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Piazzolla, el Maestro del tango, cumple 100 años y el mundo celebra

A partir del 11 de marzo, fecha de su nacimiento, numerosos países rendirán homenaje durante todo un año a Astor Piazzolla, uno de los compositores más importantes del siglo XX argentino, autor de temas como “Balada para un loco” y “Adiós Nonino”, dos emblemáticos títulos de la prolífica obra de este renovador del tango

Piazzolla, el Maestro del tango, cumple 100 años y el mundo celebra

La Fundación Astor Piazzolla, que preside Laura Escalada, su viuda, lanzó la plataforma Piazzolla100 , que acompaña y potencia el legado del notable músico, uno de los más importantes e influyentes del siglo XX argentino.

Piazolla100 reúne toda la información, actualizada semanalmente, en torno a los diversos y variados homenajes que a partir del este jueves 11 de marzo, día del centenario de su nacimiento, se estarán ofreciendo en numerosos países del mundo durante todo un año, al mismo tiempo que genera contenidos propios para dimensionar su innegable estatura artística.

El centenario de Piazolla, un argentino universal, se celebrará en varias ciudades del mundo durante todo un año.

En su Argentina natal, ya comenzó un ciclo de galas en el venerable Teatro Colón, así como una muestra en su honor en el Centro Cultural Kirchner, que incluye obras de artistas plásticos que lo recrearon en sus lienzos y esculturas, así como el clásico festival Experiencia Piazzolla, en la Ciudad Cultural Konex, y un concierto frente al Obelisco de la avenida 9 de Julio, a efectuarse en noviembre próximo.

Pero habrá más. Londres, París, Berlín, Madrid, Río de Janeiro, Seúl, Nueva York, Buenos Aires y Mar del Plata, son algunas de las más de 100 ciudades que homenajean al revolucionario del tango, en fechas y lugares que oportunamente se irán dando a conocer a través de Piazzola100.

Infancia neoyorkina con Gardel

Vale hacer un recorrido por la vida de esta ilustre figura de la música, para recordar la magnitud del legado de quien, cada vez más convencido de que el tango era una música para escuchar y no para bailar, creó una serie de obras que hoy son clásicos del género y que forman parte del repertorio obligado de las más prestigiosas orquestas en todas partes del mundo.

Nacido en 1921 en Mar del Plata, Argentina, desde 1924 hasta 1937 vive en Nueva York, ciudad en donde sus padres se instalan y en la cual vivió gran parte de su niñez. Comienza a estudiar bandoneón en 1930 (su padre, un impenitente amante de la música, le había regalado el instrumento, que compró usado por 18 dólares en una casa de empeños) y luego piano con el maestro húngaro Bela Wilda, un alumno de Sergei Rachmaninov.

El pequeño Astor conoce en 1934 a Carlos Gardel, quien se encontraba en Manhattan filmando la que resultó su última película, «El día que me quieras» (1935). El niño fue a llevarle un regalo que le enviaba su padre al cantante y a éste le cayó muy bien, además de resultarle muy útil para realizar sus compras en la ciudad, ya que la conocía minuciosamente y hablaba bien el inglés, idioma que el Morocho del Abasto desconocía completamente.

Sabiendo su afición por la música, invita al muchacho a las sesiones de grabación de varias piezas de su película, en la que a su vez aparece en pantalla como limpiabotas.

La suerte de no volar con Gardel

Gardel invitó a Piazzolla a unirse en su gira por América, pero su padre decidió que éste era aún muy joven. Esta temprana desilusión probó ser una suerte en la desgracia, ya que fue en esa gira en la que Gardel y toda su troupe perdieron la vida en un accidente aéreo en el aeropuerto de Medellín, Colombia. En 1978, en una carta imaginaria a Gardel, el músico bromearía al respecto sobre ese hecho:

“… Jamás olvidaré la noche que ofreciste un asado al terminar la filmación de El día que me quieras. Fue un honor de los argentinos y uruguayos que vivían en Nueva York. Recuerdo que Alberto Castellano debía tocar el piano y yo el bandoneón, por supuesto para acompañarte a vos cantando. Tuve la loca suerte de que el piano era tan malo que tuve que tocar yo solo y vos cantaste los temas del filme. ¡Qué noche, Charlie! Allí fue mi bautismo con el tango. Primer tango de mi vida y ¡acompañando a Gardel! Jamás lo olvidaré. Al poco tiempo te fuiste con Lepera y tus guitarristas a Hollywood. ¿Te acordás que me mandaste dos telegramas para que me uniera a ustedes con mi bandoneón? Era la primavera del 35 y yo cumplía 14 años. Los viejos no me dieron permiso y el sindicato tampoco. Charlie, ¡me salvé! En vez de tocar el bandoneón estaría tocando el arpa”.

