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Profesionales hambrientos combaten a la Covid-19 en Venezuela

Médicos y enfermeras, ocupados en salvar vidas en el sistema de salud de Venezuela, están entre los profesionales peor pagados. En un país asaltado por la miseria, la pandemia de Covid-19 agrava problemas acumulados por años de corrupción y pésima gerencia pública. Lo mejor que puede ocurrirles a todos es que se cumplan los pronósticos optimistas del régimen de Maduro sobre el control de la emergencia sanitaria

Profesionales hambrientos combaten a la Covid-19 en Venezuela

Los profesionales de la salud, como enfermeros y médicos, están en la primera línea de combate a la pandemia de Covid-19 en todo el mundo. Son vistos como héroes por hacer su trabajo. Pero en la empobrecida Venezuela sufren un drama adicional al de salvar vidas: reciben salarios de miseria que no les alcanzan ni para comer o pagar transporte hasta los hospitales.

La Covid-19, provocada por el nuevo coronavirus, no ha atacado en Venezuela con la misma virulencia que en países vecinos y según cifras oficiales solo van 361 casos, con 10 muertos.

Es una tasa baja para un país con unos 26 millones de habitantes.

El confinamiento y la cuarentena han sido más bien laxos, y la distancia física social se dificulta por el alto nivel de informalidad del trabajo.

Pero el cerco al patógeno se ha favorecido por una aguda falta de combustibles y la poca conexión del país con el resto del mundo -previa a la pandemia de Covid-19- . También, porque la economía trabaja a un cuarto de máquina y es de muy poco poder adquisitivo.

“Pero no significa que no pueda a llegar”, advierte una fuente con conocimiento del caso. Prefiere no identificarse por temor a represalias del régimen de Nicolás Maduro, que criminaliza el manejo no oficial de las cifras y escenarios del nuevo coronavirus y los casos de Covid-19.

Algunos médicos sanitaristas profesionales expresan en privado sus temores de que la epidemia repunte. A mediados de mayo podrían cumplirse ciclos de incubación en pacientes asintomáticos.

Ese escenario es el que menos le convendría a Venezuela, por lo que los expertos demandan la necesidad de dejar de lado diferencias políticas para enfrentar al problema.

Enfermero del barrio

Francisco Durán tiene 54 años de edad y 33 como enfermero graduado. Su testimonio es una síntesis de un drama colectivo.

Durán ha trabajado en distintos centros de salud en Caracas. Padre soltero de cuatro hijos, hoy vive alquilado en una casa en Pueblo Abajo, en Santa Lucía, una ciudad dormitorio.

“Mis dos hijos menores, de 7 y 16 años de edad, siguen dependiendo de mi salario y de los ‘tigres’ (trabajos a destajo) que pueda realizar”, dice en entrevista.

“Me la paso endeudado. Algunos días he tenido que faltar a mi trabajo por no tener efectivo para pagar el pasaje desde mi casa hasta el hospital Vargas, en Caracas”.

“En otras oportunidades he llegado tarde a mi guardia por la falta de transporte», y sus jefes le laman la atención: «Ellos no toman en cuenta el sacrificio para cumplir con nuestro trabajo. Algo que hacemos no por la ganancia económica, sino por la vocación de ayudar a los enfermos hospitalizados”.

Antes del nuevo aumento salarial que entró en vigor el 1° de mayo, ganaba por mes 700 mil bolívares (cerca de siete dólares al cambio de antes de la cuarentena).

“Pero diariamente gasto 60 mil bolívares en pasaje, lo que se traduce en un millón 200 mil mensual» (en total unos 12 dólares, solo para ir a trabajar).

Caridad de los enfermos

Hay días en los que él y sus compañeros de trabajo, además de los vigilantes, camareras y camilleros, no pueden llevar comida a sus turnos.

Dependen de la caridad de los ya empobrecidos familiares de los pacientes para poder alimentarse en las guardias.

“Preferimos dejar los alimentos en casa para que nuestros hijos puedan comer”, explica.

Durán, como el 70% de los habitantes de las barriadas, recibe cada dos meses una caja de alimentos racionada por parte el Comité Local de Alimentación y Producción (CLAP), del partido de Maduro.

“La ultima caja trajo cuatro kilos de pasta, un kilo de arroz, dos kilos de harina de maíz, un kilo de azúcar, un litro de aceite, medio kilo de leche y una lata de sardinas. Esto alcanza para alimentar a mi familia de seis integrantes solo por una semana”, detalla.

Desde hace más de un año, Durán ofrece sus servicios a pacientes particulares que requieren cuidados especiales, un tratamiento, cambio de una cura en una herida. También atiende a personas mayores.

Al principio hacía estos servicios como un trabajo comunitario en su sector. Pero con la crisis económica de su hogar comenzó a pedir ayuda a los vecinos, en una especie de trueque de servicios  por comida.

