañana del viernes hubo 12 «delincuentes» asesinados por las fuerzas de Maduro.

Habían sido incautadas 14 Armas de fuego, y apresaron a dos vecinos en flagrancia por tenencia de droga. Fue detenido un ciudadano «apodado El Mocho”, miembro de la Organización Primero Justicia, señalado de entregar Armas a Bandas de Delincuentes».

«La verdad es que El Mocho, es un líder comunal que dirige un comedor para 200 niños de los más pobres de la zona. Ese no tiene ni para comprarse la insulina de su diabetes», dijo a El Estímulo uno de sus allegados.

El gobierno uniformado también reportó la captura de un ciudadano que era buscado por estafa, el decomiso de kilo y medio de cocaína y de 380 gramos de «super marihuana» (un tipo de hierba de alto poder tóxico).

Del chamo Wilexis, ni mención en los créditos finales de esta película de acción.

Entre los ocho asesinados en los allanamientos se encontraba el joven Brian Cedeño. Fue descrito por sus vecinos como un muchacho sano, aficionado al baloncesto.

Testigos del hecho señalan que los funcionarios le dispararon frente a su madre, mientras su padre imploraba que no lo mataran, y trataba de contarles quién era en realidad su joven hijo. De nada valieron las súplicas, fue asesinado con ráfagas de fusil.

Una gorra de Petare

Poco después, la misma policía divulgó una foto en la cual un sujeto usaba una gorra similar a la del joven ejecutado, y estaba en un grupo de delincuentes que exhibían armas. Hasta ahora no ha sido posible verificar la autenticidad de la imagen, tampoco si el portador de la gorra es la misma persona de la primera foto.

De las otras víctimas, no se conocen mayores detalles.

«El terrorismo de estado está a la orden del día; entran a las casas y se roban lo de valor que consiguen a su paso; me está confirmando la muerte de un deportista de la comunidad», dijo para esta crónica una figura de la comunidad, respetada por su trabajo social en el lado legal de la cotidianidad.

Los vecinos de la barriada señalaron que las fuerzas del Estado irrumpieron en las casas sin ninguna orden de allanamiento, mucho menos acompañados de lo que llaman «Fiscales del Ministerio Público».

«Como siempre rompieron puertas, ventanas, robaron teléfonos celulares y otras pertenencias”, dijo otro de los residentes de la zona.

Para los habitantes del José Félix Ribas, la violencia que los asalta desde hace días y noches no se termina con esta operación policial.

Saben que cuando se retiran los funcionarios, volverán a Petare los «líderes negativos», los jefes delincuentes, quizás en busca de venganza contra aquellas personas que -suponen ellos- los delataron ante las autoridades de uniforme.

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