¿Qué es el fútbol venezolano?

Hay pocas ocasiones en la vida en las que se presentan contradicciones tan claras que son indiscutibles. Mientras unos se empeñan en publicitar la idiotez como virtud, otros, sin el empuje que los jugos importados proporcionan, prefieren la cautela, porque la verdad sea dicha, este fútbol nuestro es, todavía, un misterio por resolver.

¿Qué es el fútbol venezolano?

La semana que pasó no fue cualquier otra. En otras sociedades, lo acontecido en los últimos días sería materia para un enorme y profundo estudio sobre lo que somos, no ya para sacar conclusiones, sino para acercarnos a algunas causas que nos acerquen a la comprensión de las razones que justifican nuestra actualidad. Pero no soy optimista. La realidad me hace pensar que todo, como casi siempre, será barrido bajo la alfombra por quienes deben cuidar sus puestos de trabajo, los mismos que no saben construir una oración pero dan clases, y como no, por la dañina costumbre de entregarnos a dinámica de la inmediatez.
Comencemos por lo notable. La selección venezolana Sub-20 que conduce Rafael Dudamel es noticia gracias a su actuación en el mundial. El jueves, en una cena con periodistas, analistas y entrenadores, escuché grandes halagos a la actuación vinotinto. Y no es para menos. Tras tres encuentros, los criollos llegan a la ronda de octavos de final contabilizando sus partidos como victorias, sin recibir goles y mostrando una contundencia que no le conocimos en el Sudamericano.
Perdone que no le venda bondades que también describen a sus rivales y a otras versiones criollas anteriores -trabajo y efectividad no son exclusivas de este grupo y tampoco garantizan el éxito- porque lo que creo que debe alabarse es la flexibilidad del equipo y su adaptación a distintos escenarios. Vencer a Alemania, golear a Vanuatu y superar a México, comprendiendo que cada duelo exigía diferentes respuestas, explican las virtudes criollas.
Pero no todo se sustenta desde la aparición de Adalberto Peñaranda, aunque su colaboración haya sido determinante. Claro que el atacante se siente respaldado en este equipo y, además, hubo una extraordinaria preparación para esta competencia. Limitar el estudio a estos valores quitaría mérito a muchos otros factores, entre los que está la capacidad del cuerpo técnico para ir variando el plan según las emergencias inmediatas. Insisto, cualquier análisis debe contener esta virtud que menciono, la de adecuarse a las situaciones, porque sin ella no hay posibilidades de triunfo.
Por el otro carril camina el fútbol criollo, el de los fines de semana. El mismo de los escándalos de ayer, hoy y siempre.
Terminada la ronda regular se abrió la compuerta y reaparecieron las miserias de toda la vida. Perdone que no respete el orden cronológico, pero es lo que menos interesa.
En un costado de la imagen están algunos futbolistas de Trujillanos, entre los que se cuenta el veterano Orlando Cordero, acusando a algunos de sus colegas de participar en el amaño de partidos.
 

Semejante denuncia no puede quedarse en el ámbito del deporte sino que debe llamar la atención de los organismos del Estado, como sucedió en episodios similares en el balompié de Italia o Alemania, por mencionar sólo dos ejemplos.
Ahora bien, tampoco debería sorprendernos que esto, en caso de que se demuestre, suceda; el mundo del fútbol hace tiempo permitió que las casas de apuestas entraran de lleno en él, acción que, dicho en criollo, era una invitación al demonio a comer en casa. Mientras más se acerca el ser humano a las tentaciones, menor es la resistencia a las mismas.
Llegados a este punto, cualquiera de los lectores, amparado en la legalidad que arropa a los juegos de azar, podría esgrimir que la sola existencia de esta actividad no constituye un delito, y que el deportista está obligado a comprender el riesgo que asume cuando se entrega a los brazos del envite. Pero no olvidemos que, desde que el hombre es hombre, el debate que más horas consume en las vidas de los grandes pensadores, tiene que ver justamente con las debilidades del espíritu.Tanto publicitar el juego de las apuestas como una manera de hacerse rico sin esfuerzo iba a traer consecuencias de este tipo.
Por ahora el público apunta a futbolistas, pero, y sin intención de generar sospechas sino de recordar que todo es posible, ¿por qué nos olvidamos de entrenadores o dirigentes? La ludopatía es un trastorno que no distingue oficios y afecta a cualquiera.
Como si fuera poco, en el mismo período de tiempo, y para completar el cuadro de terror, aparecieron capítulos de alineaciones indebidas, tardías resoluciones del Consejo de Honor -¿alguien recuerda la promesa hecha por la FVF de ayudar a ese tribunal a que pudiese dictar sentencias rápidamente?-, insultos públicos de dirigentes a periodistas, episodios de violencia en el pospuesto partido entre Aragua y Carabobo, y, como si fuera poco, un nueva y bochornosa muestra de desprecio por la realidad del país. Me refiero al partido entre Caracas FC y Deportivo Anzoátegui.
Para el mismo, los jugadores del equipo oriental debieron rentar hasta siete taxis para poder llegar al estadio, ya que las protestas que desde hace más de un mes se viven en Venezuela, y que tienen como saldo más de cincuenta asesinados, impedían ejecutar la normal logística de traslado al campo de juego.  


