¿Por qué hay militares y asesores rusos en Venezuela?

En esta primera entrega de un trabajo publicado por la página web Meduza varios oficiales rusos hablaron del rol de sus asesores en la defensa de los intereses comerciales en Venezuela

¿Por qué hay militares y asesores rusos en Venezuela?

El portal Meduza -originalmente basado en Rusia, ahora en el exilio por la presión del gobierno de Vladimir Putin-, entrevistó a un oficial de la reserva de inteligencia militar, un veterano del Servicio de Seguridad Federal, una fuente cercana a los especialistas militares de Rusia, y otro veterano de la agencia de inteligencia para su investigación “sociológica y política” de la situación venezolana.

El primer caso que revela la página web es el de un oficial que trabajó para la empresa petrolera Rosneft. “Anatoly” –nombre ficticio- pasó año y medio viviendo en el edificio ubicado en la urbanización el Rosal, en el este de la ciudad, para proteger los activos de la empresa en caso de que las protestas o los manifestantes atacaran el inmueble.

Rosneft acudió a exmilitares para esta labor. Anatoly se negó a decir cuando estuvo en Caracas –por temor a revelar su identidad- dijo que recibió un teléfono inteligente Samsung Galaxy conectado por satélite y precargado con WhatsApp, que utilizó para enviar un informe de seguridad a Moscú cada tres horas.

Durante su estadía no hubo incidentes (a excepción de que las mujeres de limpieza se llevaron la comida de los refrigeradores de la oficina). Anatoly observó las protestas en la calle. Ninguno de los manifestantes mostró interés en el edificio Rosneft.

La misión resultó aburrida para Anatoly y la mayoría de especialistas militares rusos en Venezuela.

Según las declaraciones de un oficial de la reserva de inteligencia militar, un veterano del Servicio de Seguridad Federal, una fuente cercana a los especialistas militares de Rusia, y otro veterano de la agencia de inteligencia el principal objetivo de los especialistas rusos en Venezuela es proteger los intereses comerciales locales rusos, -claro que estos intereses no existirían de no ser por el entramado político ideológico chavista-.

“En Rusia, son principalmente las corporaciones estatales las que trabajan con Venezuela, porque el país está simplemente en ruinas”, dice Tatyana Rusakova, asistente de investigación en el Centro para el Estudio de Sociedades en Crisis, donde estudia a los países de América Latina.

“Ninguna persona normal invertiría su dinero allí. Sólo Rosneft y Rostec en toda su gloria pueden hundir dinero así, porque Rosoboronexport suministró armas, y estos contratos tienen que ser mantenidos. Hay tres o cuatro empresas estatales [rusas] trabajando en Venezuela que organizaron equipos de seguridad privada en el país”, dice una fuente a la que se le pidió que vigilara las instalaciones petroleras locales.

Según un veterano de las fuerzas especiales rusas que también trabajaba en Venezuela como contratista privado, las empresas rusas distribuían ayuda humanitaria al personal local de estas instalaciones, para evitar disturbios por falta de alimentos, en medio de la escasez nacional provocada por el colapso de la industria agrícola de Venezuela.

En abril de 2019, BuzzFeed News informó que Rusia estaba enviando su ayuda humanitaria a Venezuela a través de Malta a bordo de un avión militar procedente de Siria. Estos aviones también transportaban  especialistas militares, para ahorrar dinero en vuelos chárter comerciales, dijo un veterano del FSB que trabajaba en Venezuela.

“En un avión de carga Ilyushin Il-76, que transporta piezas de repuesto para instalaciones petroleras, había siete especialistas, que figuraban como operadores de señales o trabajadores del gas, pero no se sabía quiénes eran realmente”, dijo una fuente.

La mayoría de los especialistas militares rusos en Venezuela recibían 150.000 rublos (2.365 dólares) al mes (lo que es similar a los salarios típicos que ganan en Siria los mercenarios de la compañía militar privada “Wagner”, según un informe de investigación).

Después de aterrizar en Venezuela, los rusos fueron instruidos, por ejemplo, para recoger los documentos corporativos de las empresas rusas y llevarlos de vuelta a Moscú.

“Las tareas más serias se manejaban individualmente, a través de sus propios canales, contratando a un puñado de contratistas privados”, explica un especialista que trabajaba en el país.

Una fuente de las tropas de seguridad interior de Rusia dice que había unos 60 mercenarios realizando “misiones especiales”.

El salario por este trabajo era superior a la media: 220.000 rublos (3.470 dólares) al mes. A estos hombres se les asignaron tareas como reclutar informantes en zonas peligrosas de Caracas, dice una fuente a la que se le ofreció una de esas tareas.

