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¿Por qué el gobierno esconde datos sobre cuántos se van y cuántos llegan?

Es inexcusable que un país en el siglo XXI no cumpla con el deber de publicar los datos sobre los saldos migratorios sobre todo cuando la tecnología permite llevar esos registros administrativos en tiempo real. La Organización Internacional de Migraciones (OIM) estipula dentro de una de sus normas que cada país debe informar sobre los ingresos y egresos de personas a través de sus fronteras.

¿Por qué el gobierno esconde datos sobre cuántos se van y cuántos llegan?

En realidad, esa solicitud termina siendo una recomendación sana para que distintos actores (organismos multilaterales, policy makers -gobiernos-, investigadores -institutos de investigación-, entre otros) puedan evaluar los patrones migratorios y por esa vía estudiar los impactos que estos desplazamientos generan tanto en los países de origen como en los de acogida.

Resulta que la extinta Oficina de Estadística e Informática (OCEI) -1978-2000- publicaba todos los años los anuarios estadísticos, dentro de los cuales había un capítulo específico en el que trataban el tema migratorio. Llegaron a compilar los datos desde 1954 hasta el año 2000, debido a que el ente encargado anterior ya realizaba esa tarea. Se contabilizaban las estadísticas anuales, desagregadas por países. Resulta que a partir de la creación del Instituto Nacional de Estadística (INE) en el año 2000 esos datos desaparecieron por arte de magia de la publicación.

Uno pudiera pensar que algo maquiavélico pudo haberse diseñado para que esos datos no estuvieran a la disposición de la sociedad, al contrario de lo que sucede en cualquier país del mundo.

La respuesta es mucho más simple de lo que parece.

Entre los años 2002, 2003 y 2004, requería de esos datos para completar series estadísticas de mis trabajos sobre los flujos migratorios en Venezuela. Haciendo uso de mis contactos, llegué a entrevistar a personal técnico de las antiguas DIEX y ONIDEX e, incluso, llegué a reunirme con un general que estaba a cargo de ese organismo (duró tres meses al frente del despacho). Resulta que esa persona al no tener competencias en esos temas y solo fungir como un comisario político ni siquiera sabía de qué le estaba hablando cuando le pregunté sobre los datos que esa entidad gubernamental debía generar diariamente.

La sorpresa del general fue mayúscula cuando le mostré las fotocopias de algunos Anuarios Estadísticos y vio la fuente primaria (la unidad bajo su cargo). Inmediatamente mandó a llamar a su subordinado y le enseñó la fotocopia. La respuesta fue simple. Señor, desde que estoy aquí nunca nadie nos ha solicitado esos datos y en realidad no sé para que sirven. Al preguntar a los técnicos más antiguos, estos respondieron que habían alertado varias veces sobre la importancia de esos datos pero que nadie les respondía sobre el asunto. Eso significaba que desde el nuevo INE tampoco había dolientes (más comisarios políticos).

Es importante recordar que para aquellos años todavía no era visto como un problema el proceso emigratorio que estaba en desarrollo (salida de residentes: venezolanos y extranjeros que vivían en el país). Pero la primera gran alarma si se originó en esa época cuando el expresidente Chávez despidió al 62% de la nómina mayor de PDVSA.

La imagen fue de tragicomedia al ver en cadena nacional de radio y televisión a un hombre con un pito en la boca silbando e inmediatamente después gritando: fulano de tal usted está fuera de PDVSA… Su rostro denotaba placer al sentirse omnipotente sin saber que al cabo de pocos años esa boomerang se le devolvería a él y transitivamente a todo el país.

La industria, corazón de la economía de la nación, entraría en barrena al perder su capital más valioso, el intelectual. Hoy Venezuela es un expaís, quebrado, sin reglas del juego democráticas, con instituciones controladas por comisarios políticos que cumplen aquellas órdenes útiles sólo para mantener el statu quo.

Así que el asunto de los datos estadísticos sobre los saldos diarios emanados de los teóricos organismos «competentes» (?) no se publicaron, más por negligencia que por haber existido una mano peluda que los borrara del mapa estratégicamente.

Ahora bien, cuando este tema comenzó a tener relevancia en los medios de comunicación hacia el año 2006, surge una nueva pregunta ex-post: ¿al situarse sobre el tapete el tema sobre la emigración de venezolanos y conocerse que no habían datos oficiales publicados, la decisión de continuar con esa práctica fue una orden de Estado?

Recordemos que los países están ‘obligados’ a divulgar las estadísticas de las personas que salen pero también de las que ingresan. Eso significa que si publicaban los saldos en ese momento tenían que presentar también los datos de los inmigrantes. En ese caso hubiesen tenido que dar muchas ‘explicaciones’ sobre la llegada masiva de cubanos, chinos, bielorrusos, iraníes, entre otros…… ¿no cree usted?

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