¿Por qué se está muriendo James Bond?

Por más que sumemos adjetivos (bella, sensual, elegante), la última entrega de James Bond no aprobaría un análisis a conciencia del ridículo guión. Spectre es un filme intrascendente aunque bien filmado. Salvo el interesante inicio, del que ya se han escrito varios ensayos, el resto de la película es una reiteración de Sam Mendes por demostrarnos que puede con los planos sin cortes o abiertos. Y a medida que se acerca el final, uno siente pena ajena por Daniel Craig. Que esté harto del personaje no es una sorpresa. Realmente se nota en la pantalla.

¿Por qué se está muriendo James Bond?

Ya en el Estímulo se han realizado dos críticas del Spectre, una de ellas escrita por Alexis Correia, que da en el clavo al hablar de la falta de feromonas de la protagonista, entre otros detalles que la disminuyen. Las siguientes líneas solo pretenden construir una teoría de por qué no ha funcionado en su totalidad el resurgimiento de Bond, James Bond. Subrayamos lo de totalidad porque Craig sí le dio ese toque de depresión y fuerza bruta, necesario para empatizar con las nuevas generaciones. Lamentablemente, los cuatro filmes no han funcionado como un círculo, aunque en Spectre se intenta el cierre, pegando los cabos sueltos (en algunos casos con pegaloca).

Empecemos por lo más obvio: el protagonista.

A penas se supo que Craig relevaría al elegante y rostro perfecto Pierce Brosnan, muchos pegaron el grito en el cielo. A diferencia de su antecesor, las facciones de Daniel son toscas, como de boxeador ucraniano. Y sí, sus orejas muy grandes. Recuerda a Clark Gable en ese aspecto. Para otros, sin embargo, lo de la belleza era secundario. Lo que preocupaba era su bajo perfil. Si bien era una de las caras de la premiada Múnich, solo en circuitos muy pequeños, donde  disfrutaron joyas como Layer Cake o Enduring, se sospechaba de su posible éxito.

Claro, tras ver Casino Royale (la mejor de  todas las entregas para quien escribe, seguida de Skyfall), se entiende que el papel le iba como anillo al dedo. Si Bond necesitaba humanizarse, debía recurrir a un rostro menos perfecto, que transmitiera las heridas que el amor y la guerra dejan. El caso es que si bien Craig encajó como el Alfa 1, capaz de demoler contrarios con su ingenio y puño,  su atractivo se fue perdiendo con el paso de los años. Dicho de otro modo, el protagonista se ve cómodo en las escenas donde existe el conflicto, pero en las de romance, Sean Connery y Brosnan se lo llevan por los cachos. Voy al punto. Nunca he escuchado de una chica: “Voy a ver Bond por el papasito de Craig”. El actor, eso sí, gusta en cierto público maduro. Cierto es que si no se quita la camisa, cuesta entender todo ese rollo del sexapeal. Todo lo contrario, solo por comparar, sucede en Misión Imposible o Rápido y Furioso.

Los villanos

Se nos va el Bond de Craig y no deja para la historia un villano al estilo El Guasón, de Heath Ledger. Sí, sé que estoy colocando el listón muy alto. Pero vamos, ¡estamos hablando de  007! El tema de la censura y la obligación de la productora de abarcar todas las edades, conspira. Sin embargo, la tv, con Breaking Bad, Hannibal o The Walking Dead, demuestra que es un tema de creatividad. Que apenas si recordemos a Silva – extraordinario Javier Bardem en la maravillosa Skyfall- es una desgracia. La presencia de un actorazo como Cristoph Waltz termina de apoyar este punto. Posiblemente pase a la historia como uno de los peores caracteres de la saga, con planes y razonamientos tan estúpidos como su pinta de abuelito prematuro. Debo, eso sí, reconocer la labor de Mr. Hinx, que interpreta Dave Bautista, inspirado (creo yo), en “Jaws”, aquel grandulón de La Espía que me Amó. Es de lo mejorcito de Spectre.