Crédito por atención

“La gente lo que me ofrece son víveres, granos, comida preparada. Es que igual no tienen dinero para pagar, ni siquiera para comprar los medicamentos del tratamiento”, dice.

Con su trabajo ha logrado ganarse la estima de sus vecinos, entre ellos los comerciantes de la zona, que conocen su situación económica.

“Yo le debo al panadero, a los vendedores de hortalizas, frutas, al carnicero y no tengo dinero para pagarles. Tienen que esperar a que resuelva, les pago las deudas viejas y les vuelvo a pedir fiado”, señala.

Desde hace muchos años sus condiciones de vida desmejoraron con su contratación colectiva. Ya no cuenta con seguro de hospitalización y cirugía, recibe un bono mensual de transporte que equivale a unos 10 centavos de dólar, y un bono nocturno mensual cercano a 1,4 dólares. Por cada hijo le pagan unos cinco centavos de dólar, lo mismo para la dotación de uniformes.

Foto: Daniel Hernández/El Estímulo

“La situación económica que atravesamos en el sector salud ha empeorado por la llegada de la Covid-19. Ahora no solo nos tenemos que preocupar de sobrevivir a las carencias que genera no tener un buen salario. Además tenemos que salir a trabajar con el riesgo de contagiarnos de esa terrible enfermedad. Eso, con el agravante de que no contamos con los equipos que sirvan de barrera para evitar los contagios”, dice.

Sus pacientes no están en mejores condiciones cuando van a unos hospitales donde falta de todo. «Los familiares del enfermo deben comprar los medicamentos, reactivos y pagar los exámenes  en laboratorios privados”, dice este testigo de los tiempos.

Narnia no tiene drama

Mientras tanto, Maduro insiste en que tiene todo bajo control, que hay suficientes camas y dotación de equipos y que Venezuela es ejemplo para el mundo en la lucha contra la enfermedad.

Para los venezolanos, ese sueño sería lo mejor. El país es uno de los menos preparados de América para lidiar con una crisis sanitaria como la desatada en otros climas tropicales, en la provincia ecuatoriana de Guayas, o en la ciudad amazónica de Manaos, en Brasil.

«Desde mi punto de vista, esto se volvería un caos, la gran parte de los centros de salud colapsaría. Y para nosotros, como médicos, sería muy difícil trabajar en esa situación por el simple hecho de que insumos suficientes ¡no hay!», declaró a El Estímulo un médico de un dispensario en una barriada popular.

La escasez medida

Una encuesta sobre las condiciones del sector de salud en Venezuela, levantada con datos de profesionales médicos y enfermeras, revela el riesgo.

Al 4 de mayo, la escasez de tapabocas en el sector salud remontaba a 60%, la escasez de guantes era de 47%  y la de jabón de 78%, al igual que la falta de gel desinfectante.

Como ocurre en muchos otros países, para miles de jóvenes en Venezuela estudiar medicina era un sueño de vocación, de estatus y hasta de buena posición económica.

Hoy, con las dificultades que empeoran cada día, los años de carrera «quemándose las pestañas» para estudiar una profesión tan exigente, no ven posibilidades inmediatas de recibir una compensación económica a la altura.

«De verdad que esperaba mucho más por todo lo que estudiamos y pasamos por años. El sueldo no cubre ninguna necesidad básica de ninguno», dijo otro médico cirujano, joven, recién graduado.

«Si un médico no trabaja de cualquier otra cosa para conseguir dinero, no come, ni menos mantiene a una familia. Es mi caso, que tengo una niña», agrega.

«El sueldo no alcanza para comprar las cosas que ella necesita», reclama.

Salvar vidas por 11 dólares

Estos médicos al servicio de gobernaciones de los estados ganan, como máximo, dos millones de bolívares por mes (unos 11 dólares, al cambio actual).

Los que dependen del Ministerio de Salud pueden completar el equivalente a unos 23 dólares por mes, dijo una de las fuentes.

Médicos protestan en el estado Táchira. (Foto: Rosalinda Hernández/El Estímulo)

Su situación profesional y la de tantos otros colegas se hizo más grave y complicada por la escasez de gasolina que paraliza a buena parte de Venezuela.

Al principio, les entregaban salvoconductos, después calcomanías (pegatinas) para marcar los vehículos, pero nada de eso garantizaba el suministro.

«Me quedé dos días en una cola durmiendo en el carro (para repostar). Se supone que eran mis días libres. De paso, los jefes se molestan porque abres el consultorio 30 minutos tarde, o cierras temprano para irte caminando. Pero no se preocupan por no cubrir todas las necesidades de cualquier trabajador», agrega protegido por el anonimato.

El legado de Hugo Chávez

Mucho antes de que se hablara del nuevo coronavirus, de la Covid-19, de que el nombre de la ciudad china de Wuhan fuera conocido en el mundo y de que se cumplieran negros vaticinios de libros y películas de Hollywood, el sistema de salud de Venezuela estaba colapsado.

