¿Por qué hoy en Venezuela no estalla otro Caracazo?

Es la pregunta que muchos se hacen por estos días en Venezuela. Con una inflación que devora el poder adquisitivo de los ciudadanos, una moneda que vale menos que el papel donde se imprime, unos registros de violencia pavorosos y colas "hasta para respirar", ¿cómo es posible que en este país no se haya desatado una rebelión popular?

¿Por qué hoy en Venezuela no estalla otro Caracazo?

El “Caracazo” es un fantasma que aparece –y espanta- en todas las conversaciones. “Por menos de esto, arrancó el ‘Caracazo’”, se escucha en la barra de la panadería, la caja del supermercado y el andén del metro. Luego, cada quien elabora su teoría sobre por qué “no pasa nada”. Que si la gente se acostumbró a lo malo, que si el venezolano es muy pasivo. Todos buscan una explicación para algo que, al parecer, no la tiene.

“Las condiciones para un estallido social existen”, reconoce José Vicente Carrasquero, profesor de Ciencias Políticas de las universidades Simón Bolívar (USB) y Católica Andrés Bello (UCAB).

Carrasquero identifica los dos elementos que desactivarían la bomba popular: “1) la mayoría de los venezolanos están muy ocupados en sus asuntos privados y familiares como para intercambiar con los otros posiciones con respecto a lo que está pasando”.

“El venezolano se encuentra en una situación de supervivencia que le ocupa la mayor parte de su atención y su tiempo vital; y 2) el Gobierno posee en estos momentos una capacidad y voluntad represiva sin precedentes en nuestra historia reciente. Además, en su discurso y a través de todos los medios a su disposición, hace saber que está dispuesto a usar esa capacidad represiva ante cualquier alteración del orden público”, agrega Carrasquero.

El analista Carlos Raúl Hernández ni se pasea por ese escenario. “No creo en ningún estallido social, ‘Caracazo’ ni cosa por el estilo. Eso solo ocurre cuando se produce un motín y, por alguna razón, no hay una respuesta policial contundente y oportuna. De esa forma, el conflicto se extiende”, sentencia lapidario.

Desde una perspectiva chavista, el profesor de Ciencias Políticas de la Universidad Central de Venezuela, Jesús Silva, considera probable que surjan “focos de desorden público en supermercados y farmacias” como reacción ante la escasez y las colas.

“Tal desorden pudiera agravarse con el estímulo de saboteadores y bandas delictivas vinculadas al ala radical de la oposición. Frente a ese hipotético escenario, el Gobierno nacional luce entrampado por el retroceso productivo en Venezuela, la anarquía de las importaciones, menos recursos por los bajos precios del petróleo, la corrupción y el burocratismo. Expresado de otro modo, sin Chávez y sin petróleo caro, los males ancestrales de Venezuela se agravan”, indica el experto en Derecho Constitucional.

El juego del miedo

La consultora Carmen Beatriz Fernández echa mano de la teoría para tratar de interpretar la realidad venezolana. “La gente no acude a la rebelión en función de lo mal que vive, o lo mal que pueda estar, sino en función de cómo empeoran sus condiciones de vida. La privación relativa genera frustración, y la frustración deviene en violencia y agresión. No lo digo yo, es la tesis de Ted Gurr, un académico de la ciencia política de la prestigiosa Princeton. Gurr desarrolló su tesis de la privación relativa, que define como la tensión entre el estado actual de las cosas que recibes y las que crees merecer”, apunta.

Aunque la República Bolivariana no está en llamas, Fernández pone de relieve los minúsculos incendios cotidianos que se riegan como la pólvora por el territorio nacional. “El estallido puede estar sucediendo delante de nuestras narices, pero se trataría más bien de cientos de pequeños estallidos.

El Observatorio Venezolano de Conflictividad Social (OVCS) registró en el mes de enero de 2015 al menos 518 protestas, equivalente a 17 protestas diarias en todo el país. Ese número representa 16% más que el registrado en enero de 2014, cuando fueron 445”, subrayó.

Ahora, sigue la interrogante pendiente: ¿por qué no explota un nuevo ‘Caracazo’? La directora de Datastrategia plantea una respuesta que se sujeta de dos razones: “Por un lado y aunque la democracia venezolana se ha deteriorado notablemente en los últimos dos años, creo que Venezuela sigue siendo un país demócrata, y no por su antidemocrático desempeño institucional, sino por las convicciones de su gente.

Los venezolanos son un pueblo demócrata y la expectativa de una elección en el horizonte democrático aminora las presiones sociales, crean una válvula de escape importante. En segundo lugar, también importante, por miedo a la represión. Aún con esos indicadores tan duros en lo socioeconómico, quizás el peor indicador de la gestión del presidente Nicolás Maduro es el deterioro acelerado de los Derechos Humanos. En la actuación de los cuerpos policiales arrecia la represión, no pocas veces con resultados fatales. Ese factor constituye, sin dudas, un inhibidor de la rebelión popular”, afirma.