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Petkoff y Martín, 1975: Dilemas de la izquierda pacificada

Petkoff reconoció la imposibilidad romper de la polarización AD-Copei, por lo que fuerzas pequeñas como el MAS solían acercarse a alguno de estos partidos

Petkoff y Martín, 1975: Dilemas de la izquierda pacificada

Para las elecciones de 1973, la izquierda se acogió a la política de pacificación de Rafael Caldera y obtuvo en el Congreso una representación disminuida en tanto se consolidaba el bipartidismo AD-COPEI. La posición al nuevo gobierno de Carlos Andrés Pérez y los ingentes recursos petroleros de la época crearon una dilemática entre Teodoro Petkoff y Américo Martin. Por Luis E. Fidhel Gonzales.

Petkoff, en retrospectiva, aseveró que en la decisión de declarar la lucha armada contra el gobierno de Rómulo Betancourt a partir de 1958, privaron muchos factores; admitió, por doloroso que sea decirlo, que destacaron los de tipo emocional.

El “tremendo impacto” de la revolución cubana sobre la izquierda venezolana, que para la época era el Partido Comunista y, dentro de Acción Democrática, terminó siendo el Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR) creó a juicio de Petkoff un velo “entre nosotros” y la percepción de la realidad fue “totalmente refractada”. No puede explicarse ese fenómeno de otra manera, porque después, cualquiera se daba cuenta que se partió de “errores conceptualmente casi infantiles”.

Disidencias

El 9 de abril de 1960, un grupo de disidentes de AD fundaron el Movimiento de Izquierda Revolucionaria o “la izquierda revolucionaria de AD”; destacaron entre sus fundadores: Heli Colombani, Américo Martin, Gumersindo Rodríguez, Gabriel Quintero Luzardo, Aníbal Molina Planchart, Simón Sáez Mérida y Domingo Alberto Rangel; la consigna utilizada fue “No somos comunistas. Somos la izquierda revolucionaria”. Estos líderes fueron expulsados por el tribunal disciplinario de AD.

Surgió una disidencia en el Congreso Nacional denominada Acción Democrática de Izquierda (ADI) conformándose una fracción parlamentaria con 17 diputados y 2 senadores que reclamaba rescatar los principios fundacionales de Acción Democrática contenidos en el Partido Democrático Nacional (PDN), fundado en octubre de 1936.

Abogaban por que la “instauración de un régimen de gobierno auténticamente democrático sea la verdadera expresión de la voluntad de las mayorías populares”. Declaraban entre sus principios el reconocimiento del marxismo-leninismo como ideología fundamental.

A partir de esta división, AD sufrió una pérdida paulatina de la mayoría en la Cámara de Diputados –MIR, URD y PCV –,aunado a la efervescencia política en la cotidianidad. La posición de Betancourt fue partidario de excluir a Acción Democrática de Izquierda (ADI), pues por su ideología se veía claramente que eran “compañeros de ruta” de los comunistas infiltrados en las filas de AD.

El gobierno aprovecharía una nota editorial publicada en el periódico del MIR llamado «Izquierda» dirigido por Domingo Alberto Rangel para privar de libertad a su directiva e incautar la edición bajo la acusación de propiciar la subversión del orden constitucional. Al finalizar 1961, la confrontación era abierta y armada, aunque se le daba la connotación de “autodefensa armada”.

Alzados en armas

Argimiro Gabaldón planteó, en el marco del histórico III Congreso del Partido Comunista de Venezuela (PCV) -1960-, la necesidad de acudir a la lucha armada entre otros mecanismos de combate inspirados en la experiencia cubana. Al respecto fundó el primer foco guerrillero en La Azulita, estado Mérida, bajo el lema «Luchar hasta vencer».