Y el personal médico al servicio público está entre los que llevan la peor parte. Además de los pacientes, claro.

Antes de la emergencia sanitaria por la pandemia ya habían advertido la grave situación que atravesaba el gremio de enfermería, señala a El Estímulo la presidenta del Colegio de Enfermeras de Caracas, Ana Rosario Contreras.

Ahora este cuadro se ha agudizado, como le hubiera ocurrido a una persona con cáncer pulmonar que desarrollara Covid-19.

“Además de denunciar los salarios de hambre, también denunciamos las críticas situaciones que se atraviesan en los centros de salud por la falta de equipos, medicinas, personal, implementos para la limpieza. También por la falta de servicios básicos, como agua potable y la electricidad”, dijo Contreras en breve entrevista.

Salarios para un día

El régimen chavista de Nicolás Maduro, que gobierna a Venezuela con puño de hierro, elevó el salario mínimo nacional a partir del 1° de mayo a 950 mil bolívares mensuales. La cifra suena alta, pero solo equivale al cambio oficial a solo cinco dólares con 40 centavos por mes ($5,40).

Ese dinero alcanza hoy para comprar un cartón de huevos de 30 unidades.

Los productos de la cesta básica en Venezuela también están dolarizados, y alimentar con lo mínimo a una familia de cinco miembros durante un mes demanda 236 dólares. Los datos son recopilados por Cendas, un centro de estudios vinculado al Magisterio, el gremio nacional de los maestros.

“Hasta ahora, estimamos que la deserción de los enfermeros en sus puestos de trabajo alcanza a 45%”, dice Contreras sobre la situación de los trabajadores de la salud.

Las carencias crónicas de dotación en los hospitales afectan directamente la salud de gente.

“Hace pocos días, en las instalaciones del Hospital J.M. de los Ríos (un centro de atención pediátrica que es referencia nacional) un corte del servicio de energía eléctrica puso en peligro a los niños allí hospitalizados”, dijo Contreras.

Protesta de madres en hospital de niños J.M. de Los Ríos (Foto: Daniel Hernández/El Estímulo)

El gremio de enfermería ha advertido al Ministerio de la Salud que sus afiliados corren un alto riesgo de ser contaminados con la Covid-19, en sus lugares de trabajo. Y esto porque no han sido equipados con las barreras recomendadas por la Organización Mundial de la Salud (OMS).

“En las investigaciones sobre Covid-19 se ha llegado a la conclusión de que existen tres tipos de pacientes: el asintomático, que no presenta los síntomas, pero se encuentra infectado; el paciente sospechoso, que presenta alguno de los síntomas, y los casos de personas confirmadas”, recuerda Contreras.

“Los enfermeros tenemos que atender por igual a todos los pacientes. Desde que la OMS declaró como pandemia la enfermedad de Covid-19, exhortó a los gobiernos de todo el mundo a invertir en los equipos de prevención”, señala.

Pasado de maduro

El régimen de Nicolás Maduro entregó en algunos centros, como el hospital Pérez Carreño, a algunos trabajadores de la salud un kit de higiene personal. Ofreció champú, crema, un jabón y un desodorante, todo de pésima calidad y mal olor, según las denuncias.

“Consideramos esta entrega, más que una ayuda, una burla para los trabajadores de la salud. Lo consideramos un proselitismo político. Se gastaron un buen dinero en colocar a estos productos etiquetas con las caras de Nicolás Maduro y Cilia Flores, cuando lo que queremos es mejores salarios para comprar nuestros propios productos”, señaló Contreras.

Bono de los 300 dólares

Hace algunas semanas, el presidente de la Asamblea Nacional (Parlamento), Juan Guaidó, ofreció conseguir un bono mensual de 100 dólares por tres meses a los trabajadores de la salud, en medio de la emergencia humanitaria venezolana.

Ese apoyo no solventará la grave situación que se atraviesa, pero sí puede ayudar en algo a la familia de los trabajadores en medio de la crisis del coronavirus, dijo Contreras.

“En total, con el nuevo aumento salarial aprobado por el gobierno, los trabajadores venezolanos estarán devengando unos 4,6 dólares. Esto no alcanza ni siquiera para pagar el pasaje hasta sus centros de trabajo. Cuando ya se afinaban los procesos para entregar el bono en dólares, el gobierno de Nicolás Maduro decide sabotear el proceso a través de internet», denunció haciendo referencia al bloqueo de la página de inscripción.

Contreras reiteró la necesidad de que las autoridades equipen a los hospitales y dejen “de criminalizar las informaciones en torno del sector salud. Algunos trabajadores han sido encarcelados por decir la verdad”, no solo sobre el coronavirus y los casos de Covid-19.

 

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