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“¿Qué importa, si es un esclavo?”

Muchas personas dicen que estudiar historia es un fastidio. Otras muchas lo consideran una pérdida de tiempo. Pero el conocimiento de la historia es lo que nos permite conocer, anticipar y hasta resolver situaciones en el presente y evitarlas en el futuro. Los pueblos que no conocen de historia están condenados a repetir los errores una y otra vez.  

“¿Qué importa, si es un esclavo?”

Uno de los temas más crueles, vergonzosos y duros de la Humanidad es la esclavitud. El Imperio Romano pudo sostenerse tantos siglos gracias a que existían los esclavos. Fuentes serias aseguran que más de un tercio de la población en los predios del Imperio, era esclava. Si los romanos hubieran tenido que pagar esa mano de obra, no hubieran podido ni expandirse tanto, ni durado tanto. Los esclavos se encargaban de todo, desde la agricultura hasta la minería, pasando por todos los oficios domésticos y tareas artesanales. Y por ese motivo los romanos manejaron con mano dura la institución. Que se le rebelaran los esclavos era algo que no podían permitirse. En Pompeya encontraron varios ergastulum, que eran recintos donde se encadenaba a los esclavos rebeldes mientras no estuvieran trabajando.
Cuando Espartaco, un gladiador del siglo I AC, se levantó para apoyar la libertad de los esclavos, llegó a organizar un ejército de entre 80.000 y 120.000 personas que en varias oportunidades logró vencer al ejército romano. Pero como ha sucedido tantas veces, fueron traicionados y vencidos en Lucana. Relatan las crónicas que alrededor de diez mil esclavos de los capturados fueron crucificados a lo largo de la Vía Apia como castigo ejemplarizante.  
El Imperio Romano cayó en el año 476 DC, pero la esclavitud no. De hecho, continúa hasta nuestros días. Esos regímenes que se autodenominan socialistas y que subyugan a sus habitantes para dominarlos, se mantienen gracias a una suerte de esclavitud moderna. Hace unos días conversaba con mi amigo Odoardo Poggioli, quien a sus 93 años sigue siendo un faro de lucidez, y me contó que Stalin, uno de los mayores asesinos de la historia, decía que “si quieres dominar a un pueblo, controla lo que come”. ¿Les suena conocido, verdad?… Odoardo fue más allá: me contó una anécdota que se le atribuye al crápula soviético y que encontré magistralmente relatada por José Luis Valdés Ugalde[1] en su blog:  
“Dícese de Josef Stalin que en una de sus reuniones mandó pedir una gallina. En cuanto se la trajeron la tomó del cogote con una mano y con la otra empezó a desplumarla… La gallina, desesperada por el dolor, intentó liberarse sin éxito. Stalin la tenía fuertemente sujetada. Al final, la gallina quedó por completo desplumada.  
Después de esto, se dirigió a sus ayudantes y les dijo: “Ahora queden atentos a lo que va a suceder”. Stalin puso a la gallina en el piso y empezó a caminar, al tiempo que le arrojaba granos de trigo. La gallina, adolorida y sangrante a más no poder, perseguía a Stalin e intentaba repetidamente agarrar su pantalón, mientras éste continuaba tirándole el trigo.  
 
El caso es que la gallina no paraba de perseguirlo. Ante la asombrada reacción de sus colaboradores, cuenta la anécdota, Stalin les dice: “Así de fácil se gobierna a los estúpidos. ¿Vieron cómo me persiguió la gallina? Así es la mayoría de los pueblos: persiguen a su gobernantes y políticos, a pesar de la humillación y el dolor que aquellos les causan, a cambio de dádivas”. 

No tengo que añadir más nada…

En el Imperio Romano, la vida de los esclavos no valía nada. “¿Qué importa, si es un esclavo?” habrán pensado muchos.  O tal vez ni siquiera lo pensaron. Si la vida de un esclavo no valía nada, no había nada que pensar.
Termino pensando en aquellos que cada día son asesinados en Venezuela.  Unos por balas, otros por hambre, otros por falta de medicamentos. Pienso también en quienes nos tienen así. Estamos en el siglo XXI, pero la esclavitud es la misma, la indiferencia es la misma, la crueldad… ¡la de siempre! Que 2018 sea el año de la liberación.]]>

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