Su padre le regaló el primer bandoneón cuando todavía era niño, en Nueva York.

Troilo en Buenos Aires, Boulanger en París

En 1937, el ya adolescente Astor Piazzolla vuelve a la Argentina, donde comienza verdaderamente su carrera como bandoneonista en la orquesta del gran Aníbal Troilo. También sigue estudiando música clásica, esta vez con Alberto Ginastera y en 1946 forma su primera agrupación, a la que denominó Astor Piazzolla y su Orquesta Típica.

En 1942 se casó con Dedé Wolf y del matrimonio nacieron sus hijos Diana, en 1943; y Daniel, en 1944.

El gobierno francés le otorga una beca y viaja a París en 1952 para estudiar con Nadia Boulanger, compositora, pianista, directora de orquesta, intelectual y docente francesa que formó a muchos de los grandes compositores del siglo XX. Resultó una influencia decisiva para él.

“Fue para mí como mi segunda madre”, contaba Piazzolla. “Me hizo descubrir el mundo musical que yo esperaba desde hacía tanto tiempo”.

Borges, Jorge Luis y Piazzolla

Boulanger lo alienta a seguir con su propia música, que juzgaba muy particular e interesante, con grandes potencialidades de desarrollo. Tras ese período forma dos orquestas: el Octeto de Buenos Aires y la Orquesta de Cuerdas, con las que revoluciona la música ciudadana, que era como solía calificar su arte.

Al regreso a Buenos Aires, en 1955, forma un quinteto, con el que recorre Argentina, Brasil y Estados Unidos. En 1963 escribe Tres movimientos sinfónicos y en 1965 trabaja en estrecha colaboración con Jorge Luis Borges poniéndole música a sus poemas, recopilados en el disco El tango, que se edita ese mismo año.

Con Horacio Ferrer  escribe «María de Buenos Aires». en 1967. Ya en 1969 comienza a escribir, también junto a Ferrer, temas de mayor sencillez para la voz de Amelita Baltar, su musa. Compusieron así Balada para un loco, que se convertiría en un gran éxito popular, y de cuya estela surgieron otras canciones de cariz similar, como Balada para mi muerte, Balada para Él y Chiquilín de Bachín.

“Adiós Nonino”, herencia sentimental

En 1959, el músico se encontraba en gira por Centroamérica cuando, durante una presentación en Puerto Rico, recibe la noticia de la muerte de su padre, debido a un accidente de bicicleta en su ciudad natal, Mar del Plata. Esta noticia, sumada al fracaso de la gira, a los problemas económicos y a la nostalgia que le producía estar lejos de su país natal, llevó a Piazzolla a la depresión.

Es cuando retorna, en octubre de ese año, a la ciudad de Nueva York, lugar donde residía temporalmente con su familia. Allí compone esta obra en homenaje a su progenitor, basada en Nonino, otro tango que había compuesto cinco años antes en París, también dedicada a Vicente Piazzolla. “Es el tema más lindo que escribí en mi vida… No sé si lo voy a mejorar, no creo”, refería cada vez que hablaba de su muy célebre y emblemática composición.

Vuelve a Buenos Aires en 1960 y forma la agrupación que definiría su estilo musical definitivamente, que sería la base de agrupaciones posteriores y a la que volvería cada vez que se sentía frustrado por otros proyectos: el Quinteto Nuevo Tango, formado en su primera versión por Piazzolla (bandoneón), Jaime Gosis (piano), Simón Bajour (violín), Kicho Díaz (contrabajo) y Horacio Malvicino (guitarra eléctrica). Con esta agrupación daría a conocer Adiós Nonino y todas las composiciones que dieron forma a su estilo y que serían las más recordadas.

Entre Sábato y Borges

En 1963, forma el Nuevo Octeto, para el cual compuso Introducción a “Héroes y tumbas”, con letra de Ernesto Sábato. Ese año también gana el Premio Hirsch por su Serie de tangos sinfónicos, estrenados bajo la dirección de Paul Klecky. En 1965, junto al Quinteto, una orquesta formada ad hoc, y con las voces de Luis Medina Castro como recitante y Edmundo Rivero como cantante, graba el ya citado disco El tango, que contiene temas con letras de Jorge Luis Borges, incluido Hombre de la esquina rosada, suite para canto, recitado y doce instrumentos.

Tres años, después, en 1966 se separa de Dedé Wolff y en 1967 empieza su colaboración con el poeta Horacio Ferrer e inicia una relación con la cantante Amelita Baltar , que durará cinco años.