Al inicio de las protestas de Venezuela en 2018, había por lo menos 100 miembros activos de las fuerzas especiales de Rusia en el país, además de los exsoldados que trabajaban como guardias de seguridad, Meduza supo de un oficial de la reserva de inteligencia militar que trabajaba en Venezuela.

Para junio de 2019 solo 20 de estos soldados permanecían en Venezuela.

“Nunca hicieron nada”, dijo el oficial de la reserva.

La milicia venezolana

Entre las misiones de apoyo al régimen de Maduro, las fuentes de Meduza describen el trabajo con milicianos y miembros de grupos armados conocidos como colectivos, que se fortalecieron después de un fallido golpe de Estado en 2002, cuando Hugo Chávez se dio cuenta de que no contaba con la lealtad pretoriana de los militares y la policía, y formó su propia base de apoyo paramilitar.

Nicolás Maduro, que confía menos en el ejército que Chávez, siguió financiando escuadrones paramilitares con fondos del gobierno. Las fuentes confirman que los expertos militares rusos comenzaron a ayudar en el entrenamiento de estas milicias en 2018. Un veterano de la inteligencia militar que trabajó en Venezuela y cercano al FSB -heredero de la KGB soviética- dice que especialistas rusos también están trabajando con los colectivos.

Creada en 2009, la milicia venezolana está integrada por civiles convocados primero por Chávez y luego por Maduro para defender los “logros” de la Revolución Bolivariana (el proceso político radical iniciado por el fallecido gobernante).

La milicia pone a hombres y mujeres en un curso de armas de fuego y entrenamiento básico. Además de estar registrados deben estar listos para “servir” cuando se le solicite, a cambio reciben alimentos de los Comités Locales de Abastecimiento y Producción (CLAP), que racionan la comida a los hogares más pobres del país. Es una forma de control y presión a la población.

La distribución de alimentos es controlada por instituciones leales a Maduro como la milicia y los colectivos. En abril de 2019, Maduro prometió fusionar el primer cuerpo con las fuerzas armadas del país.

Los colectivos son bandas urbanas de los barrios más pobres de Caracas.

En 2014, las autoridades venezolanas comenzaron a reclutar activamente a estos grupos para luchar en las calles contra la oposición. En 2017, por ejemplo, apoyaron el intento de Maduro de disolver el Parlamento a cambio de prebendas –servicios básicos y alimentos que escasean en el país-.

Hoy en día, el régimen ha cedido los barrios del oeste de Caracas a estas pandillas, donde hornean pan, comercian bienes y organizan grandes funerales públicos para sus camaradas asesinados.

Los miembros del Colectivo también están inundando las filas de la milicia, dice la periodista Sebastiana Barraez, en un esfuerzo por legalizar las pandillas: “Los colectivos se están uniendo a la milicia para ganar al menos algo de legitimidad frente a las duras críticas de la sociedad civil e incluso del ejército y otras agencias de seguridad contra los grupos armados favorecidos por las autoridades”.

Los colectivos también se están integrando con otras instituciones de seguridad. Por ejemplo, la banda “Tres Raíces” tiene estrechos vínculos con las élites de seguridad venezolanas, y sus miembros sirven en el Servicio de Inteligencia Bolivariana.

En 2017, Maduro creó una unidad de élite dentro de la Policía Nacional de Venezuela para salvaguardar la revolución, y desde entonces se han incorporado muchos miembros del colectivo.

Según una investigación publicada por el Insight Crime Center en marzo de 2019, el régimen de Maduro ha dependido repetidamente de estas fuerzas para aplastar las protestas en los últimos seis meses.

Los instructores militares rusos actualmente ayudan en el entrenamiento de la Milicia Nacional Venezolana, que incluye a miembros de los colectivos.

“Los rusos a menudo se presentan en el cuartel general de la milicia”, dijo un miembro de Tres Raíces a Meduza. Pero las fuentes expresaron su insatisfacción con la práctica de cooperar con los colectivos, y señalan su poca fiabilidad e indisciplina.

Involucrar a estas bandas en el trabajo de la milicia es irresponsable, si no desesperado, dice un veterano de las tropas de Rusia que trabajaron en Venezuela.

“Es más problema de lo que vale la pena. Les das $1.000, y estos cabrones no sólo se quedan con el dinero, sino que también le hablan a la policía de ti”, dice una fuente, que describió su intento de negociar la protección de una instalación con las pandillas.

 

Lea la segunda entrega:

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Información de Meduza.io