El hecho cierto es que parlamentarios de los partidos de izquierda en rebeldía participaban coetáneamente de la lucha conspirativa, aupando en un primer momento los movimientos militares conspirativos – La Guaira, Carúpano, Barcelona y Puerto Cabello- bajo la tesis de la unión cívico-militar manifestado a través del golpe de estado contra el gobierno de Betancourt. La adopción de la lucha armada del PCV le restó posibilidades políticas y penetración en las masas.

El Decreto Ejecutivo del 09 de mayo de 1962 tras la rebelión militar acaecida en Carúpano consideró evidente la “participación activa” del PCV-MIR y argumentó que dichos grupos estaban utilizando comandos y guerrillas organizados militarmente para consumar la subversión. Por ende, suspendió el funcionamiento de esos partidos, prohibió sus actividades y ocupó los locales, archivos y demás efectos de dichos partidos.

Pacificación

En virtud del proceso de “pacificación” anunciado por Rafael Caldera en su campaña electoral como la reincorporación a la vida política de los núcleos guerrilleros de la izquierda, se legalizó el Partido Comunista de Venezuela (PCV) – 1969- y el Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR) – 1973-. Asimismo se indultó a los líderes guerrilleros con la condición de deponer sus armas y de trabajar del lado de “la ley y la paz” para así participar legalmente en la política Nacional.

La ruptura interna en el PCV, manifestada en los enfrentamientos ideológicos en relación a la invasión soviética a Checoslovaquia en 1968, entre la “vieja guardia” – Guillermo y Antonio García Ponce, Jesús Faría, Gustavo Machado – y los disidentes – Teodoro Petkoff, Pompeyo Márquez, Freddy Muñoz, Juvencio Pulgar – llevó a estos últimos a redefinir la construcción de un socialismo venezolano, democrático y revolucionario en contraposición a lo comunista y soviético, que a su juicio representaba lo no democrático e imperialista.

La “vieja guardia” apoyaba la invasión soviética bajo el esquema del “internacionalismo proletario”; la disidencia la interpretaba no solo como un intento de irrumpir contra la sociedad capitalista sino contra la codificación del marxismo oficializado en la URSS por Stalin. De esa división nació el Movimiento al Socialismo (MAS) -19 de enero de 1971.

La elección de CAP

El 21 de diciembre de 1973, en la sede del Consejo Supremo Electoral se proclamó como presidente electo a Carlos Andrés Pérez, estando presente el presidente en ejercicio Rafael Caldera, el gabinete ejecutivo, el Alto Mando Militar y dirigentes de los partidos políticos.

En su discurso de 20 minutos, Pérez prometió integrar el gobierno con políticos y técnicos de méritos y capacidad sin atender complacencias o compromisos partidistas. Expresó que su gobierno no ahorraría ningún esfuerzo para hacer crecer “la mayor superficie” posible de coincidencias, ya sea en el orden de la vida política o en el área de las actividades sociales y económicas.

Seis países productores de petróleo del Golfo Pérsico – Irán, Irak, Arabia Saudita, Kuwait, Abu Dabi y Catar – resolvieron doblar el precio del barril de petróleo de $ 5, 11 a $ 11,65. Venezuela se vio obligada a una revisión de los precios, lo que supuso un ingreso adicional de 8 mil millones de bolívares en 1974 y con chance de duplicarse en 1975.

El presupuesto nacional ascendería de Bs. 14.000 mil millones a la suma de Bs. 24.000 mil millones considerándose una suma extraordinaria. Los dirigentes de AD, Gonzalo Barrios y Pérez Alfonzo advirtieron un firme propósito de defender estos ingresos extraordinarios de manera racional y no caer en una carrera desenfrenada en el gasto público.

Poderes especiales

El Congreso de la República aprobó poderes extraordinarios al presidente Pérez para legislar en materia económica y financiera en base al ordinal 8º del artículo 190 de la Constitución de 1961, que otorgaba la facultad extraordinaria al Jefe de Estado de dictar medidas en materia económica y financiera cuando así lo requirier el interés público.