“Balada para un loco”, controvertida y amada

Fue precisamente Amelita Baltar la que estrenó Balada para un loco, una de las canciones más celebradas y conocidas de Piazzolla, pero cuyo debut, en un festival de tangos en el porteño Luna Park, estuvo teñido por la controversia, propiciada por los tradicionalistas que cuestionaban la innovación en este género.

El cronista argentino Elio Marchi lo describió en una nota, que recientemente reeditó el portal serargentino.com, del cual reproducimos algunos fragmentos:

“Era el 16 de noviembre de 1969, alrededor de las 9 pm. Yo estaba en el Luna Park con Lino Patalano y un grupo de amigos veinteañeros, seguros de que la Balada para un loco ganaría el premio a la mejor canción, en la categoría ‘Tango’, en el Festival Iberoamericano de la Canción, ya que era vox populi que gran parte del jurado, que integraban figuras prominentes como Chabuca Granda y Vinicius de Moraes, la tenían como favorita en ese rubro.

Había llegado de finalista junto a otro tango con un título que tenía algo que ver con los trenes y cuyas estrofas, plagadas de lugares comunes, Jorge Sobral había defendido con la dignidad de un gladiador que es consciente de la clase de enemigo al que tenía que enfrentarse.

Justicia en el escenario

Esa decisiva noche, cuando le tocó el turno a la Balada…, Amelita Baltar apareció en el escenario envuelta en un chal de gasa y a mí se me antojó una diosa. Las primeras y tan características notas valseadas comenzaron a sonar y, mientras ella nos contaba “ese qué se yo de las callecitas de Buenos Aires”, inmediatamente un rugido que iba a durar durante toda la canción se alzó de la platea, en el que se mezclaba la admiración de los que sentíamos que se estaba haciendo historia, con el de aquellos que se habían quedado allá en el tiempo y la insultaban, arrojándole monedas al escenario y mandándola -entre otras lindezas muy porteñas- a lavar los platos. Nosotros nos quedamos casi sin voz gritando bravos. Cuando finalmente se conoció el resultado y nos enteramos que el fallo relegaba a la Balada… al segundo puesto, no lo podíamos creer.

Inexplicablemente le habían otorgado la distinción al “tango de los trenes”, que respetaba a rajatabla el 2 x 4, hablaba de desengaños amorosos, madres sufridas y lacrimógenas borracheras y para el que no podían existir melones en la cabeza, locos gritando y mucho menos gente corriendo por las cornisas con golondrinas en el motor.

Piazzolla en el Regina

Al día siguiente, Astor, el Quinteto y la Baltar debutaban en el Teatro Regina con un recital que cerraban con la Balada para un loco. Al finalizar la función, el público estalló en aplausos y mientras ellos saludaban acompañados por Horacio Ferrer, nosotros -aquellos mismos veinteañeros aún disfónicos por los gritos que habíamos pegado la noche anterior- comenzamos a arrojar rosas sobre el escenario. La primera -por casualidad- le embocó a Astor, que todavía sensibilizado por lo ocurrido en el Luna Park, trató de esquivarla pensando que era una piedra”.

El cronista, en esta misma reseña, destaca que esa noche -como todas las que siguieron durante el ciclo en el Teatro Regina- se puso a la venta, a la salida del público, el disco de 45 rpm que tenía de un lado la Balada para un loco y del otro a Chiquilín de Bachín, editado por la CBS. Ese disco era pan caliente. No habían pasado más de 24 horas y la Balada… ya comenzaba a ser leyenda y nadie se acordaba de la canción que había ganado el Festival”.

Con Europa a sus pies

Piazzolla sufre un infarto en 1973, que lo obliga a reducir su actividad, por lo que se instala en Italia. Allí permaneció grabando durante cinco años y formó el Conjunto Electrónico, un octeto integrado por reconocidos músicos de ese país, como Pino Presti en el bajo eléctrico y Tullio De Piscopo en la batería.

Al año siguiente se separa de Amelita Baltar y graba, con una orquesta de músicos italianos los álbumes Summit, con Gerry Mulligan, y Libertango, cuyo éxito lo catapulta en toda en Europa. Al año siguiente, el Ensemble Buenos Aires graba su obra Tangazo para orquesta sinfónica.

En 1975, después del fallecimiento de Aníbal Troilo, compone en su memoria la obra en cuatro movimientos Suite Troileana, que grabó con el Conjunto Electrónico. En 1976 conoce a Laura Escalada, quien sería su esposa definitiva. En diciembre de ese año presenta, junto al Conjunto Electrónico y en el Teatro Gran Rex en Buenos Aires, su obra 500 motivaciones.