Las mujeres

Si uno recuerda que Eva Green estuvo en Casino Royale, no queda más que aceptar que se fue perdiendo punch en las posteriores entregas. No resulta extraño que cerraran con Lea Seydoux. Y no me mal interpreten. Estoy enamorado de ella desde que la vi en un peliculón llamado Sister (de 2012). Pero ella es todo menos una de estas chicas inalcanzables que solo puede tener Bond. Que Mónica Bellucci, cincuentañera y todo, se robe la partida da una idea del fracaso de Spectre en este sentido. Y más allá de eso, hoy cuando desde un celular se pueden bucear las nalgas de cualquier Kardashian, es imperdonable que las cintas de Bond, y en especial en esta última entrega, la piel femenina se esconda como los dólares Cadivi.

Los gadgets

Inexplicable por qué solo un reloj y un carro forman parte del imaginario de Spectre. Si bien el primero es fundamental –y lo sospechamos desde que lo vemos la primera vez- para el cierre de la trama y el automóvil impide que nos quedemos dormidos en uno de los pasajes centrales de la película, el recuento es insuficiente. Llegan a la mente Kingsman o la misma Misión Imposible como referencias de que siempre se puede hacer más y mejor.

Las escenas de acción

Cualquiera que haya seguido la evolución del cine asiático podrá enterarse de lo lejos que ha quedado Bond en las escenas de acción con respecto a filmes que pretenden ser realistas, aún cuando se dé por sentado que el héroe sobrevivirá. Los ejemplos sobran. Basta recordar la maravillosa escena de Old Boy (2003), donde el protagonista se abre paso con un simple martillo. The Raid y The Raid 2 son también filmes que han llevado las coreografías de peleas a un nivel muy alto. En este sentido, la saga de Bond no tiene, al día de hoy, un enfrentamiento que quede fijo en la memoria.

El tiempo para que se desarrollen las relaciones

Las sociedades son complejas y lo blanco y negro ha desaparecido. De allí que conseguir villanos y explicar sus intenciones se haya hecho tan complicado para los guionistas. Donde resuelven bien este punto es en Batman, cuando explican que simplemente hay gente que desea ver al mundo arder. Mad Max también es un buen ejemplo para delinear personajes. Pero Bond se ha quedado en el tiempo y salvo algunas preguntas que se plantea el protagonista, todo es muy acartonado y simple. Lleva la peor parte, en este sentido, los personajes femeninos. Resulta, por lo mínimo, ridículo, la manera en que se enamoran las mujeres por un 007 que conocen en 15 segundos. Revisemos el caso de la doctora Madeleine Swann (Seydoux), una intelectual que en un principio desprecia todo lo que significa el agente secreto y su universo para luego tontear con un vestido ajustado y, finalmente, retirarse con la idea de criar bondcitos. No tomar en cuenta cómo funciona la psicología femenina y, peor aún, disminuir roles importantes a simples damas de compañía es algo que en 20015 simplemente no funciona. Ojo, que si uno le echa coco, más que un seductor, Bond recuerda a Brandon, aquel hombre adicto al sexo que interpretó muy bien Michael Fassbender en Shame.

La competencia

Finalmente llegamos al meollo del asunto. James Bond es un personaje que se ha quedado en la mitad del sanduche. No puede ser Xander Cage (Vin Disel en XXX), pero tampoco uno de los desdichados de la maravillosa cinta de espionaje Tinker Tailor Soldier Spy y menos un Avenger. Incluso en The Bourn Identity hay una riqueza argumental y cinematográfica mayor. Entonces. Si se humaniza demasiado al agente 007, se pierde el sentido de la obra y si se exagera, el ridículo la sentencia. Se necesita entonces un Christopher Nolan que reivindique la franquicia, en la línea de Batman. El lector avisado se habrá dado cuenta que dimos un giro de 360 grados, porque lo que realmente hizo posible que el hombre murciélago nos inquietara fue su universo de villanos. Y, como ya hemos señalado, hasta ahora Mr. Bond adolece de un rival de altura. El camino nos lleva, como siempre, como en cualquier buena película, al guión. Sin un libro brillante, todo lo demás es secundario, hasta tener licencia para matar.

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