Sin embargo, no contentas con esta demostración de insensibilidad y parcialidad político-partidista, la Federación Venezolana de Fútbol y la Asociación de Clubes Profesionales del Fútbol Venezolano, obligaron a los futbolistas de ambos conjuntos a jugar el segundo tiempo, sin importarles que el estadio había sido «secuestrado» por los gases lacrimógenos que las autoridades disparaban contra los manifestantes, a escasas cuadras del campo de juego.
Los jugadores, sus familiares y el escaso público que asistió, fueron afectados por el «gas del bueno», pero, ya lo sabe el lector, la FVF y la Asociación Futve necesitan hacerle creer a alguien que todo está normal. Mire usted si en estos tiempos de redes sociales e inmediatez se puede vender semejante pescado podrido.


Llegados a este punto podría concluirse que son muchos los detonantes para un profundo proceso de reflexión: ¿qué es el fútbol venezolano y cuál fútbol venezolano queremos?
No me refiero al que tenemos, porque ese es definido por la acumulación de contradicciones que antes mencionaba, y que bien podría identificarse en dos extremos: la bonanza vinotinto y la pobreza del fútbol local. Lo mismo podría servir para comenzar a entender la primera pregunta: este es el fútbol venezolano, el de las enormes contradicciones, aquel que protege a las selecciones porque ellas son la gallina de los huevos de oro, pero al mismo tiempo deja, casi a la buena de Dios, a los torneos en los que se forman los próximos talentos que harán vida en los equipos nacionales.
El origen de esto nos ha debido quedar claro hace mucho tiempo: la Vinotinto convoca el interés de muchos, mientras que los torneos locales tienen a los mismos dolientes de siempre. Esto no ha cambiado, a pesar de la llegada de nuevos capitales, nuevos discursos y más humo. Sí, el humo, esas mentiras que algunos promocionan para cobrar su quince y último y que, sin mayor éxito que hacer notorios, que no notables, a sus creadores, dejan en evidencia que la intención de estos mercaderes no es «trabajar por el fútbol venezolano» sino ocupar espacios que de ninguna otra manera habitarían.
En cuanto al fútbol venezolano que aspiramos, allí no me queda claro que exista una visión, un camino o una estrategia, ni siquiera un consenso. Por un lado están los oportunistas de ayer y de hoy conviviendo para seguir viviendo del fútbol, y por otro, un grupo muy reducido que sueña y pretende un fútbol mejor, o por lo menos uno que sea decente. Un fútbol de equipos con directores de metodología, con nutricionistas, con entrenadores bien preparados y mejor remunerados, con educadores y con paciencia. Un fútbol que comprenda que para ser negocio primero debe ser formador de ciudadanos y defensor de valores, para que lo vivido esta semana no se repita, y con la intención de que los éxitos de la Vinotinto Sub-20 sean la norma y no la excepción. Pero me parece que no transitamos ese camino.
Perdone que no le venda ilusiones ni espejitos, pero si ni siquiera sabemos qué es este fútbol, mucho menos podremos adecentarlo. Lo que está claro es que mientras se ganen partidos, esta miseria se convertirá en polvo para luego ser barrido debajo de la alfombra. Así estamos, disfrutando del árbol que tapa el bosque, sin reparar que, quien sabe cuando, tanto polvo nos tapará y ya ni al árbol podremos disfrutar.]]>

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