La medida se justificó en que la abundancia de recursos monetarios producto del aumento súbito de los precios del petróleo requería modificar las regulaciones económicas y financieras para que el presidente tuviera libertad de invertirlos o emplearlos en la forma que considerara más conveniente.

La postura de Petkoff

Si bien el MAS no desmentía su filosofía marxista-leninista, aunque alejada de la internacional comunista, anunció que sus representantes votarían por las facultades extraordinarias que pedía el presidente Pérez. La tolda sostuvo sus principios identificados con el socialismo y reiteró que seguiría con el pueblo en la lucha por llevar a feliz término sus conquistas.

Reiteró que aunque el gobierno deseaba hacer un reajuste en el capitalismo venezolano, sus medidas gozaban de un consenso mayoritario y ponían en evidencia la profunda injusticia que existía en la sociedad venezolana.

Teodoro Petkoff, líder fundador del Movimiento al Socialismo, calificaba las políticas económicas iniciales del gobierno de Pérez por “gatopardiana”: “hay que cambiar para que todo siga igual”, pues entre sus objetivos se encuentran reordenar el capitalismo, modernizarlo, atenuar la disparidad entre el sector industrial y agrícola, estimular el desarrollo de las regiones deprimidas del país y, dentro de la coyuntura mundial, proceder a la nacionalización del hierro y del petróleo para hacer del capitalismo tanto del privado como estatal venezolano dueño de sus principales recursos económicos.

A juicio de Petkoff, sin embargo, oponerse a las medidas simplemente por oposición o porque provienen de un gobierno capitalista que se propone modernizar el sistema que se adversa constituía un error político que partía de la incomprensión acerca de la manera como la gente vivía la política y se traducía en la conciencia colectiva, por lo que resultaba incomprensible para quien de ellas no ve sino un beneficio inmediato inclusive necesario.

La postura de Martín

Américo Martín señaló que el gobierno de Pérez, el primero de la era del boom petrolero, sería probablemente el que presidiría la transformación de Venezuela, dentro de la formación social capitalista, de un país dependiente clásico. Para un revolucionario y socialista, este tipo de transformación nada tiene que ver con su idea de la sociedad.

Es un cambio de la formación social capitalista y objetivo que debía ser apreciada con criterio científico, sin caer en la trampa de convertirse en “defensores” de aquello que va a ser transformado.

De allí que oponerse en bloque a las medidas económicas podía parecer a primera vista la conducta más irreconciliable con el gobierno y el sistema, pero en detalle podía resultar la más conservadora y hasta la más reaccionaria. Le atribuía a las medidas económicas un sentido “popular” mas “no populista”.

El MIR no las apoyó bajo el argumento de que no había tales aumentos de salarios ni habría nacionalización verdadera del petróleo y hierro. Según Martín, el aumento sería tal si podía compensar el incremento del costo de la vida hasta principios del año-1975- y prevenir contra los efectos corrosivos de la inflación, siendo de una sola vez que ni llega al nivel de la carestía de la vida ni salva al salario frente a las nuevas alzas.

Coincidencias

Solo un aumento compensatorio de menos del 40% y una escala móvil de salarios acompañada de estabilidad plena protegerían su integridad.

En relación a las nacionalizaciones, el MIR demandó el monopolio estatal de la industria del hierro y del petróleo incluida la fase comercialización con la finalidad de no poner estas actividades en manos de las empresas mixtas. Si el gobierno hubiera aceptado estas observaciones hubiera votado por las facultades extraordinarias; como no podía hacerlo por eso el MIR votaría en contra.

Petkoff reconoció que resultaba imposible romper la polarización existente entre AD y Copei, por lo que las fuerzas pequeñas como el MAS tendieron a acercarse ocasionalmente a alguno de estos partidos, Como se reflejó en la coincidencia entre AD y MAS con respecto a las medidas económicas adoptadas por el gobierno de Pérez, así como la posición del MIR, Domingo Alberto Rangel y otros partidos de izquierda en relación a la la posición de Copei.

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