Meses después ofrecería otro concierto en el Olympia de París junto a una formación similar, que sería su última presentación junto a una agrupación de carácter eléctrico.

A partir de 1978 vuelve a trabajar junto al quinteto Nuevo Tango y retoma la composición de obras sinfónicas y piezas de cámara. En 1982 escribe Le Grand Tango, para chelo y piano, dedicado al chelista ruso Mstislav Rostropóvich. En 1985 lo nombran Ciudadano Ilustre de Buenos Aires y obtiene el Premio Konex de Platino como el mejor músico de tango de vanguardia de la historia en Argentina.

Central Park

Piazzolla viaja a Estados Unidos en 1987, y graba en vivo en el Central Park junto a la Orquesta de St. Luke’s, dirigida por Lalo Schifrin, sus obras Concierto para bandoneón y Tres Tangos para bandoneón y Orquesta. Durante esta etapa en Norteamérica, graba Tango Zero Hour, Tango apasionado, La Camorra, Five Tango Sensations (junto al Kronos Quartet) y Piazzolla con Gary Burton, entre otros discos.

Un cuádruple baipás en el corazón en 1988 no frena su ímpetú y a principios del año siguiente formaría su último conjunto, el Sexteto Nuevo Tango. El 4 de agosto de 1990 sufre una trombosis en París y lo internan con un infarto cerebral del que no se recuperó. Lo trasladaron a Buenos Aires el 12 de agosto y fallecería dos años después en la capital argentina, el 4 de julio de 1992, a los 71 años.

Clásico, más allá del tango

En sus últimos diez años, escribió más de 300 tangos y cincuenta bandas sonoras de películas, entre las que destacan Henry IV, de Marco Bellocchio; Lumière de Jeanne Moreau; Armagedón, de Alain Jessua y Sur, el exilio de Gardel, de Fernando Solanas.

Entre los músicos contemporáneos que fueron su inspiración, siempre mencionaba a Alfredo Gobbi y, fundamentalmente, Osvaldo Pugliese. Entre sus influencias de la música europea, citaba a Juan Sebastian Bach, del periodo barroco, así como también al contemporáneo Bela Bartok. Su música también tiene puntos en común con la de los estadounidenses George Gershwin y Brian Wilson. Por otro lado, tuvo una gran admiración y conoció personalmente a Igor Stravinsky.

A Venezuela en clave de Onda Nueva

Del 2 al5 de febrero de 1972 tuvo lugar en el Teatro Municipal de Caracas el II Festival Mundial de Onda Nueva, donde participantes de distintos países competían con canciones en ese ritmo creado por el maestro Aldemaro Romero, organizador del certamen que en sus tres ediciones marcó época, al congregar en nuestra capital, entre los años de 1971 a1973, a varias de las más relevantes figuras de la música de los cinco continentes.

En la segunda edición de la justa musical participaron, como competidores o invitados, Paul Mauriat, Caterina Valente, Sammy Kahn, Les Reed, Waldo de los Ríos, Francis Lai, Elmer Bernstein, Helmud Zacharias, Zimbo Trío, Chucho Avellanet, Leroy Holmes, Agostinho Dos Santos, Claudia Do Brasil, Juan Gabriel, Manuel Alejandro, Willy Bobo, Trini López, Imelda Miller, Lalo Schifrin, Augusto Algueró, Consuelo Velásquez, Charlie Bird y Astor Piazzolla con Amelita Baltar.

Piazzolla presentó en la competencia La primera palabra, obra suya en coautoría con Horacio Ferrer defendida vocalmente por Amelita Baltar. Quedaron en el segundo lugar, precedidos en el primer puesto por Heroica, interpretada por los brasileros del Zimbo Trío. El mismo segundo lugar que habían obtenido tres años antes en el Festival Iberoamericano de la Canción de Buenos Aires, en el Luna Park, con Balada para un loco.

En agosto de 1984 Piazzolla cumpliría la segunda de sus dos visitas a Venezuela, para presentarse el día 21 con su Quinteto en el Gran Salón del Hotel Caracas Hilton y el 22 en el Poliedro de Caracas. En ambos conciertos alternaron con Serenata Guayanesa.

Así lo dijo

“La juventud argentina produce muchos músicos y están muy unidos, creo que es bastante acertado y trascendente. Pero la música que hacen, para mí, no es argentina. Un 85% es extranjerizante: aunque se cante en castellano, eso es rock. Yo no diría que mi música es argentina: mi música tiene el olor de una ciudad llamada Buenos Aires. Es una ciudad encantadora, y con todos sus defectos, la quiero como se quiere a una madre: tu quieres a tu madre aunque sea fea ¿no?”.

El centenario de Piazzolla se celebrará durante un año en todo el mundo